DANDO INFINITAS GRACIAS AL CREADOR DE CIELO Y TIERRA POR ESTA POSIBILIDAD DE COMUNICACIÓN E INFORMACIÓN.-
EN ESTE BLOG PRESENTAREMOS LAS NOTICIAS Y SUCESOS DEL NUESTRO MUNDO, BUSCANDO CON SABIDURÍA LA VERDAD, PARA CREAR EN NOSOTROS UN EQUILIBRIO Y UN HACER EN JUSTICIA.-
Petróleo en el Congo. El próximo saqueo del Congo repercutirá en el planeta
Publicado el 29 de junio de 2026 / Por @CongoActual
¿Qué nos parecería si a este mundo nuestro sacudido cada vez más por el desorden climático que alimentan las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero le añadieran en poco tiempo… 29 mil millones de toneladas extras de CO2? Ésa es una de las graves consecuencias que puede tener que se empiece a extraer petróleo de la República Democrática del Congo (RDC). Esta vez el saqueo de la riqueza congoleña no solo destruiría su medio ambiente y dañaría a su pueblo. Nos lo haría pasar muy mal a todos
En las dos anteriores partes de este reportaje, que se pueden leer a través de los enlaces que se encuentran al final de este artículo, hemos hablado de la producción petrolífera actual del Congo, pequeña en comparación con las de sus vecinos, y las desastrosas consecuencias para la zona donde se desarrolla. Hemos detallado los planes del gobierno congoleño para extraer la totalidad de sus reservas y dónde están, con un estrepitoso fracaso inicial -tras querer subastar sin suerte 27 yacimientos (bloques) petrolíferos- y su nuevo intento, mucho más ambicioso, y hemos dado un repaso inicial a las consecuencias que ello tendría.
Toca ahora detallar esas consecuencias, tan dañinas, no solo para las víctimas habituales del saqueo del Congo -su pueblo, sus tierras, sus ríos…- sino para el planeta entero -o mas bien para quienes lo habitamos- que convierte este artículo, dentro de su modestia, no solo en una obligada lectura sino en una necesaria reflexión para evitar males mayores en nuestro revuelto mundo.
EMPECEMOS HABLANDO DE TURBERAS PARA ENTENDER MEJOR LAS COSAS
La turba es un tipo de suelo húmedo formado por materia orgánica vegetal parcialmente descompuesta. Debido a la presencia de agua y la falta de oxígeno, la descomposición es muy lenta, por lo que la incorporación de materia vegetal procedente de la selva hace que se vayan formando depósitos de turba cada vez más profundos. Esto hace que las turberas actúen como excelentes sumideros de carbono. Las plantas de la selva en crecimiento eliminan el carbono de la atmósfera, pero cuando mueren, normalmente se descomponen y devuelven el carbono a la atmósfera. En un pantano tropical anegado durante todo el año la descomposición es solo parcial, lo que lleva a una acumulación de carbono en forma de turba
Nanqui Soto, de Greenpeace España, 20-11-2017
En 2017 un equipo de científicos liderado por los profesores Simon Lewis y Bart Crezee, de la Universidad de Leeds, descubrió las inmensas turberas que se encontraban bajo la selva tropical de la cuenca del río Congo, que cubrían -según una medición posterior- más de 16,7 millones de hectáreas -superficie mayor que la que ocupa Túnez- y una profundidad de hasta 3,5 metros, lo que las convertía en el complejo de turberas tropicales más extenso del mundo.
En 2022 descubrieron algo peor: que los 16 bloques petrolíferos que se proponía subastar el gobierno congoleño cubrían un millón de hectáreas de bosques pantanosos de turberas, además de poner en riesgo once millones de hectáreas de la segunda selva tropical del planeta -solo superada por la amazónica-. Referido solo a la extensión de turberas afectadas, Simon Lewis escribía el 22 de julio de 2022:
Si se destruyera por la construcción de carreteras, oleoductos y demás infraestructura necesaria para extraer el petróleo, estimamos que se podrían liberar hasta 6.000 millones de toneladas de CO₂, lo que equivale a las emisiones actuales de gases de efecto invernadero del Reino Unido durante 14 años
Como explicábamos en el anterior artículo, la oferta de 27 bloques petrolíferos -que eran 16 en un principio- acabó en un completo fracaso y el gobierno las retiró… Pero en mayo del 2025 volvió a la carga con mucha más fuerza, poniendo para licitación internacional 52 bloques petrolíferos. Los cálculos de Simon Lewis se realizaron cuando eran 16 los yacimientos a subastar, por lo que todo puede ser mucho peor.
MÁS MADERA. DEFORESTACIÓN Y EMISIONES DE CO2 POR TODOS LADOS
Sin tener en cuenta los futuros yacimientos petrolíferos, la deforestación por tala o cambio de uso del terreno ya aporta astronómicas cantidades de CO2 a la atmósfera. En 2002 el gobierno congoleño estableció una moratoria sobre la tala de madera en sus bosques. Por supuesto, esta moratoria fue repetidamente violada, entre otros, por grupos armados en los Parques Nacionales, por algún alto oficial del Ejército e, incluso, por militares ugandeses miembros de las fuerzas de paz de la Comunidad de África Oriental. El propio gobierno, utilizando todo tipo de trampas, se saltó su limitación de no realizar concesiones superiores a 500.000 hectáreas, y concedió varios millones.
