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viernes, 30 de octubre de 2026

Colombia. Acumulación por aseguramiento

 


Por Fabricio Muñoz. Resumen Latinoamericano, 30 de Octubre de 2026.

Foto: Rebelión

El 6 de agosto de 2026, la víspera de la posesión de Abelardo De La Espriella, la minera canadiense Copper Giant anunció una capitalización cercana a veinte millones de dólares para el proyecto de cobre y molibdeno que explora a diez kilómetros de Mocoa. La operación la encabezaba Denarius Metals, una sociedad en la que participan Serafino Iácono y Federico Restrepo, socios del presidente que se posesionaría al día siguiente, y venía acompañada de otro anuncio, según el cual Trafigura compraría la quinta parte del cobre y el molibdeno que llegue a extraerse de una mina que todavía no tiene estudio económico preliminar y cuyos recursos son, por ahora, una estimación inferida (Prieto y Arbeláez, 2026).

Un mes más tarde, el 8 de septiembre, el canciller Omar Bula y el secretario de Estado Marco Rubio firmaron en Barranquilla un marco de cooperación para «el aseguramiento de las cadenas de suministro» de minerales críticos y tierras raras, al que se sumó un memorando sobre energía nuclear civil. En esos papeles quedaron los dos asuntos que interesaban a Washington, mientras la suspensión del arancel del 12,5 % y la reapertura del consulado estadounidense, que era lo que pedía Colombia, se quedaron sin firmar (Patiño, 2026).

Ninguno de los dos hechos toca la propiedad del subsuelo, que la Constitución de 1991 reserva al Estado, aunque ambos trasladan la decisión sobre su uso a gente que no responde ante quienes viven encima de él. A ese traslado propongo llamarlo acumulación por aseguramiento, y en lo que sigue intento mostrar que en él se encuentra buena parte de la base económica del momento político colombiano. Empiezo por exponer el concepto, sigo con la manera en que ha operado bajo un gobierno progresista y bajo uno de ultraderecha, dentro de un orden contrainsurgente que ninguno de los dos inventó, y termino de vuelta en Mocoa.

Asegurar lo que no se conoce

Entiendo por acumulación por aseguramiento la forma de acumulación en la que la necesidad de suministro de una potencia organiza los territorios de la periferia sin que esta tenga que apropiarse de ellos. Quien asegura deja la propiedad donde está y se ocupa de controlar las condiciones en que los recursos podrán conocerse, financiarse y venderse, del mismo modo que se reserva la decisión sobre quién puede invertir y quién representa una amenaza para la inversión.

Colombia conoció una versión temprana de esta lógica a comienzos de siglo. Después de que el oleoducto Caño Limón Coveñas, que operaban Ecopetrol y Occidental Petroleum, sufriera 170 voladuras en un solo año, el Congreso de Estados Unidos destinó entre 2002 y 2003 cerca de 99 millones de dólares a entrenar y equipar a la Brigada 18 del Ejército en Arauca, para que custodiara el crudo que extraía una empresa estadounidense (GAO, 2005). Aquel dinero protegía un activo que ya bombeaba, mientras los compromisos que hoy se firman recaen sobre yacimientos que nadie ha medido.

Esa diferencia obliga a mirar el orden en que ocurren las cosas, porque el mecanismo actual empieza antes de la mina, cuando un recurso se declara estratégico. El borrador del CONPES de minerales estratégicos y críticos admite que el país no produce litio, cobalto ni tierras raras y que no tiene cómo fundir o refinar sus minerales metálicos (La Silla Vacía, 2026a), y Álvaro Pardo, quien presidió la Agencia Nacional de Minería hasta 2025, calcula que el conocimiento detallado del subsuelo cubre apenas el 28 % del territorio (Caicedo y Arbeláez, 2026). Con esa información el Estado se comprometió a asegurarle a otro país el suministro de esos minerales, algo que Lenin había previsto en 1916, cuando escribió que al capital financiero le interesaban las fuentes de materias primas conocidas y también las posibles, porque la técnica podía volver útil mañana una tierra que hoy parecía no servir.

