DANDO INFINITAS GRACIAS AL CREADOR

DANDO INFINITAS GRACIAS AL CREADOR DE CIELO Y TIERRA POR ESTA POSIBILIDAD DE COMUNICACIÓN E INFORMACIÓN.-

EN ESTE BLOG PRESENTAREMOS LAS NOTICIAS Y SUCESOS DEL NUESTRO MUNDO, BUSCANDO CON SABIDURÍA LA VERDAD, PARA CREAR EN NOSOTROS UN EQUILIBRIO Y UN HACER EN JUSTICIA.-

miércoles, 4 de noviembre de 2026

Paraguay CORRALITO

 SSsSaSantiago Peña, presidente y banquero de Paraguay, trabajó arduamente desde 2017 para que el fondo de pensiones no estuviera en manos de la Caja de Jubilados. Cuando fue presidente en 2023 consiguió hacer una ley sobre el tema y luego consiguió que el dinero de las pensiones se fuera el banco UENO del cual era accionista. En 2024, después de que el banco recibiera los fondos de pensión, vendió sus acciones, y un año y medio después el bando se declaró en quiebra por falta de solvencia: no tenía dinero. ¿Dónde está el dinero? Ops!!! Nadie lo sabe.

Estamos en escuelaconcreta.net Deja tu LIKE, comenta y comparte el contenido, mira que el algoritmo me ha bloqueado de una manera brutal. Optimismo o muerte!


Santiago Peña, presidente y banquero de Paraguay, trabajó arduamente desde 2017 po de pensiones no e

El costo de atreverse a ser libre: la historia de Haití que los poderosos ocultan y manipulan

 

El costo de atreverse a ser libre: la historia de Haití que los poderosos ocultan y manipulan

MastodonTelegramWhatsAppX

El ocultamiento no requiere borrar cada documento, pues basta con narrar la pobreza sin mencionar a sus acreedores y presentar las intervenciones como auxilio, omitiendo sus intereses.


Por Rafael Méndez

NOTA DEL AUTOR: Este es el primero de una serie de artículos sobre el costo que pagan los pueblos por atreverse a ser libres, a partir de la historia de Haití y de las responsabilidades que los poderosos han procurado ocultar o desdibujar. La serie examinará cómo el castigo impuesto a la emancipación haitiana constituye un antecedente de los mecanismos de coerción económica y financiera utilizados contra países que desafían a las potencias dominantes, así como el papel de la manipulación informativa, amplificada hoy por las tecnologías digitales. Desde esa perspectiva, abordaremos las experiencias de Cuba, Venezuela, Irán y Rusia, atendiendo a sus diferencias históricas y a las particularidades de las sanciones, los bloqueos y las campañas mediáticas dirigidas contra ellos.

 

Haití conquistó su libertad, pero tuvo que pagar a quienes se la habían negado, de modo que una de las mayores hazañas emancipadoras de la humanidad terminó sometida a una exigencia monstruosa: compensar a los antiguos colonos por las pérdidas ocasionadas por la independencia. Ahí comienza una explicación indispensable de su empobrecimiento, aunque los relatos sobre el fracaso haitiano suelen pasar de la rebelión de los esclavizados a la miseria, dejando fuera a quienes cobraron por reconocer su libertad.

Por eso, cuando se presenta a Haití como un pueblo incapaz de gobernarse, corresponde preguntar cuánto de esa supuesta incapacidad fue construido mediante amenazas, endeudamiento e intervenciones, porque describir las consecuencias sin examinar sus causas convierte la historia en coartada. La tesis que aquí sostengo es que el precio impuesto a la emancipación contribuyó a debilitar al país que después sería señalado por su debilidad, mientras sus acreedores preservaban sus ganancias y sus potencias tutelares proclamaban propósitos civilizadores.