Finalmente el 9 de julio de 2021, en Consejo de ministros se aprobaron diez medidas «urgentes para la gestión sostenible de los recursos naturales de la RDC» que, paradójicamente, acababan con la moratoria de tala de los bosques. Según la ministra de Medio Ambiente, Eve Bazaiba, «está motivada por el deseo de mejorar la gobernanza ambiental y de alinear a la República Democrática del Congo con sus pares, en vista del contexto global dominado por el cambio climático y los problemas políticos, económicos y financieros que de él se derivan».
A estas alturas los bosques y selvas de la cuenca del río Congo ya están suficientemente degradados, especialmente los de la RDC, pero la enormidad de este espacio tropical aún deja margen para empeorar las cosas. Un informe de Greenpeace cifraba en 34.400 millones de toneladas de CO2 el coste de la deforestación de África Central para 2050. Una buena ayuda para abocarnos al colapso como especie.
EL DOBLE JUEGO DEL PRESIDENTE CONGOLEÑO TSHISEKEDI Y SU «PAÍS SOLUCIÓN».
Con sus bosques, agua y recursos minerales, la República Democrática del Congo representa una verdadera solución a la crisis climática. Para proteger nuestros bosques y promover su gestión sostenible, nuestra prioridad en esta nueva alianza es fortalecer la gobernanza y la transparencia en todos los sectores del uso de la tierra. Esta alianza también respaldará nuestra ambición de abordar el doble desafío de la seguridad alimentaria y el cambio climático mediante la agricultura sostenible, principalmente en las sabanas
Estas declaraciones las hacía el presidente congoleño Felix Antoine Tshisekedi durante la COP26 celebrada en Glasgow y tras realizar con el primer ministro británico Boris Johnson una declaración conjunta en nombre de la Iniciativa Forestal de África Central (CAFI), un ambicioso proyecto para proteger la selva tropical durante diez años. Era la presentación oficial del Congo como «país solución» ante la crisis climática. Con sus selvas tropicales, sus turberas, el 10% del agua dulce del planeta y capturando cada año 1.500 millones de toneladas de CO2, la RDC debía seguir tal como estaba para no desequilibrar aún más el clima del planeta, pero estos recursos no utilizados debía ser compensados por el resto de países que se beneficiarían de ello. Para la CAFI, Tshisekedi consiguió en aquella COP 500 millones de dólares para proteger los bosques congoleños durante diez años.
De hecho, gracias a su riqueza en recursos naturales, la RDC desempeña un papel fundamental en la lucha contra el cambio climático. Los recursos naturales de la República Democrática del Congo fueron clave en la actual transición ecológica y ahora son esenciales en el debate sobre la lucha contra el cambio climático
afirmó en la misma cumbre Eve Bazaiba, viceprimera ministra y responsable de medio ambiente en el gobierno.
El presidente, la responsable de medio ambiente… todo el mundo con un mínimo de conocimiento del país sabía y sabe que lo que guarda el Congo, mal utilizado, puede provocar una catástrofe en todo el planeta… y que debe preservarse. Pero ese mismo gobierno y el presidente del país son los que impulsaron en 2022 abrir esas selvas y esas turberas, contaminar ese agua dulce y reducir esa capacidad «secuestradora» de carbono como inevitablemente ocurriría al abrir 27 yacimientos petrolíferos como pretendían y, fracasado ese intento, son los mismos que apuestan por lo mismo, corregido y aumentado, con 52 nuevos proyectos. La explicación es más sencilla de lo que parece y no es la que han argumentado.
TODO EL DAÑO QUE EL SAQUEO DEL PETRÓLEO CONGOLEÑO PUEDE PROVOCAR
A nivel mundial las turberas ya están sufriendo importantes daños por su utilización agrícola o por degradación al eliminar o alterar la vegetación; las consecuencias son unas emisiones anuales de 2.000 millones de toneladas de CO2, el 5% de nuestras emisiones. Tan evidente resulta lo nocivo que es la destrucción de una zona de turberas que la República Democrática del Congo, sus vecinos de la República del Congo -con una producción mucho mayor de petróleo- e Indonesia -aportando su experiencia en daños y conservación- firmaron en 2018 un acuerdo, que desde la ONU calificaban de «histórico», para protegerla, sin menoscabo del desarrollo de ambos países.
La conservación y el desarrollo pueden ir de la mano. Lograremos conservar las turberas si priorizamos las necesidades de las personas. Podemos ayudar a los países a comprender mejor la naturaleza única de las turberas y a planificar cuidadosamente cualquier uso potencial.
Erik Solheim, director de ONU Medio Ambiente.