A la declaración le siguió la securitización, que llegó en agosto con la entrada de Colombia al Escudo de las Américas, la coalición que Washington organizó contra lo que llama narcoterrorismo y cuyos miembros aceptan restricciones a los contratos de infraestructura estratégica con estatales chinas (El Colombiano, 2026). Como la adhesión se produjo un mes antes que el memorando, quién es enemigo y quién puede invertir quedó resuelto antes de que se hablara del subsuelo. La palabra narcoterrorismo cumple, de paso, otra tarea, puesto que al convertir en asunto criminal un conflicto armado de raíz social y política le quita interlocutores y deja las regiones donde ocurre a merced de la fuerza y de la fumigación.

Solo entonces el territorio se abre, y lo hace con reglas escritas en otra parte. La ficha del Departamento de Estado sobre el acuerdo de Barranquilla habla de garantías, préstamos, participación accionaria, compras futuras, pisos de precio, permisos más rápidos y revisión, por razones de seguridad nacional, de la venta de activos mineros, instrumentos con los que se decide quién pone el dinero, a quién se vende la producción y quién puede comprar una mina. El contrato de Copper Giant con Trafigura, firmado un mes antes del memorando y sin relación con él, es una compra futura de manual.

La idea tiene un pariente cercano en la acumulación por desposesión con la que David Harvey describió cómo el capital sale de sus crisis expropiando bienes comunes y privatizando lo que estaba fuera del mercado. En el aseguramiento la expropiación sobra, porque un memorando no vinculante y el control de la cadena de valor alcanzan para subordinar la propiedad pública del subsuelo a la seguridad de otro Estado. Tampoco la transición energética, que se presenta como salida del petróleo, altera ese esquema, ya que se limita a cambiar la mercancía y pone el cobre donde estaba el crudo y el panel solar importado donde estaba el motor de combustión.

La forma contrainsurgente del aseguramiento

Que Washington haya firmado cerca de veintiún acuerdos parecidos en pocos meses (Patiño, 2026), y que lo haya hecho mientras armaba el Escudo con gobiernos afines, invita a pensar que el mecanismo llegó con la ultraderecha. Los expedientes de Mocoa cuentan otra historia, porque fue durante el gobierno de Gustavo Petro cuando la Agencia Nacional de Minería integró los títulos de Copper Giant y le amplió el plazo de exploración (Prieto y Arbeláez, 2026).

Entre un gobierno y otro cambió la relación del Estado con el mecanismo. Con Petro el aseguramiento avanzó, aunque tropezó dentro del propio Estado con la resolución que declaró el bioma amazónico libre de minería, con la entrada a la Franja y la Ruta y con un borrador de política minera que hablaba de agregar valor en el país. Con De La Espriella es el Estado el que lo empuja, puesto que firma el Escudo y el memorando, prepara fumigaciones aéreas en el Putumayo y propuso recortar en 35 % la inversión del Servicio Geológico Colombiano, la entidad que debería conocer el subsuelo que se compromete (Caicedo y Arbeláez, 2026), mientras socios del presidente figuran entre los accionistas del proyecto minero más conocido de la Amazonía. Gramsci hablaría de un cambio en la composición del Estado integral, y yo agregaría que quienes dirigen y quienes acumulan empiezan a ser las mismas personas.

Ambos gobiernos se apoyan, de todos modos, en algo más viejo que ellos, que Vilma Franco (2009) estudió como orden contrainsurgente, una forma de dominación en la que el Estado, las clases dominantes y aparatos armados privados se articulan en un bloque de poder para el cual la guerra contra la insurgencia es la manera de conservar el orden social. Ese orden recorre la historia del país desde el Plan Lazo de 1962 hasta el Plan Colombia, y durante el progresismo tomó la forma de una política de paz. La paz total negoció por separado con cada estructura, mantuvo mesas que no llegaron a acuerdos de fondo con las principales organizaciones, celebró sus divisiones, que Petro llamó en 2024 «un avance en la paz» (El Tiempo, 2024), y terminó tratando como bandas del narcotráfico a organizaciones que se reivindicaban políticas. Fragmentar a la insurgencia y quitarle su carácter político ha sido un propósito constante de la contrainsurgencia colombiana, y la paz total lo persiguió con los instrumentos del diálogo.