Desde esa perspectiva, Haití parece no haber tenido «paz entre las pestañas», tomando prestada la expresión con que Pedro Mir retrató el sufrimiento campesino dominicano en Hay un país en el mundo. Sin embargo, esa imagen debe conducirnos hacia responsabilidades identificables, porque atribuir las desgracias haitianas a una maldición, a su cultura o al color de su población permite eludir las decisiones políticas y económicas que restringieron sus posibilidades de desarrollo.

La libertad que los antiguos amos pusieron a cobrar

Para comprender ese recorrido conviene precisar que, mediante el Tratado de Basilea, firmado el 22 de julio de 1795, España cedió a Francia la parte oriental de la isla de Santo Domingo, pues la occidental ya era colonia francesa. Aquel acuerdo muestra cómo las potencias negociaban territorios y poblaciones desde Europa, mientras en Saint-Domingue, desde 1791, una rebelión de personas esclavizadas venía disputando en el terreno lo que ningún tratado colonial estaba dispuesto a reconocerles: el derecho a ser libres.

Cuando Jean-Jacques Dessalines proclamó la independencia el primero de enero de 1804, culminó la revolución que dio origen a la primera república negra del mundo, después de que Toussaint Louverture hubiera desempeñado un papel decisivo en la lucha. Su trascendencia desbordaba el territorio liberado, porque demostraba que quienes eran tratados como propiedad podían derrotar al poder colonial y fundar un Estado, una posibilidad que inquietaba a sociedades cuyos dirigentes todavía poseían esclavos.

El contubernio de los poderosos

Al conquistar su independencia, Haití heredó las tierras y los conocimientos agrícolas de una colonia extraordinariamente lucrativa, aunque también una infraestructura devastada por la guerra y una economía organizada alrededor de la explotación esclavista, de modo que su desafío consistía en reconstruir la producción bajo condiciones de libertad. Sin embargo, las potencias que habían obtenido beneficios de aquel sistema se resistieron a reconocer al nuevo Estado, mientras Francia procuraba cerrarle mercados y mantener abierta la amenaza de reconquista.

En ese contexto, Estados Unidos prohibió el comercio con Haití en 1806, mientras agentes franceses consiguieron restricciones en colonias neerlandesas y danesas, aunque sin eliminar los intercambios clandestinos; por su parte, Gran Bretaña combinó la negativa al reconocimiento diplomático con un comercio favorable a sus intereses. Así, entre prohibiciones, presiones y aprovechamiento mercantil, Haití tuvo que negociar su supervivencia en condiciones desiguales, mientras el reconocimiento estadounidense de su independencia no llegaría hasta 1862.

A esas dificultades se añadió la indemnización que Francia impuso en 1825, bajo la amenaza de una escuadra: 150 millones de francos, posteriormente reducidos a 90 millones, destinados a compensar a los antiguos colonos. De manera que quienes habían sufrido la esclavitud y sus descendientes quedaron obligados a financiar las reclamaciones de quienes se habían beneficiado de ella, mientras los préstamos contratados para cumplir aquella exigencia añadían intereses y nuevas dependencias, desviando recursos indispensables para atender las necesidades nacionales.

Entretanto, la distribución de tierras impulsada por Pétion y la resistencia campesina a regresar a las plantaciones favorecieron una agricultura de pequeñas propiedades, que representaba también una conquista de autonomía, aunque su posterior fragmentación y la falta de inversión limitaron sus posibilidades productivas. A ello se sumaron las concesiones y exportaciones de madera destinadas a obtener ingresos para pagar la deuda, junto al desmonte agrícola y, posteriormente, la demanda de combustible, procesos que agravaron la erosión y debilitaron las bases del desarrollo.

Del cobro colonial a la tutela extranjera

Más adelante, la intervención estadounidense hizo visible otra forma de subordinación, cuando en diciembre de 1914 fuerzas norteamericanas trasladaron a Nueva York 500,000 dólares en oro desde el banco nacional haitiano, invocando su protección. Al año siguiente comenzó una ocupación militar que se prolongó hasta 1934 e incluyó control financiero e imposiciones políticas, por lo que la potencia que decía llevar estabilidad también restringía la capacidad del pueblo haitiano para decidir sobre sus instituciones y sus recursos.