Pero, como es sabido, nada es más fácil de incumplir que una tregua en una guerra o un acuerdo internacional histórico para la protección del medio ambiente… y la realidad es la que estamos contando.
Los primeros damnificados de abrir turberas y selvas a las explotación petrolífera, a sus infraestructuras como kilométricos oleoductos y carreteras, transporte, etc. serán el pueblo congoleño, la fauna y el medio ambiente; nada nuevo. Puede servir como referencia el desastre creado en Muanda, la única zona congoleña explotada petrolíferamente y cuya realidad ya comentamos en la segunda parte de este reportaje.
Pero esta vez el resto del mundo no se librará de unas consecuencias terribles. De una parte tenemos todo ese carbono almacenado, que puede convertirse en nuevas emisiones que sumar a las que ya tenemos y somos incapaces de reducir. Para hacernos una idea del impacto que esos 29.000/30.000 millones de toneladas que guardan las turberas podrían tener en nuestra saturada atmósfera, pensemos que son una cantidad similar a la que uno de los grandes contaminadores mundiales, Estados Unidos, expulsa en mas de seis años.
El daño no se limita al carbono acumulado que desde turberas y selvas volvería a la atmósfera, sino al que es capturado cada año y que permanecería calentando el planeta. Y la cuenca del Congo absorbe cada año 1.500 millones de toneladas de dióxido de carbono.
La cuenca del Congo es una de las últimas regiones del mundo que absorbe más carbono del que emite. Debemos encontrar la manera de satisfacer las necesidades energéticas cruciales para el desarrollo sin sacrificar las turberas ni los servicios esenciales que estas proporcionan a las personas y a la economía
Doreen Robinson, jefa de Biodiversidad y Tierras del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)
Las turberas, junto a los humedales, son los mejores sumideros de CO2. Si las dañamos severamente y aumentamos la deforestación de la selva congoleña… aumentamos las emisiones y reducimos las capturas de dióxido de carbono. La cuenta es fácil y podemos olvidarnos, si alguna posibilidad quedaba, de no sobrepasar los 2º centígrados. Lo que viene después ya lo vamos intuyendo.
No hay posibilidad de limitar el calentamiento global a 2 °C o 1,5 °C si no conservamos los sumideros de carbono existentes, como las turberas…
Mark Radka, jefe de la Subdivisión de Energía y Clima del PNUMA
¿CÓMO SE VA A PERMITIR EL MUNDO DEJAR BAJO TIERRA TODO ESE PETRÓLEO?
Es una buena pregunta cuando en estos momentos guerras de por sí destructivas por conseguir el control del petróleo de las grandes reservas mundiales están poniendo al borde de la peor de las guerras a todo el planeta. ¿Nos podemos permitir el lujo de dejar enterrado un bien que va escaseando y sobre el que tenemos montado nuestro mundo? ¿Se lo puede permitir el pueblo congoleño? Empecemos por ahí.
La RDC emite poco más de seis millones de toneladas de CO2 por quema de combustibles fósiles y tiene una huella de carbono de 0,06 toneladas por persona -mientras que en España está en torno a las 6 toneladas- a la par que solo un 22% de la población tiene acceso a la electricidad en sus hogares. Y recordemos que la cuenca del río Congo absorbe cada año unos 1.500 millones de dióxido de carbono… ¿Hay derecho, entonces, a impedir que este país extraiga el petróleo que posee y se eleve su desarrollo socioeconómico para proteger el planeta que hemos alterado con nuestro consumo y elevado nivel de vida? Sería una nueva injusticia.
La explotación petrolera se presenta a menudo como una solución a las necesidades de desarrollo. Pero en realidad, la mayor parte de la riqueza termina en manos de empresas de combustibles fósiles, bancos y otros intereses especiales o corruptos
La amenaza inminente de la expansión del petróleo y el gas en África noviembre 2022, RFUK
Pero el petróleo que se extraiga va a ir principalmente a la exportación, a nuestro consumo y a elevar o mantener un nivel de vida basado en el derroche energético. El dinero que por ello ingrese el erario público congoleño, aunque cada uno de sus millones de dólares acabara en él, no podría compensar los daños para el medio ambiente y la población que los bloques petrolíferos subastados provocarían. Entre otros contaminarían la tierra, el agua y el aire del que y en el que viven millones de personas durante décadas y arruinaría los medios de vida -o supervivencia- de todas esas personas. Las riquezas del Congo siempre han traído más sufrimiento que desarrollo a su pueblo y esta vez no tiene porqué ser diferente.
Se estima que más de un millón de congoleños que viven en la zona de subasta podrían verse directamente afectados por la grave contaminación petrolera, así como los centros de población ubicados aguas abajo, incluyendo Kinshasa
La amenaza inminente de la expansión del petróleo y el gas en África noviembre 2022, RFUK
Si lo vemos desde nuestro punto de vista, más petróleo en el mercado abarataría el precio no solo del combustible de nuestros coches, sino de la producción de alimentos y demás bienes que consumimos.