El gobierno actual persigue el mismo propósito sin intermediarios. La ley de sometimiento, que el Ejecutivo radicó el 13 de octubre con mensaje de urgencia y que las comisiones primeras aprobaron en primer debate el 21, elimina la negociación política y, en su versión radicada, deroga partes de la Ley 2272 de 2022, en la que se apoyaba la paz total (Cambio, 2026), mientras los bombardeos continúan en distintas regiones. Para la ultraderecha el aseguramiento es un proyecto de clase propio, y la cercanía con Washington le abre a su círculo empresarial negocios como el de Mocoa.

El territorio como riesgo y como lugar del sujeto

Las mineras consultadas por el Fraser Institute señalan la seguridad como su principal obstáculo para invertir en Colombia (García, Peña Tenjo y Sanz Posse, 2026), y en esa palabra cabe casi todo, desde un frente armado hasta una comunidad que exige consulta previa. En Mocoa, donde la lista es larga, Corpoamazonía declaró una zona de interés ambiental que toca el área del proyecto y que un juez suspendió mientras se hace la consulta, el Concejo discute un plan de ordenamiento que restringiría la minería y que la empresa ha dado a entender que demandaría, y una parte de la población se ha movilizado contra la mina por miedo a quedarse sin agua. En el mismo municipio el gobierno alista fumigaciones aéreas a pesar de un fallo de tutela (La Silla Vacía, 2026b). No tengo pruebas de que la política antidrogas y el proyecto minero estén coordinados, pero sí sé que coinciden en el mismo lugar y en los mismos meses.

Empecé describiendo el aseguramiento como una relación entre una potencia y un territorio, y Mocoa me obliga a corregir esa imagen, porque entre una y otro hay gente. En las zonas de interés minero actúan insurgencias con proyecto político, disidencias muy distintas entre sí y estructuras de origen paramilitar ligadas al despojo de tierras, y aunque varias participen en economías de guerra, reunirlas a todas bajo la etiqueta del crimen organizado es la manera de declarar amenaza al territorio entero. Allí viven, además, comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes que llevan décadas organizadas en defensa del agua y de la tierra, y el aseguramiento necesita controlar la capacidad que tienen de decidir sobre el uso del suelo.

Bernardo Mançano Fernandes ha insistido en que el territorio es un todo en disputa, producido por relaciones de clase, y Carlos Walter Porto-Gonçalves habló de r-existencia para nombrar el modo en que los pueblos, al defender su territorio, defienden también una forma de existir. El aseguramiento intenta neutralizar esa subjetividad clasificándola como riesgo, tratándola como enemigo interno o invitándola a negociar compensaciones, y la misma lógica alcanza la vida organizada de las ciudades, como señalé a propósito de las universidades en el artículo anterior de esta serie. Cada uno de esos intentos, sin embargo, empuja a quienes habitan el territorio a constituirse como sujeto político, un resultado que no está garantizado y que depende de la organización y de lo aprendido en años de conflicto.

La Constitución sigue diciendo que el subsuelo es del Estado. Las capacidades que darían contenido a esa propiedad, como conocer los yacimientos, decidir qué se extrae y qué se protege, procesarlo, elegir compradores y consultar a quienes viven encima, se trasladan entretanto a otros, y la soberanía queda en el papel mientras las decisiones cambian de manos. Me quedan pendientes la relación del concepto con la deuda externa y con el control de los datos, y su alcance en los otros países que firmaron acuerdos parecidos. Por ahora me basta con señalar que, si esas decisiones pueden recuperarse, la tarea empezará en territorios como Mocoa, donde un concejo municipal discute hoy el uso de una montaña con una empresa que cotiza en Canadá.

Fuente: Rebeliòn

https://www.resumenlatinoamericano.org/2026/10/30/colombia-acumulacion-por-aseguramiento/