Ahora bien, reconocer esa responsabilidad externa exige también examinar a los gobernantes y grupos privilegiados haitianos que han reprimido a su población, depredado recursos o subordinado el interés colectivo a su permanencia en el poder. La injerencia extranjera y la responsabilidad interna pueden alimentarse mutuamente, de manera que reivindicar al pueblo haitiano supone cuestionar tanto a quienes lo someten desde fuera como a quienes, desde dentro, convierten su sufrimiento en oportunidad de enriquecimiento y dominación.

Por eso, el ocultamiento no requiere borrar cada documento, pues basta con narrar la pobreza sin mencionar a sus acreedores y presentar las intervenciones como auxilio, omitiendo sus intereses. Incluso la Presidencia francesa reconoció, en una declaración del 17 de abril de 2025, que aquella indemnización puso precio a la libertad haitiana; sin embargo, admitir la injusticia abre una pregunta que la memoria por sí sola no resuelve: qué responsabilidades y medidas reparadoras deben derivarse de ese reconocimiento.

En consecuencia, devolverle a Haití su historia significa reconocer su contribución a la libertad humana y defender su derecho a construir instituciones propias, con cooperación respetuosa y rendición de cuentas. Para nosotros, los dominicanos, esa comprensión puede convivir con la defensa de nuestra soberanía, porque compartir una isla no obliga a renunciar a derechos nacionales ni autoriza a despreciar al vecino. Haití merece dejar de pagar por haberse atrevido a ser libre.

 

* Imagen: «Creation of the Haitian Flag» (La creación de la bandera de Haití), obra del artista haitiano-estadounidense Ulrick Jean-Pierre.


https://kaosenlared.net/el-costo-de-atreverse-a-ser-libre-la-historia-de-haiti-que-los-poderosos-ocultan-y-manipulan/

InicioInternacionalRevés para Trump: Demócratas recuperan el Congreso en unas elecciones marcadas por el malestar socia

 

Revés para Trump: Demócratas recuperan el Congreso en unas elecciones marcadas por el malestar social

Donald Trump ha sufrido un fuerte golpe político en las elecciones legislativas celebradas este martes 3 de noviembre en Estados Unidos. Según las proyecciones de ABC News, los demócratas han conquistado las mayorías necesarias para recuperar la Cámara de Representantes y el Senado, alterando el equilibrio de poder para los dos últimos años de su mandato.

El avance opositor ha alcanzado territorios tradicionalmente republicanos. Agencias proyectan victorias demócratas en las elecciones al Senado de Texas, Kansas, Iowa, Ohio y Carolina del Sur. Entre ellas destacan las de James Talarico en Texas y Sherrod Brown en Ohio, dos resultados que reflejan la amplitud territorial del retroceso republicano.

El malestar económico aparece como uno de los factores centrales de la jornada. Según los sondeos a pie de urna recogidos por Reuters, cerca de nueve de cada diez votantes señalaron el coste de la vida como un elemento importante o decisivo en su voto. Casi dos tercios responsabilizaron a Trump de los elevados precios. Las dificultades para afrontar los gastos cotidianos pesaron más que los mensajes republicanos centrados en las guerras culturales.

La insatisfacción también se extiende al rumbo político del país. Tres cuartas partes de las personas encuestadas se declararon enfadadas o descontentas con la situación estadounidense, y un 70 % reclamó mayores contrapesos del Congreso frente al presidente.

Trump reaccionó intentando desvincularse de la derrota. En su plataforma Truth Social aseguró que los republicanos habrían ganado ampliamente si él hubiera figurado en las papeletas. Posteriormente manifestó que aceptaba los resultados y que estaba dispuesto a trabajar con los demócratas. En una entrevista con Fox News también relacionó parte del castigo electoral con las consecuencias de la guerra con Irán sobre el precio de la gasolina.