Los costos económicos a largo plazo de los daños a los ecosistemas superan con creces las ganancias financieras a corto plazo derivadas de la explotación de los recursos
Doreen Robinson, jefa de Biodiversidad y Tierras del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
Y eso hablando en términos financieros o monetarios. Lo que es incalculable es la repercusión que la entrada de miles de millones de toneladas de dióxido de carbono en la atmósfera puedan tener para el clima planetario y sus repercusiones en forma de eventos climáticos catastróficos -huracanes, olas de calor o frío, sequías, inundaciones…- además de asegurarnos que las líneas rojas marcadas por la ciencia para no entrar en una situación de no retorno y de caos climático se verían superadas. No podemos permitirnos el lujo de emitir millones de toneladas de CO2.
CONCLUSIONES QUE NO DEBERÍAN QUEDAR OLVIDADAS TRAS SU LECTURA
Esclavos, marfil, caucho, madera, cobre, uranio, coltán, tungsteno, cobalto, níquel, oro, casiterita… El mundo no sería como es sin la inmensa cantidad de recursos humanos, forestales, minerales que llevamos «recibiendo» desde hace décadas del Congo pese a lo que -o gracias a lo que- su pueblo vive en la miseria y la guerra. Esto, salvo honrosas excepciones, no le ha importado a nadie en tanto el flujo no se ha detenido, independientemente de las condiciones en que se han obtenido.
Ahora es distinto… Destrucción de selvas, de biodiversidad, de lugares y medios de vida para millones de personas, de gorilas, okapis, elefantes… Nuestro mundo podría asumirlo y le sale a cuenta si la explotación del petróleo congoleño a costa de sus selvas y turberas no nos impactara desastrosamente, nos guste o no, creamos en ello o no, por mucho que en un principio nos pueda «alegrar» la economía y sus efectos, obviamente, no se manifiesten de la noche a la mañana.
Quienes estamos preocupados por a dónde va este mundo y quienes lo habitamos, más allá de lo cercano o lo inmediato, leemos cada día noticias descorazonadoras que muestran cómo estamos haciendo exactamente lo contrario de lo que debiéramos para no acercarnos al desastre. Pero ésta no debe ser una más ni nuestra reacción debería quedar en llevarnos las manos a la cabeza. Habrá un antes y un después si los bloques petrolíferos son subastados y puestos en explotación… y el después no tendrá marcha atrás.
Cada cual debe hacer lo que pueda -y países, organismos internacionales, organizaciones, etc. etc. deberían hacer lo mismo- para que el petróleo congoleño no se toque. El Congo, tal y como está en cuanto a sus selvas, turberas, etc. beneficia más al mundo que la explotación de su petróleo y su gas, y el mundo debe compensar justamente al pueblo congoleño por ello. Transformar extensas zonas de «captadoras» de CO2 a emisoras y liberar miles de millones de toneladas en un tiempo relativamente corto arruinará al Congo y nos salpicará al resto de una manera dolorosa.
Poco después de la autocomplaciente gira del presidente Donald Trump por haber «puesto fin» a la guerra de Gaza el pasado mes de octubre —repleta de ceremonias en las que diversos reyes, emires y presidentes lo elogiaron—, Israel dejó claro que no tenía intención alguna de respetar los términos del acuerdo. Continuó matando a los palestinos casi a diario y comenzó a limitar la entrada a la Franja de los productos de primera necesidad acordados y estipulados en el acuerdo de alto el fuego.
No obstante, Trump dio un golpe maestro al mes siguiente al conseguir que el Consejo de Seguridad de la ONU respaldara su plan para Gaza. En una medida sin precedentes, el Consejo respaldó el despliegue de una fuerza internacional que no operaría bajo la bandera de la ONU, sino que estaría comandada y controlada por Trump y su «Consejo de Paz» privado —al que los Estados podrían adherirse por mil millones de dólares y obtener la condición de miembro permanente—. En términos generales, Trump podría revestir los futuros edictos de su junta con la apariencia de legitimidad de la ONU.
Mientras Israel ampliaba constantemente sus ataques militares contra Gaza y hacía avanzar a sus fuerzas de ocupación más profundamente en el enclave, en lugar de retirarlas y reposicionarlas según lo acordado, los responsables de Hamás declararon a Drop Site que no tuvieron noticias de la Junta de Paz hasta marzo.
Desde entonces, las negociaciones sobre el futuro de Gaza se han quedado estancadas en un limbo diplomático. A pesar de la pompa y la solemnidad orquestadas por la Casa Blanca tras la firma del acuerdo y de la promesa de Trump de garantizarlo, Estados Unidos se ha negado a exigir a Israel que cumpla con ninguna de sus obligaciones. Aunque Hamás cumplió con su parte del acuerdo y entregó a Israel a todos sus cautivos, tanto vivos como muertos, Israel ha violado repetidamente casi todas las cláusulas del acuerdo y ha matado a más de 1.000 palestinos desde la firma del acuerdo en Sharm El-Sheikh, Egipto.