Caos y denuncias de "golpe de Estado" en Polonia, MINUTO A MINUTO


 PRIMERO MIREMOS LA SITUACIÓN ACTUAL POLÍTICA DE POLONIA

Qué opinan otros países de la Unión Europea sobre este conflicto

La postura de los demás países y de las instituciones de la Unión Europea (UE) frente a la crisis en Polonia es compleja, de cautela legal y de división política. La UE no ve esto como una simple pelea interna, sino como una prueba de fuego para el Estado de derecho en Europa. [1]
Las principales reacciones y posturas se dividen en tres grandes corrientes:
1. La posición oficial de Bruselas (Instituciones de la UE)
La Comisión Europea y el Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) adoptan un enfoque estrictamente jurídico. Su postura se resume en: [1]
  • Apoyo de fondo a las reformas: La UE ha cuestionado formalmente la legitimidad del Tribunal Constitucional polaco desde hace años debido a las reformas del anterior gobierno conservador. Por ello, ven con buenos ojos la intención de Donald Tusk de "limpiar" el sistema judicial. [1]
  • Preocupación por los métodos: Aunque apoyan el fin (restaurar la independencia judicial), las instituciones europeas observan con enorme cautela los métodos utilizados. Apartar a jueces en activo mediante procedimientos drásticos o de fuerza genera temores jurídicos en Bruselas, ya que la UE exige que cualquier cambio cumpla estrictamente con los estándares legales europeos. Las declaraciones políticas de que se está "restaurando la democracia" no bastan para la UE si los métodos violan la inmunidad o la legalidad vigente. [1]
2. El bloque de los países aliados occidentales (Alemania, Francia y el núcleo europeo)
Los gobiernos de línea similar a Tusk (socialdemócratas, liberales y democristianos tradicionales) mantienen un respaldo político implícito al gobierno polaco.
  • Para países como Alemania o Francia, la llegada de Tusk al poder fue un alivio porque devolvió a Polonia a la mesa de decisiones de la UE.
  • Estos países prefieren mantener un perfil bajo y evitar criticar públicamente las medidas drásticas de Tusk, ya que consideran prioritario que Polonia siga alineada con Occidente, especialmente en temas clave como la guerra en Ucrania y la defensa frente a Rusia.
3. El bloque soberanista (Hungría y aliados euroescépticos)
Los gobiernos de derecha nacionalista o euroescépticos dentro de la UE tienen una postura radicalmente opuesta:
  • Denuncia de doble rasero: Gobiernos como el de Hungría denuncian activamente que la Unión Europea está aplicando un "doble estándar". Argumentan que cuando el anterior gobierno conservador polaco hacía reformas, Bruselas lo sancionaba, pero ahora que el gobierno proeuropeo de Tusk suspende jueces o usa a la policía, la UE mira hacia otro lado o es mucho más permisiva.
  • Apoyo a la oposición: Este bando respalda la narrativa del presidente Nawrocki y de la oposición conservadora polaca, calificando las acciones del primer ministro como un "atropello autoritario" amparado por Bruselas. [1, 2]
En conclusión: Mientras que los socios occidentales y Bruselas quieren que Polonia normalice su justicia y apoyan el rumbo de Tusk, existe una profunda incomodidad por la forma en que está escalando el conflicto, bajo la atenta mirada de un bloque soberanista que acusa a la UE de complicidad política
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Caos y denuncias de "golpe de Estado" en Polonia, MINUTO A MINUTO
.El Tribunal Constitucional polaco denunció en medio de disturbios frente a su sede, un "golpe de Estado" mientras el presidente, Karol Nawrocki, se encontraba fuera del país.
Caos y denuncias de "golpe de Estado" en Polonia, MINUTO A MINUTO

El Tribunal Constitucional de Polonia denunció este viernes un "golpe de Estado" tras el hackeo de su página web, donde aparecieron anuncios de que la presidenta de la entidad judicial ahora es Anna Korwin-Piotrowska, mientras Bogdan Swieczkowski quedaba temporalmente suspendido de esas funciones, al igual que el vicepresidente Bartlomiej Sochanski. En las afueras del Tribunal se produjeron episodios de violencia y ataques contra la Policía.

Los hechos ocurren mientras el presidente, Karol Nawrocki, se encontraba fuera del país en un viaje a Senegal, donde planeaba reunirse con su homólogo y representantes de la Unión Africana. Nawrocki ha tenido que cancelar la visita y regresar a Varsovia.

