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martes, 12 de mayo de 2026

Palestina. Ningún imperio fue invencible: Palestina y la historia de los pueblos que resistieron lo imposible.

Por Jaldía Abubakra

Durante décadas, uno de los principales instrumentos del colonialismo y de los sistemas de dominación no ha sido únicamente la fuerza militar, sino la construcción de una mentalidad de derrota. Antes incluso de destruir ciudades, encarcelar militantes o bombardear pueblos enteros, el poder intenta convencer a los oprimidos de que resistir no tiene sentido. Que la correlación de fuerzas es demasiado desigual. Que el enemigo es demasiado poderoso. Que no hay alternativa posible salvo la rendición.

Ese discurso se repite hoy constantemente respecto a Palestina. Se nos dice que el sionismo es invencible porque posee uno de los ejércitos más sofisticados del mundo, porque cuenta con el respaldo económico, militar y diplomático de Estados Unidos y de las principales potencias occidentales, porque controla tecnología avanzada, inteligencia, fronteras, recursos y un inmenso aparato mediático internacional capaz de imponer su narrativa en gran parte del planeta.

La intención de ese discurso no es solamente describir una realidad militar. Su objetivo es mucho más profundo: destruir la esperanza política, romper la voluntad colectiva del pueblo palestino y convencer al mundo de que toda resistencia está condenada al fracaso.

Sin embargo, basta observar la historia para descubrir que ese mismo argumento ha acompañado prácticamente a todas las luchas de liberación que hoy son recordadas como ejemplos universales de dignidad y resistencia.

También parecía imposible derrotar al colonialismo francés en Argelia.

También parecía imposible que Vietnam resistiera al ejército más poderoso del planeta.

También parecía imposible acabar con el apartheid en Sud África.

También parecía imposible que los pueblos colonizados de África y Asia expulsaran a los imperios europeos.

También parecía imposible que una experiencia revolucionaria como la Comuna de París, rodeada por enemigos y aplastada militarmente en apenas 72 días, pudiera convertirse en uno de los símbolos políticos más importantes de la historia moderna.

Y, sin embargo, la historia demostró una y otra vez que la superioridad militar no garantiza la victoria histórica.

Los imperios siempre intentan presentarse como eternos. Necesitan hacerlo. Necesitan convencer a los pueblos de que resistir es inútil porque su poder es absoluto. Pero ningún imperio ha sido eterno. Ningún sistema colonial ha permanecido intacto para siempre. Ningún régimen de opresión logró eliminar completamente la voluntad de los pueblos de luchar por su dignidad y su libertad.

Todos esos sistemas disponían de ejércitos superiores, tecnología avanzada, apoyo económico y legitimidad internacional.

Y aun así enfrentaron algo que ningún imperio logra controlar completamente: la decisión de los pueblos de seguir resistiendo.

Eso no significa romantizar el sufrimiento ni ignorar el enorme costo humano que enfrentan los pueblos bajo ocupación y colonización. Significa comprender que la historia nunca avanza únicamente según el equilibrio militar del momento.

Si así fuera, gran parte de los pueblos del mundo seguirían hoy bajo dominio colonial.

Palestina forma parte de esa historia larga de resistencia humana frente a proyectos coloniales que parecían invencibles.

Y quizás ahí reside una de las cuestiones más importantes que hoy debemos comprender: la resistencia palestina no comenzó el 7 de octubre, ni surgió únicamente con las organizaciones contemporáneas de resistencia. Palestina lleva más de cien años resistiendo al colonialismo, al despojo, a la limpieza étnica y a los intentos permanentes de borrar la existencia misma del pueblo palestino.

Desde la Gran Revuelta Palestina de 1936-1939 contra el mandato británico y el proyecto colonial sionista, pasando por la Nakba de 1948, los campos de refugiados, las organizaciones revolucionarias palestinas, las intifadas populares, las huelgas de hambre de las prisioneras y prisioneros, hasta la resistencia cotidiana en Gaza y Cisjordania, Palestina ha producido múltiples formas de lucha, organización y supervivencia colectiva.