Las conversaciones que han tenido lugar se han centrado de forma abrumadora en los intentos de la Junta de imponer cambios que los palestinos nunca aceptaron, transformando de hecho un acuerdo de alto el fuego limitado en un acuerdo político más amplio basado en el desarme de la resistencia palestina y el abandono de su lucha de liberación nacional. En un informe presentado al Consejo de Seguridad de la ONU en mayo, la Junta calificó el desarme de la resistencia palestina como «el único factor que desbloquea todos los demás elementos del plan». La propuesta de la Junta, de aplicarse, dejaría a Gaza únicamente con una fuerza policial local encargada de hacer cumplir la ley a nivel interno y sin fuerzas de resistencia capaces de defender Gaza frente a la ocupación israelí o los continuos ataques.
Ahora, con la cobertura mediática occidental y regional firmemente centrada en Irán y en el ataque israelí al Líbano, las actuales negociaciones entre los palestinos y la Junta de Paz han sido ignoradas casi por completo.
Sin embargo, la Junta sigue intentando socavar cualquier posibilidad de creación de un Estado palestino mediante una «hoja de ruta» de 15 puntos que presentó por primera vez a Hamás y a otras facciones de la resistencia palestina en abril. Drop Site News ha obtenido dos documentos de la última ronda de negociaciones entre los palestinos y la Junta de Trump. El primero es el texto completo de las enmiendas propuestas por los negociadores palestinos a la hoja de ruta de la Junta para abordar una serie de cuestiones, incluida la exigencia de que Hamás, la Yihad Islámica Palestina y sus aliados se sometan a un desarme total. El documento revisado se entregó a la Junta el 13 de junio. El segundo documento es la respuesta entregada a la parte palestina la semana pasada por Nickolay Mladenov, el «Alto Representante» de la Junta de Paz.
En conjunto, las dos versiones de la hoja de ruta ofrecen una visión detallada del grado en que el equipo de Trump está intentando socavar la insistencia palestina en que cualquier acuerdo a largo plazo debe incluir una vía clara hacia la creación de un Estado, que Gaza y la Cisjordania ocupada sean tratadas como un único territorio palestino, y que se preserven los derechos del pueblo palestino a resistir la ocupación y la anexión israelíes.
«Lo que estamos viendo es un intento, a la sombra de un genocidio, de desmantelar la resistencia palestina mediante todo este tipo de condiciones previas», afirmó Abdullah Al-Arian, profesor asociado de Historia en la Universidad de Georgetown en Catar. «La interpretación de este acuerdo está en manos de actores que, en su mayoría, se sienten obligados a priorizar la seguridad de Israel».
Mladenov, exministro de Defensa y de Asuntos Exteriores de Bulgaria, ocupó el cargo de coordinador especial de la ONU para el proceso de paz en Oriente Medio entre 2015 y 2020. Actualmente es director general de una academia de investigación que forma a diplomáticos de los Emiratos Árabes Unidos, el aliado árabe más cercano de Israel. Hasta su nombramiento en el consejo de Trump, Mladenov también fue investigador visitante en el Washington Institute for Near East Policy, un centro de estudios proisraelí fundado por veteranos del AIPAC.
En algunas negociaciones recientes con Hamás, Mladenov ha contado con la colaboración de un asesor de alto rango de Trump, el rabino Aryeh Lightstone, un firme defensor de Israel que desempeñó un papel clave en los Acuerdos de Abraham de 2020.
En su borrador, los negociadores palestinos insisten en que la resolución de la cuestión de las armas sólo puede abordarse como parte de un «proceso que garantice el derecho del pueblo palestino a establecer un Estado palestino y a ejercer su derecho a la autodeterminación». El borrador de la Junta se limita a afirmar que el desarme palestino «creará las condiciones para una vía creíble».
Los documentos revelan también cómo la Junta de Trump ha adoptado una táctica israelí que se remonta a décadas: exigir compromisos detallados a los palestinos en cuestiones de seguridad y armamento, mientras que sólo ofrece vagas sugerencias sobre posibles compromisos israelíes y no proporciona a la parte palestina ningún recurso sustantivo en caso de que Israel incumpla los términos.
«La última respuesta de Mladenov refleja la falta de voluntad de la ocupación para alcanzar un acuerdo, a pesar de que el movimiento ha cumplido con todas las exigencias que se le han planteado y de la considerable flexibilidad que ha demostrado en diversos asuntos, incluida la cuestión de las armas», declaró a Drop Site un alto cargo de Hamás. Solicitó mantener el anonimato, ya que las facciones palestinas aún no han remitido su respuesta oficial a Mladenov. «En su forma actual, este documento es inaceptable y no puede servir de base para un acuerdo».