  • 30 oct 2026

    22:00 GMT

    La eurodiputada polaca Ewa Zajaczkowska-Hernik se pronunció sobre los acontecimientos en su país. "Suspendo de inmediato las funciones del primer ministro, incluido el ejercicio de supervisión sobre todos los servicios uniformados y los servicios especiales", anunció la política opositora en X. Zajaczkowska-Hernik ha mantenido fuertes choques con el actual gobierno de Donald Tusk, criticando duramente las reformas judiciales actuales en su país y acusando al Ejecutivo de realizar "golpes de Estado" administrativos.

  • 21:46 GMT

    Los principales políticos de la oposición polaca se unieron a los manifestantes frente al edificio del Tribunal Constitucional, informan medios locales.

  • 21:40 GMT

    Nawrocki convocó urgentemente una reunión con el presidente del Tribunal Constitucional y otros jueces, informó la televisión polaca. A través de los altavoces, los agentes de policía instan a los periodistas, diputados y personas protegidas a que se alejen.

  • 21:38 GMT

    En medio de los disturbios, un hombre cortó con una amoladora (radial) una cadena frente a la sede del Tribunal Constitucional de Polonia.

  • 21:37 GMT

    Kiril Dmítriev, enviado especial de la Presidencia rusa, también comentó la situación. "Europa no está bien: hay inmigrantes, belicismo, disturbios y golpes de Estado. Hay que expiarlo", publicó en X.

  • 21:36 GMT

    La vocera de la Cancillería rusa, María Zájarova, calificó los hechos como "un momento incómodo", en referencia a las declaraciones del canciller polaco, Radoslaw Sikorski, quien aseguró que la participación del ministro de Relaciones Exteriores de Rusia en la reunión de ministros de Exteriores del G20 en EE.UU. era "incómodo". "Parece que, al caer la tarde, se ha producido en Polonia ese 'momento incómodo'", escribió Zájarova en Telegram.

  • 21:35 GMT

    Por su parte, el primer ministro de Polonia, Donald Tusk, llamó a restaurar el Estado de derecho. "Restaurar el Estado de derecho es nuestra obligación. Después de años de desgobierno bajo el PiS [partido Ley y Justicia], este es un proceso difícil, en ocasiones doloroso, que exige medidas firmes. No existe otra vía", publicó en X.

  • 21:18 GMT

    El embajador de Polonia en China, Jakub Kumoch, anunció su dimisión en medio de las tensiones que se viven en su país.

  • 21:18 GMT

    La Policía, a su vez, anunció que recibieron un escrito de una jueza del Tribunal Constitucional con la advertencia de que existía la posibilidad de amenazas para la integridad de los jueces y empleados de la institución, así como el riesgo de perturbación del orden público.

  • 21:18 GMT

    El mandatario del país, Karol Nawrocki, canceló el viaje en el que se encontraba. "En un momento como este, el presidente debe estar en Polonia. Interrumpo mi vuelo a Senegal. Estoy regresando", escribió en redes.

  • 21:35 GMT

    Por su parte, el primer ministro de Polonia, Donald Tusk, llamó a restaurar el Estado de derecho. "Restaurar el Estado de derecho es nuestra obligación. Después de años de desgobierno bajo el PiS [partido Ley y Justicia], este es un proceso difícil, en ocasiones doloroso, que exige medidas firmes. No existe otra vía", publicó en X.

  • 21:18 GMT

    El embajador de Polonia en China, Jakub Kumoch, anunció su dimisión en medio de las tensiones que se viven en su país.

  • 21:18 GMT

    La Policía, a su vez, anunció que recibieron un escrito de una jueza del Tribunal Constitucional con la advertencia de que existía la posibilidad de amenazas para la integridad de los jueces y empleados de la institución, así como el riesgo de perturbación del orden público.

  • 21:18 GMT

    El mandatario del país, Karol Nawrocki, canceló el viaje en el que se encontraba. "En un momento como este, el presidente debe estar en Polonia. Interrumpo mi vuelo a Senegal. Estoy regresando", escribió en redes.

  • 21:07 GMT

    El Tribunal Constitucional de Polonia declaró en un comunicado en X que, todas las personas que participan en tales acciones están cometiendo el delito de "golpe de Estado". Asimismo, reiteró que el presidente del Tribunal sigue siendo Bogdan Swieczkowski, y el vicepresidente, Bartlomiej Sochanski. Anna Korwin-Piotrowska no es magistrada del Constitucional, aclararon.

RT
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