La resistencia palestina no es solamente armada. Es también cultural, popular, educativa, política, feminista, comunitaria y profundamente humana. Existe en la madre que enseña a sus hijos el nombre de la aldea destruida de la que fue expulsada su familia. Existe en quienes conservan las llaves de las casas robadas en 1948. Existe en las personas prisioneras que convierten la cárcel en escuela política. Existe en quienes siguen escribiendo, enseñando, cultivando la tierra, documentando los crímenes y organizando vida colectiva incluso bajo las bombas.

Por eso Gaza representa hoy mucho más que un territorio bajo asedio. Gaza simboliza la persistencia de un pueblo que, pese al hambre, la destrucción masiva y la violencia extrema, se niega a desaparecer.

Y precisamente ahí radica el verdadero miedo del colonialismo.

El poder colonial nunca teme únicamente las armas de los pueblos. Teme sobre todo el ejemplo político y moral que produce la resistencia.

La Comuna de Paris fue aplastada de manera brutal durante la llamada “Semana Sangrienta”. Decenas de miles de comuneros fueron ejecutados por el ejército francés. Pero el objetivo no era solamente recuperar París. El objetivo era destruir el ejemplo político de un pueblo que había demostrado que los de abajo podían organizarse, resistir y desafiar al poder establecido.

Lo mismo ocurre hoy con Palestina.

La violencia extrema ejercida contra Gaza no puede explicarse únicamente desde una lógica militar. También responde a una necesidad política y colonial de transmitir un mensaje al mundo entero: cualquier pueblo que desafíe el orden impuesto será castigado de forma ejemplarizante.

Por eso el castigo colectivo, el hambre, la destrucción sistemática de hospitales, universidades, escuelas, panaderías, infraestructuras de agua y barrios enteros forman parte de una estrategia de terror colonial dirigida no solo contra Palestina, sino contra la propia idea de resistencia.

Sin embargo, la historia demuestra algo que los imperios nunca terminan de comprender: las masacres no siempre producen obediencia. Muchas veces producen memoria, conciencia y nuevas generaciones de lucha.

Eso ocurrió en Argelia. Ocurrió en Vietnam. Ocurrió en Sudáfrica. Y ocurre hoy en Palestina.

Existe además otro patrón histórico que se repite constantemente. El colonizador siempre necesita criminalizar la resistencia de los pueblos para justificar una violencia ilimitada contra ellos.

Los resistentes argelinos fueron llamados terroristas por Francia.

Los combatientes del ANC sudafricano fueron perseguidos y criminalizados durante décadas. Nelson Mandela permaneció oficialmente en listas de “terrorismo” occidentales hasta tiempos relativamente recientes.

Vietnam fue presentado ante el mundo como una amenaza bárbara frente a la supuesta “civilización occidental”.

Incluso los comuneros de París fueron descritos como criminales salvajes, enemigos del orden y amenazas para la sociedad.

El colonialismo siempre necesita deshumanizar al pueblo que resiste. Necesita presentar al resistente como irracional, fanático o violento por naturaleza, ocultando deliberadamente las causas reales de la resistencia: la ocupación, el apartheid, el saqueo, el racismo y la colonización.

Palestina no escapa a esa lógica.

El sionismo y sus aliados intentan constantemente reducir toda forma de resistencia palestina a la categoría de “terrorismo”, negando el contexto colonial y el derecho de un pueblo ocupado a resistir el despojo y la limpieza étnica.

Pero la historia demuestra que el juicio de los imperios rara vez coincide con el juicio de los pueblos.

Muchos de quienes fueron perseguidos como “terroristas” terminaron siendo reconocidos por la historia como símbolos de liberación y dignidad humana.

Y aun así, sería un error idealizar los procesos revolucionarios o pensar que las luchas de liberación avanzan de manera lineal o perfecta. La historia real de los pueblos es mucho más compleja.

Las revoluciones y los procesos anticoloniales no siempre triunfan a la primera. Muchas veces atraviesan derrotas, retrocesos, contradicciones y nuevas etapas de reorganización. Cada experiencia deja enseñanzas, memoria política y acumulación histórica para las generaciones siguientes.

La Comuna de París fue derrotada militarmente, pero su legado político influyó durante décadas en movimientos revolucionarios de todo el mundo.

Vietnam resistió durante años antes de derrotar a Estados Unidos.

Argelia atravesó enormes sacrificios humanos antes de conquistar la independencia.

Las luchas anticoloniales africanas fueron el resultado de generaciones enteras de rebeliones, huelgas, organización clandestina y resistencia popular.