En una declaración facilitada a Drop Site tras la publicación de este artículo, un portavoz de la Junta de Paz afirmó que la organización «rechaza la afirmación de que sus esfuerzos estén diseñados para favorecer los intereses de una de las partes frente a la otra». Añadió: «La hoja de ruta está diseñada para transformar un frágil alto el fuego en una realidad duradera que permita a los palestinos de Gaza vivir con seguridad, dignidad y estabilidad. Esto requiere avances en materia de gobernanza, ayuda humanitaria, reconstrucción, recuperación económica y medidas de seguridad capaces de impedir que se reanude el conflicto».
Los responsables de Hamás afirman que las facciones palestinas están revisando actualmente la respuesta de Mladenov a las condiciones que propusieron. Hazem Qassem, portavoz de Hamás en Gaza, señaló que las enmiendas propuestas en el borrador palestino y en una serie de reuniones recientes celebradas en El Cairo fueron bien acogidas por los mediadores regionales de Catar, Egipto y Turquía. «Los mediadores expresaron una clara satisfacción con las respuestas de las facciones palestinas y las consideraron posiciones positivas que podrían servir de base para alcanzar un acuerdo global», afirmó Qassem en un comunicado: «Mladenov sigue abordando el asunto desde una perspectiva cercana a la postura israelí, una visión que quedó reflejada en las propuestas que presentó durante su reciente reunión», argumentó, y añadió que los intentos de Mladenov de modificar los términos acordados previamente con los mediadores han «obstaculizado los esfuerzos por alcanzar un acuerdo definitivo».
Un marco para la rendición
Los negociadores palestinos han sostenido que, desde la firma del acuerdo de octubre, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y los responsables de la Junta, en particular Mladenov, han introducido nuevas condiciones que nunca formaron parte de los términos originales, incluidas las exigencias de que las facciones de la resistencia palestina entreguen sus armas como condición para que prosiga la reconstrucción y antes de que las fuerzas israelíes completen su retirada de la Franja de Gaza. En mayo, Mladenov y Lightstone amenazaron en una cartadirigida a los responsables palestinos con que, si Hamás se negaba a acatar el edicto de desarme, los términos del alto el fuego se considerarían «nulos y sin efecto», lo que allanaría el camino para que Israel reanudara sus operaciones militares a gran escala y suspendiera el envío de ayuda a Gaza.
«Está claro que Mladenov está transmitiendo la visión israelí del acuerdo e intentando imponérnosla —bajo la amenaza de una nueva guerra—, la continuación de la actual catástrofe humanitaria y los continuos asesinatos», afirmó el alto cargo de Hamás. «Este documento no es un marco para un acuerdo; más bien, es un intento de imponer la rendición que Netanyahu no logró conseguir mediante la guerra».
Israel ha cometido al menos 3.338 violaciones del alto el fuego desde el acuerdo de octubre de 2025, según informes palestinos compartidos con los mediadores y obtenidos por Drop Site —una media de aproximadamente 13 violaciones al día—. Más de 1.000 palestinos han perdido la vida y más de 3.200 han resultado heridos en los ataques israelíes contra Gaza desde que el acuerdo entró en vigor. Israel también ha seguido atacando y asesinando a miembros de la resistencia palestina, entre ellos al comandante del ala militar de Hamás y a su sucesor, con diez días de diferencia entre uno y otro. Ha restringido severamente la circulación de los palestinos y la entrada de suministros humanitarios en Gaza, permitiendo que sólo el 36% de la cantidad acordada de ayuda entre en la Franja. Las fuerzas israelíes también han seguido ampliando hacia el oeste la «línea amarilla» que separa las zonas que ocupan en Gaza. Netanyahu se comprometió recientemente a ampliar la ocupación israelí hasta el 70% de Gaza y afirmó que el objetivo final es conquistar todo el territorio.
«Se podrían haber hecho tantas cosas desde octubre de 2025 para detener a Israel. En octubre de 2025, éramos el único pueblo del mundo que tenía que negociar el fin de un genocidio. Y aquí estamos ahora, en junio de 2026, todavía negociando el fin del genocidio», declaró a Drop Site Diana Buttu, una abogada palestina especializada en derechos humanos que ejerció como asesora de la Organización para la Liberación de Palestina durante las negociaciones de Oslo entre 2000 y 2005. «Lo sorprendente esta vez es que ni siquiera estamos negociando el fin del genocidio con el país que lo está perpetrando. Es que ahora estamos negociando el fin del genocidio con un subcontratista».
En público —y en sus reuniones con Mladenov y otros responsables de la Junta— Hamás y otras facciones palestinas señalan constantemente el hecho de que el acuerdo de octubre de 2025 se centró exclusivamente en un alto el fuego, el intercambio de rehenes, la entrada de suministros humanitarios y productos de primera necesidad y los repliegues israelíes por fases. Desde el pasado mes de octubre, los negociadores de Hamás han sostenido que no tienen el mandato exclusivo para negociar cuestiones que afectan al núcleo de la lucha de liberación palestina. Argumentaron que las discusiones sobre el destino de las armas en poder de los grupos de resistencia y el futuro político a largo plazo de Gaza deben negociarse con todas las facciones políticas palestinas a través de un proceso democrático.