La nueva composición del Congreso tendrá efectos a partir de enero. La mayoría demócrata podrá abrir investigaciones sobre la administración y condicionar la aprobación de leyes. El control del Senado permitirá, además, bloquear nombramientos presidenciales. Trump afrontará así el tramo final de su mandato con una oposición que dispondrá de instrumentos institucionales para fiscalizar y obstaculizar su actuación.

El resultado coloca también una exigencia sobre los vencedores: responder al malestar material que ha impulsado su avance. Esa capacidad estará condicionada por un presidente que conserva el poder de veto y por una convivencia institucional que anticipa fuertes disputas sobre las medidas económicas y sociales.

https://kaosenlared.net/reves-para-trump-democratas-recuperan-el-congreso-en-unas-elecciones-marcadas-por-el-malestar-social/

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Visión general creada por IA
El poder de veto presidencial de Estados Unidos es la facultad constitucional que le permite al presidente rechazar un proyecto de ley aprobado por el Congreso para impedir que se convierta en ley. [1, 2]


  • Plazo de revisión: Una vez que el Congreso aprueba una ley, el presidente tiene 10 días (sin contar domingos) para firmarla o rechazarla. Si no hace nada y el Congreso está en sesión, el proyecto se convierte en ley automáticamente. [1, 2]
  • Veto ordinario: Ocurre cuando el presidente devuelve el proyecto de ley sin su firma a la cámara de origen junto con sus objeciones. [1, 2, 3]
  • Límite o contrapeso del Congreso: El poder de veto no es absoluto. El Congreso puede anularlo y aprobar la ley sin la firma presidencial si consigue una mayoría de dos votos de cada tres (dos tercios) tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado. [1, 2, 3]
El contexto de Donald Trump
  • Estrategia ante un Congreso opositor: Donald Trump ha señalado que utilizará este recurso como su principal herramienta de presión o "poder supremo" frente a iniciativas legislativas impulsadas por la oposición (como una mayoría demócrata en el Congreso). [1, 2, 3]
  • Riesgo de bloqueo: Al recurrir masivamente a los vetos, se puede generar un estancamiento político ("gobierno dividido" o "pato cojo") donde el presidente frena las leyes que no le agradan, obligando a negociar acuerdos bipartidistas

Trump a Bukele: «¡Haz en Haití lo que tengas que hacer!»

 

Trump a Bukele: «¡Haz en Haití lo que tengas que hacer!»

3
0

 

Haití, dos siglos de intervenciones extranjeras: de los golpes contra Aristide al nuevo papel de Bukele como aliado militar de Trump



Haití fue el primer país donde los esclavos derrotaron al Ejército de Napoleón y conquistaron no solo su libertad personal sino también su independencia como país. Más de dos siglos después, aquella revolución victoriosa contrasta con una historia de ocupaciones extranjeras, golpes de Estado y gobiernos derrocados. Ahora, Donald Trump ha dado un explícito respaldo el despliegue militar de Nayib Bukele en una nueva intervención que reabre nuevas preguntas sobre el papel de Washington en el Caribe.

    ¿Por qué un país que protagonizó la primera revolución de esclavos victoriosa de la historia ha terminado convertido en escenario recurrente de ocupaciones, golpes de Estado e intervenciones extranjeras? La entrada de miles de soldados salvadoreños, respaldada expresamente por Donald Trump, constituye el último episodio de una historia en la que Estados Unidos ha desempeñado un papel determinante.

La intervención militar ordenada por Nayib Bukele en Haití, con el respaldo explícito del presidente estadounidense Donald Trump, difícilmente puede comprenderse si se presenta como una respuesta aislada a la desaparición de cuatro militares salvadoreños. Detrás de la actual crisis haitiana existe una larga historia de dominación colonial, endeudamiento impuesto, dictaduras sostenidas desde el exterior e intervenciones militares que han condicionado profundamente el desarrollo político y económico del país.