Incluso los procesos de independencia africanos muestran que las victorias nunca son completas o definitivas de manera inmediata. El fin del apartheid en Sud Africa fue una victoria histórica gigantesca contra uno de los regímenes racistas más brutales del siglo XX. Derribó la legitimidad internacional del apartheid y abrió una nueva etapa para el pueblo sudafricano.

Pero también es cierto que gran parte del poder económico continúa concentrado en manos de la vieja oligarquía y burguesía blanca vinculada históricamente al colonialismo y al capital internacional. La desigualdad estructural, el control de la tierra y muchas formas de exclusión continúan marcando la realidad sudafricana.

Eso no significa que la lucha sudafricana haya sido inútil. Significa exactamente lo contrario: las luchas de liberación son procesos largos, complejos y acumulativos. La caída de un régimen político no elimina automáticamente todas las estructuras económicas y sociales construidas durante siglos de colonialismo.

Lo mismo ocurre hoy en distintos países africanos que, tras conquistar formalmente la independencia, continúan enfrentándose a nuevas formas de dependencia económica, militar y política. En lugares como Burkina Faso y otras regiones del Sahel vemos cómo resurgen procesos populares que cuestionan nuevamente la subordinación al neocolonialismo francés y a las estructuras internacionales de dominación.

La historia demuestra que los pueblos avanzan mediante acumulación histórica. Ninguna generación comienza desde cero. Cada etapa de resistencia deja experiencias, organización, memoria y conciencia política que alimentan las luchas futuras.

Y eso es precisamente lo que representa Palestina hoy.

Después de más de un siglo de colonialismo, expulsión, ocupación, masacres, exilio, cárceles y asedio permanente, el pueblo palestino sigue existiendo. No ha abandonado su identidad nacional. No ha aceptado desaparecer. No ha renunciado a Palestina.

Y ese hecho, por sí mismo, ya constituye una derrota política para el proyecto colonial que soñaba con borrar al pueblo palestino de la historia.

La resistencia de Gaza conecta así con la memoria universal de los pueblos sitiados que decidieron no rendirse pese a la desproporción absoluta de fuerzas. Como Madrid frente al fascismo durante la Guerra Civil Española. Como el Levantamiento del Gueto de Varsovia frente al exterminio nazi. Como Argel frente al colonialismo francés. Como Vietnam frente a los bombardeos estadounidenses.

No porque todas esas experiencias sean idénticas, sino porque todas expresan una misma verdad histórica: incluso cuando un pueblo parece militarmente más débil, puede alterar profundamente el curso de la historia mediante la resistencia prolongada.

La fuerza material no es el único elemento que define el resultado de un conflicto. También cuentan la legitimidad, la capacidad de resistencia, la memoria colectiva, el arraigo popular y el desgaste político y moral del opresor.

Palestina ocupa hoy un lugar central en la conciencia política mundial porque representa una pregunta que atraviesa nuestro tiempo: ¿puede un pueblo seguir defendiendo su humanidad frente a uno de los sistemas de violencia colonial más sofisticados del planeta?

Y la respuesta palestina, desde Gaza hasta los campos de refugiados y la diáspora, sigue siendo afirmativa.

Por eso Palestina inspira a millones de personas en todo el mundo. Porque recuerda que la resistencia no nace de la garantía de victoria inmediata, sino de la negativa a aceptar la injusticia como destino.

A quienes hoy repiten que no se puede vencer al sionismo porque tiene más armas, más dinero y más aliados, la historia les responde con la memoria de todos los pueblos que fueron considerados derrotados antes de conquistar su libertad.

Palestina no está fuera de esa historia.

Palestina es hoy uno de sus nombres más vivos.

El Salvador: Sindicatos denuncian persecución y crisis en salud pública


Organizaciones sociales alertan que este deterioro del sistema público y la pérdida de soberanía sanitaria forman parte de un avance hacia la privatización, oculto tras un discurso institucional de modernidad.

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El máximo dirigente del Sindicato de trabajadores del Seguro Social Rafael Aguirre, denunció que la institución abrió un proceso de destitución en su contra por exponer la crisis que atraviesa el sistema de salud publica del país. Foto: @CCONADESA


12 de mayo de 2026 Hora: 09:26


 El máximo dirigente del Sindicato de Médicos Trabajadores del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (Simetrisss), Rafael Aguirre, declaró que enfrenta un proceso de destitución. Esta acción ocurre tras exponer la grave crisis que atraviesa el sistema de salud pública en el país centroamericano. 