Aunque no era un requisito del texto original del acuerdo de alto el fuego, Hamás aceptó formalmente renunciar a la autoridad de gobierno en Gaza ante el Comité Nacional para la Administración de Gaza (CNAG), un comité tecnocrático compuesto por expertos palestinos no partidistas. Hamás y la Yihad Islámica Palestina formaron grupos de trabajo en Gaza para facilitar el traspaso de competencias al CNAG. Israel, sin embargo, ha impedido que el comité entre en Gaza y ha afirmado falsamente que el acuerdo exige que Hamás se desarme por completo como condición para que se apliquen los términos del acuerdo original.
«Queremos que este comité administrativo esté presente en Gaza y lleve a cabo su labor allí. Ya se ha hecho todo lo necesario para que este comité pueda funcionar», declaró Osama Hamdan, un destacado líder de Hamás, a Drop Site en mayo. Añadió que Hamás había creado un mecanismo para el traspaso de poderes que garantizaba la seguridad de los miembros del comité y les facilitaba la asunción del control de la policía. «A pesar de que se ha constituido y aprobado, Israel sigue negándose a permitir su entrada, y Mladenov no ha logrado convencer a los israelíes ni obligarlos a ello».
En el documento revisado, Mladenov condiciona la entrada del CNAG en Gaza y el inicio de sus funciones a la aceptación por parte de los palestinos de la «hoja de ruta» y a la finalización, en un plazo de 14 días tras el acuerdo, del calendario y los mecanismos de aplicación de la segunda fase, en particular en lo que respecta al desarme palestino.
Israel insiste en que conserva la autoridad para asesinar a líderes y combatientes palestinos por el mero hecho de ser altos cargos de Hamás o de haber participado en los ataques del 7 de octubre. «Prometí que todos y cada uno de los artífices de la masacre y de la toma de rehenes serían eliminados hasta el último, y estamos muy cerca de completar esta misión», proclamó Netanyahu dos días después de que Israel asesinara a Izz Al-Din Al-Haddad, comandante de las Brigadas Qassam, el brazo armado de Hamás, el 15 de mayo.
Ni Mladenov ni ningún otro miembro de la junta han condenado los continuos asesinatos que Israel está llevando a cabo contra dirigentes del mismo partido con el que firmó un alto el fuego. A pesar de la campaña abierta de asesinatos de Israel contra los líderes de Hamás en Gaza, las facciones de la resistencia palestina han seguido respetando los términos del alto el fuego.
Aunque tanto Hamás como Israel firmaron el documento de octubre de 2025 que obligaba a ambas partes a detener «todas las operaciones militares, incluidos los bombardeos aéreos y de artillería y las operaciones de ataque selectivo», Mladenov señaló específicamente a la parte palestina en su documento revisado, afirmando que «Hamás y las facciones palestinas cesarán inmediatamente todas las actividades militares».
En lugar de exigir responsabilidades a Israel, las referencias públicas de Mladenov a las violaciones del alto el fuego suelen evitar cualquier mención al autor. El alto el fuego «se está manteniendo, aunque no de forma perfecta. Hay violaciones. Algunas de ellas son graves. Significan que se sigue matando a civiles», declaró Mladenov ante el Consejo de Seguridad de la ONU en un informe del 26 de mayo, sin mencionar a Israel, antes de establecer una equivalencia entre los ataques del 7 de octubre y el posterior genocidio en Gaza que, según estimaciones conservadoras, se ha cobrado la vida de más de 80.000 palestinos.
«En este momento, el principal obstáculo para la plena aplicación sigue siendo la negativa de Hamás a aceptar el desarme verificado, a renunciar al control coercitivo y a permitir una auténtica transición civil en Gaza», añadió Mladenov.
«El Alto Representante ha expresado en repetidas ocasiones su preocupación por las violaciones del alto el fuego y las consecuencias humanitarias de la continuación de las hostilidades», afirmó el responsable de la Junta de Paz. «El papel de la Junta no es atribuir culpas, sino ayudar a garantizar que los compromisos asumidos por todas las partes se traduzcan en hechos sobre el terreno».
El 19 de abril, Mladenov presentó a Hamás una «hoja de ruta» de 15 puntos que, según él, tenía por objeto regir la siguiente fase de la aplicación de un acuerdo más amplio. Aunque él ha descrito públicamente la propuesta como un mecanismo de estabilización, verificación y creación de instituciones, los responsables palestinos sostienen que, en la práctica, reescribe los términos del acuerdo original al condicionar la reconstrucción, el autogobierno y la retirada israelí al desarme palestino, al tiempo que no obliga a Israel a cumplir sus obligaciones de la primera fase, entre las que se incluyen el cese de los ataques, permitir la entrada en Gaza de las cantidades acordadas de ayuda, reabrir por completo el paso fronterizo de Rafah y permitir los primeros esfuerzos de reconstrucción.