La reciente investigación del periódico estadounidense Axios, según la cual Bukele consultó personalmente a Trump antes de desplegar miles de soldados, introduce un elemento especialmente significativo: la posibilidad de que Washington esté utilizando a uno de sus principales aliados latinoamericanos para intervenir en el Caribe sin comprometer directamente a sus propias fuerzas armadas.

Una revolución que las grandes  potencias nunca perdonaron

 Haití nació como Estado independiente el 1 de enero de 1804, después de una revolución protagonizada por esclavos africanos que derrotaron al ejército de Napoleón. Fue un acontecimiento extraordinario: una sociedad colonial basada en la esclavitud consiguió destruir ese régimen y fundar una república independiente.

Pero aquella victoria representaba una amenaza para las potencias esclavistas. Francia exigió en 1825 una indemnización de 150 millones de francos a cambio de reconocer su independencia. Es decir, los antiguos esclavos y sus descendientes debían compensar económicamente a quienes habían sido sus propietarios.

Para afrontar esos pagos, Haití contrajo préstamos con bancos franceses, entrando en un círculo de endeudamiento que hipotecó sus recursos públicos durante generaciones.

Una investigación publicada en 2022 por The New York Times, basada en documentos históricos y análisis económicos, calculó que Haití desembolsó aproximadamente 560 millones de dólares actuales por aquella deuda y sus costes asociados. El periódico estimó que las pérdidas acumuladas para su economía pudieron alcanzar los 21.000 millones de dólares.

   Estados Unidos, por su parte, se negó a reconocer la independencia haitiana hasta 1862, cuando la esclavitud todavía dividía profundamente a la sociedad estadounidense.

Estados Unidos ocupa Haití durante diecinueve años

La intervención militar estadounidense más prolongada comenzó en julio de 1915.  Tras el asesinato del presidente haitiano Vilbrun Guillaume Sam, el Gobierno de Woodrow Wilson desembarcó tropas de infantería de marina y estableció una ocupación que duraría hasta 1934.

Washington justificó su actuación entonces por la necesidad de restablecer el orden y evitar que otras potencias, especialmente Alemania, adquirieran influencia sobre el territorio. Durante esos diecinueve años, Estados Unidos controló las aduanas, intervino las finanzas públicas, reorganizó las instituciones y supervisó el aparato militar haitiano.

La ocupación permitió construir determinadas infraestructuras, pero también impuso mecanismos de control político y económico que provocaron una importante resistencia popular. El propio Departamento de Estado estadounidense reconoce en su documentación histórica que Washington llevaba décadas considerando Haití un territorio estratégico para sus intereses navales y comerciales en el Caribe. La soberanía haitiana quedó subordinada, durante casi dos décadas, a las prioridades de una potencia extranjera.

De la dictadura de los Duvalier al ascenso de Aristide

La retirada estadounidense de 1934 no puso fin a las injerencias exteriores. En 1957 llegó al poder François Duvalier, conocido como Papa Doc, que estableció una dictadura basada en la represión y en una milicia paramilitar, los temidos Tonton Macoutes.

Tras su muerte, en 1971, fue sucedido por su hijo Jean-Claude Duvalier, Baby Doc. Entre ambos gobernaron Haití durante casi veintinueve años. Washington mantuvo relaciones y proporcionó respaldo a estos gobiernos, particularmente en el contexto de la Guerra Fría. La prioridad estratégica estadounidense era impedir la aparición de otro régimen revolucionario en el Caribe después del triunfo de la Revolución cubana.

La dictadura terminó en 1986, cuando una movilización popular obligó a Jean-Claude Duvalier a abandonar el país. Cuatro años después, en diciembre de 1990, Jean-Bertrand Aristide, sacerdote vinculado a los movimientos populares y defensor de reformas sociales, ganó las primeras elecciones presidenciales ampliamente reconocidas como libres en la historia haitiana. Su gobierno apenas pudo sobrevivir siete meses. En septiembre de 1991, un golpe militar lo derrocó y abrió un período de represión contra sus partidarios.