Representantes gremiales, en un acto simbólico de protesta, mostraron a profesionales «amarrados y amordazados», señalando que las autoridades buscan silenciar las voces que alertan sobre la precariedad.

Aguirre precisó que la carencia de insumos básicos, como hilos de sutura, grapas quirúrgicas y medicamentos esenciales, ha provocado la postergación de citas médicas hasta por ocho meses. Esta situación compromete la vida de los pacientes, dada la ausencia de especialistas y administradores de salud en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS). 

La crisis sanitaria se agrava por denuncias de despidos masivos que afectan a más de 5.000 trabajadores, incluyendo enfermeras y técnicos, además de la renuncia de más de 370 especialistas del ISSS.

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Gremio médico de El Salvador convoca marcha contra privatización el Primero de Mayo

El Colegio Médico de El Salvador (Colmedes) y la Comisión Nacional en Defensa de la Salud (Conadesa) han calificado estas acciones como una persecución laboral sistemática que vulnera los derechos de los trabajadores.

Organizaciones sociales alertan que este deterioro del sistema público y la pérdida de soberanía sanitaria forman parte de un avance hacia la privatización, oculto tras un discurso institucional de modernidad.

En el ámbito epidemiológico, el gremio médico cuestiona el silencio del Ministerio de Salud ante el repunte de enfermedades como el sarampión, la malaria, la rubéola, las paperas y la reaparición del gusano barrenador.

Los especialistas interrogan al ente rector sobre la eficacia y disponibilidad de los lotes de vacunas, mientras el Gobierno intenta gestionar la atención mediante el uso de inteligencia artificial. Ante este panorama, los sectores sociales y sanitarios mantienen convocatorias a marchas para defender la salud pública, denunciando que la implementación de tecnología no sustituye la falta de insumos críticos ni la necesidad de condiciones laborales dignas para el personal sanitario.

Autor: teleSUR: er- RR

Fuente: Agencias

Irán refuerza su poder en Ormuz y desafía influencia de EEUU


Publicada: domingo, 10 de mayo de 2026 1:51

El politólogo Dr. Bruno Lima Rocha destaca el valor estratégico del estrecho de Ormuz y el creciente poder marítimo de la república Islámica de Irán.

Ebrahim Azizi, presidente de la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento iraní, aseguró el sábado que el estrecho de Ormuz no solo representa una vía comercial clave, sino también un elemento central en el equilibrio de poder regional. Además, afirmó que Estados Unidos fracasó en su intento de reabrir el paso marítimo.

Al respecto, el analista internacional Bruno Lima Rocha sostuvo que Irán impulsa una nueva doctrina de defensa marítima basada en la guerra asimétrica costera. Según explicó, la capacidad estratégica de Teherán ya influye directamente en la economía mundial y en la dinámica geopolítica de la región.

Fuente: HispanTV Noticias

frr/msm

Brasil: Activista Thiago Ávila denuncia torturas israelíes contra prisioneros palestinos


El brasileño propalestino acusó al Estado de Israel de cometer “crímenes de guerra” y ratificó su determinación en defensa del pueblo palestino.

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Activista propalestino Thiago Ávila fue recibido en el Aeropuerto Internacional de Guarulhos, por simpatizantes de la causa palestina. Foto: EFE.


12 de mayo de 2026 Hora: 11:09


El activista brasileño Thiago Ávila regresó a su país tras ser deportado por Israel, cuyo régimen lo mantuvo detenido durante once días por su participación en una Flotilla Global Sumud con destino a Gaza, en un contexto de creciente tensión diplomática y denuncias por violaciones al derecho internacional.

El integrante de la flotilla propalestina aterrizó el lunes once de mayo en el aeropuerto internacional de São Paulo-Guarulhos, donde fue recibido por activistas que coreaban consignas en apoyo a Palestina acompañadas de pancartas exigiendo a Brasil la ruptura de relaciones con Israel, llamó a «derrotar a Netanyahu y a Trump», a quienes calificó de «criminales de guerra».