Aristide: Un presidente al que derrocaron   dos veces

La trayectoria de Aristide constituye uno de los mejores ejemplos de las contradicciones de la política estadounidense hacia Haití. Tras el golpe de 1991, Washington terminó apoyando su restitución. En septiembre de 1994, el presidente Bill Clinton envió una fuerza militar encabezada por Estados Unidos que permitió el regreso de Aristide al poder.

Sin embargo, el mandatario recuperó la presidencia bajo importantes condicionamientos políticos y económicos. Su gobierno debió afrontar presiones para aplicar políticas de liberalización económica, mientras el país seguía dependiendo de la financiación exterior.

Aristide volvió a la presidencia en 2001, después de unas elecciones cuestionadas por la oposición. Tres años después, una rebelión armada, acompañada de una profunda crisis política, precipitó nuevamente su caída. El 29 de febrero de 2004 fue trasladado fuera del país en un avión facilitado por Estados Unidos.

Aristide denunció que había sido obligado a abandonar Haití por agentes estadounidenses y calificó su salida como un secuestro y un golpe de Estado. La Administración de George W. Bush negó tajantemente esa acusación y sostuvo que el presidente había renunciado voluntariamente.

Pero Los Angeles Times, The Washington Post y Associated Press documentaron entonces las circunstancias controvertidas de su salida y las presiones ejercidas sobre el mandatario. La controversia nunca quedó completamente despejada: Aristide insistió en que fue expulsado, mientras Washington rechazó esa versión.

Las misiones internacionales que no consiguieron estabilizar el país

Después de la salida de Aristide, tropas estadounidenses y francesas participaron en una fuerza multinacional que precedió al despliegue de la Misión de Estabilización de Naciones Unidas en Haití, conocida como MINUSTAH.

Esta misión permaneció desde 2004 hasta 2017. Durante aquellos años, Haití sufrió también el devastador terremoto de enero de 2010, que destruyó buena parte de Puerto Príncipe y agravó extraordinariamente la precariedad de sus instituciones.

La presencia internacional no consiguió establecer unas estructuras estatales suficientemente sólidas para impedir nuevas crisis. Además, la propia MINUSTAH quedó marcada por graves controversias, especialmente la introducción del cólera en el país, atribuida a personal de Naciones Unidas.

Tras su retirada, las misiones internacionales fueron sustituidas por otros mecanismos de asistencia y seguridad, mientras las organizaciones criminales aumentaban progresivamente su influencia territorial.  El resultado es una sucesión de intervenciones extranjeras que, pese a sus diferentes mandatos y objetivos declarados, no han logrado garantizar una estabilidad política duradera.

El asesinato de Jovenel Moïse: Las responsabilidades todavía discutidas

La crisis política adquirió una nueva dimensión el 7 de julio de 2021, cuando el presidente Jovenel Moïse fue asesinado en su residencia por un comando integrado mayoritariamente por ciudadanos colombianos.  Su esposa, Martine Moïse, resultó herida. Las investigaciones descubrieron conexiones con empresarios, intermediarios y compañías de seguridad establecidas en Florida.

En mayo de 2026, un tribunal federal de Miami declaró culpables a cuatro participantes en la conspiración: Arcangel Pretel Ortiz, Antonio Intriago, Walter Veintemilla y James Solages. Según la Fiscalía estadounidense, los conspiradores pretendían apartar a Moïse del poder, instalar un gobierno favorable a sus intereses y obtener beneficios económicos.

Otros implicados ya habían reconocido su participación, mientras los procedimientos judiciales desarrollados en Haití continuaban enfrentando numerosas dificultades. Por tanto, el asesinato no permanece completamente impune ni sus autores materiales son totalmente desconocidos. Lo que continúa abierto es el esclarecimiento integral de las responsabilidades, las conexiones entre todos los participantes y los intereses políticos y económicos implicados en la operación.

La muerte de Moïse dejó un vacío institucional que contribuyó a acelerar la expansión de los grupos armados.