A su llegada, el activista denunció ante los medios de comunicación que él y el activista español Abu Kashk fueron sometidos a «todo tipo de violaciones» durante su detención. Según señaló, los prisioneros palestinos recluidos en celdas contiguas padecían un trato aún peor.

En ese contexto, el brasileño propalestino acusó al Estado de Israel de cometer “crímenes de guerra” y ratificó su determinación en defensa del pueblo palestino. Ávila defendió la legalidad de las flotillas humanitarias, y advirtió que más de 50 embarcaciones se preparan para zarpar desde Türkiye con destino a Gaza. “Participaré en todas las misiones que sean necesarias», afirmó.

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Israel deporta a dos activistas que viajaban en una flotilla rumbo a Gaza, entre ellos Thiago Ávila

La flotilla más reciente, integrada por barcos procedentes de España, Francia e Italia, fue interceptada por fuerzas israelíes en aguas internacionales, tras lo cual los activistas fueron detenidos y posteriormente deportados. Entre los arrestados también se encontró el español Saif Abukeshek, quien compartió prisión con Ávila durante su detención.

Ambos activistas formaban parte de la segunda Flotilla Global Sumud, que zarpó de España el pasado 12 de abril de 2026 con el propósito de llevar ayuda humanitaria a la Franja de Gaza y quebrar el bloqueo israelí que la asfixia. Las fuerzas de ocupación interceptaron la embarcación, detuvieron a los dos activistas y los trasladaron a Palestina ocupada, mientras que más de 100 activistas que apoyaban la causa palestina fueron desviados hacia la isla de Creta.

Las autoridades israelíes mantuvieron a los activistas detenidos bajo acusaciones de «colaboración con el enemigo» y «contacto con una organización terrorista», cargos que ambos rechazaron categóricamente. Fueron puestos en libertad el pasado sábado 9 de mayo de 2026 y entregados a las autoridades de inmigración para proceder a su deportación.

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En el Aeropuerto Internacional de Guarulhos, en São Paulo, Brasil, activistas  de la causa palestina reciben a Thiago Ávila tras su liberación y deportación desde Israel. Foto: Brasil de Fato.

El activista brasileño ya había sido arrestado en dos ocasiones anteriores por acciones similares. La primera ocurrió en junio de 2025, cuando navegaba hacia Gaza junto a la sueca Greta Thunberg. En octubre del mismo año, fue detenido nuevamente y permaneció más de una semana en prisión antes de ser expulsado.

En el plano diplomático, Los gobiernos de Brasil y España consideraron que la detención de los activistas fue «ilegal». El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, condenó la detención de Ávila y calificó el hecho como «injustificable” y una “grave afrenta al derecho internacional”.

El presidente brasileño ha acusado previamente a Israel de cometer un genocidio en Gaza, lo que derivó en su declaración como “persona non grata” por parte de ese país.

Paralelamente, sectores del activismo en Brasil han solicitado medidas más contundentes, incluida la ruptura de relaciones diplomáticas con Israel. Mandi Coelho, integrante del Partido Socialista Unificado de los Trabajadores (PSTU), indicó que durante una reunión en el Ministerio de Relaciones Exteriores planteó la necesidad de avanzar hacia sanciones más firmes.

“¿Es posible que empecemos a avanzar hacia la ruptura de relaciones, incluyendo el regreso de Thiago?”, cuestionó Coelho, quien también destacó el respaldo institucional brindado a la familia del activista mediante asistencia consular.

Sobre la operación marítima, Coelho afirmó que “interceptaron 22 barcos” y que algunos activistas fueron detenidos, mientras otras embarcaciones lograron continuar su trayecto. «La flotilla continúa hoy. La misión sigue en marcha«, aseguró, subrayando la continuidad de la movilización internacional.

Esto sucede en el contexto del bloqueo que Israel impone sobre la Franja de Gaza desde 2007, en medio de un agravamiento progresivo de la crisis humanitaria en el enclave. En la Franja de Gaza, cerca de 1,5 millones de palestinos quedaron sin hogar de sus 2,4 millones de habitantes, a causa de la destrucción masiva provocada por la agresión en curso desde octubre de 2023, que causó decenas de miles de mártires y heridos, y el colapso generalizado de las infraestructuras y los servicios sanitarios.

Autor: teleSUR-asm

Fuente: Agencias

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