Trump y Bukele: Una nueva fórmula de intervención regional

Sobre este trasfondo histórico se produce ahora la entrada masiva de tropas salvadoreñas.  La desaparición de cuatro técnicos militares de El Salvador, atacados el 18 de octubre por grupos armados haitianos, sirvió de detonante para una operación que, según Reuters, ya había movilizado aproximadamente 2.000 soldados el 29 de octubre. Pero las investigaciones de Axios revelan que la intervención puede tener implicaciones mucho mayores.

Según el periódico, Bukele había propuesto anteriormente que El Salvador asumiera la pacificación de Haití como fuerza interpuesta de Estados Unidos. El secretario de Estado, Marco Rubio, se habría mostrado contrario a esa fórmula.

La información estadounidense señala también la presencia de Vectus Global, empresa militar privada dirigida por Erik Prince, fundador de Blackwater. La coincidencia de tropas salvadoreñas, contratistas privados estadounidenses y respaldo presidencial de Washington permite plantear una hipótesis: que la Administración Trump esté explorando mecanismos de intervención mediante gobiernos aliados, reduciendo los costes políticos y militares de una participación directa.

No obstante, todavía no está demostrado que Washington dirija operativamente el despliegue salvadoreño. La operación cuenta, además, con el consentimiento del Gobierno haitiano, aunque ese respaldo no elimina el debate sobre sus consecuencias para la soberanía del país. La relación entre Trump y Bukele, fortalecida previamente mediante acuerdos migratorios y de seguridad, ofrece ahora un nuevo escenario de cooperación militar.

En una región donde Estados Unidos ha intervenido reiteradamente para defender sus intereses estratégicos, la posibilidad de utilizar gobiernos aliados como ejecutores de determinadas operaciones constituye una cuestión que merece especial seguimiento.

Y las declaraciones del propio Trump, realizadas este 31 de octubre en Mar-a-Lago, permiten comprobar hasta dónde llega, por ahora, su respaldo político.

Al ser preguntado por su conversación con Bukele, el presidente estadounidense respondió:

     «Sí, hablé con él. Me dijo que tenía un gran problema con Haití. Le dije: “Mira, tú diriges tu país. Tienes que hacer lo que tengas que hacer”. Tenía un gran problema con Haití. Mataron a algunos de los suyos. Y le dije: “Tú diriges tu país, tienes que hacer lo que tengas que hacer”».

Esta es la traduccion de las declaraciones de Donald Trump el 31 de octubre de 2026, según la transcripción publicada por Roll Call. La afirmación sobre los militares muertos procede de Trump; su fallecimiento no estaba confirmado.

 

Fuentes Documentales

Actualidad: Trump, Bukele y Haití

  • Axios (30/10/2026): Consulta de Bukele a Trump, envío de tropas y discrepancias con Marco Rubio. Leer.

  • Reuters (29/10/2026): Despliegue militar salvadoreño y operaciones contra las pandillas. Leer.

  • Roll Call (31/10/2026): Transcripción literal de las declaraciones de Trump sobre Bukele. Leer.

  • Departamento de Justicia de EE. UU. (08/05/2026): Condena de cuatro implicados en el asesinato de Jovenel Moïse. Leer.

Antecedentes históricos

  • Departamento de Estado de EE. UU.: Invasión y ocupación estadounidense de Haití, 1915-1934. Leer.

  • Departamento de Estado de EE. UU.: Independencia haitiana y reconocimiento diplomático estadounidense en 1862. Leer.

  • The New York Times (2022): Investigación sobre la deuda impuesta por Francia y sus consecuencias económicas. Leer.

  • Naciones Unidas (2016): Informe sobre el cólera y la responsabilidad de la misión internacional MINUSTAH. Leer

  • https://kaosenlared.net/trump-a-bukele-haz-en-haiti-lo-que-tengas-que-hacer/

ga('create', 'UA-74734975-1', 'auto'); ga('send', 'pageview');