«De hecho, han conseguido que la vida de los palestinos gire únicamente en torno a la seguridad de Israel, y eso es todo, nada más. Y esta situación va a seguir por este camino sin fin», afirmó Buttu. «Incluso si las facciones palestinas firmaran un papel en blanco y dijeran: ‘Decidnos lo que vosotros queréis’, los israelíes seguirían negociando sobre ese papel en blanco».
La cuestión de mayor trascendencia abordada en los documentos intercambiados obtenidos por Drop Site se refiere al futuro de las armas palestinas. Trump y Netanyahu han afirmado falsamente que Hamás está violando el acuerdo al no entregar inmediatamente sus armas e Israel ha esgrimido esto, en ocasiones, como justificación para continuar sus ataques contra Gaza.
En su respuesta del 13 de junio a Mladenov, Hamás y las facciones palestinas propusieron un proceso gradual para el registro y almacenamiento de armas pesadas, en paralelo a la retirada israelí de Gaza y supeditado a la finalización de la primera fase del acuerdo, la entrada del Comité Nacional para la Administración de Gaza (CNAG), el despliegue de la Fuerza Internacional de Estabilización (FIE) y el desmantelamiento de las milicias armadas respaldadas por Israel en la Franja. Sin embargo, el texto revisado de Mladenov modificó sustancialmente tanto el alcance como la secuencia del proceso.
La propuesta palestina se limita a las «armas pesadas» y se centra en su registro y almacenamiento según un calendario acordado, bajo la supervisión conjunta del CNAG y las facciones y organizaciones palestinas. Los líderes de la resistencia han declarado a Drop Site que Israel es consciente de que no poseen armas potentes y acusan a Israel de utilizar la cuestión del desarme como pretexto para exigir un ritual público de rendición. Según las evaluaciones tanto israelíes como estadounidenses, las reservas de cohetes y misiles de Hamás y la Yihad Islámica Palestina quedaron agotadoa o destruidos en gran medida durante la guerra.
«Prácticamente no hay armas pesadas en Gaza», reconoció Netanyahu en febrero. «No hay artillería. No hay tanques. No hay nada». Como parte de su campaña para despojar por completo a los palestinos de cualquier arma que pudiera utilizarse para defender Gaza de los ataques israelíes, Netanyahu presentó los fusiles de asalto como la mayor amenaza. «El arma pesada, la que causa más daño, se llama AK-47», declaró. «Cometieron la peor masacre contra el pueblo judío desde el Holocausto con AK-47».
Altos responsables de la resistencia han expresado en repetidas ocasiones su disposición a «congelar» y almacenar las armas como parte de una tregua a largo plazo que, en última instancia, conduciría al establecimiento de un Estado palestino con su propio ejército.
En su respuesta oficial a la iniciativa de Trump que condujo al acuerdo de alto el fuego de octubre de 2025, Hamás argumentó que ni ellos ni ninguna facción por sí sola posee la autoridad para negociar la entrega de las armas del pueblo palestino, sosteniendo que la resistencia es un derecho garantizado por el derecho internacional y que cualquier acuerdo futuro relativo a las armas debe alcanzarse mediante un consenso nacional palestino. «Las armas presentes en Gaza son, ante todo, armas de voluntad», declaró en aquel momento Mohammed Al-Hindi, cofundador de la Yihad Islámica Palestina, a Drop Site.
Sin embargo, en su respuesta a Hamás la semana pasada, Mladenov amplió la disposición sobre el desarme para convertirla en un proceso de «almacenamiento y desmantelamiento» de las armas. Su texto también amplió el alcance más allá de las armas pesadas para incluir los depósitos de armas, los túneles, las instalaciones de producción militar y las armas almacenadas en ellos. Y lo que es más significativo, añadió una condición final que estipula que, una vez completado el proceso, Hamás y otras facciones palestinas ya no «poseerán, almacenarán, controlarán ni tendrán acceso a ningún tipo de armas». Las revisiones transforman la disposición de un mecanismo que regula categorías específicas de armas en el contexto de una tregua a largo plazo en una hoja de ruta para el desmantelamiento integral de la resistencia armada palestina.
«La seguridad no es una exigencia israelí en la hoja de ruta; es una necesidad palestina», afirmó el responsable de la Junta de Paz. «Ningún esfuerzo de reconstrucción, autoridad de gobierno, programa de recuperación humanitaria o inversión internacional podrá tener éxito si Gaza sigue siendo vulnerable a un nuevo conflicto».
Los cambios introducidos por Mladenov en las cláusulas de desarme cobran aún más relevancia cuando se leen junto con sus revisiones de las disposiciones que regulan la Fuerza Internacional de Estabilización (FIE) —las tropas multinacionales que estarían bajo el mando y la supervisión de la Junta de Paz de Trump— y la retirada de las fuerzas israelíes.
El borrador de Hamás concebía a la FIE principalmente como una fuerza de separación que apartara a las tropas israelíes de las zonas administradas por el CNAG, supervisara el cumplimiento del alto el fuego y protegiera el suministro de productos de primera necesidad. Mladenov mantuvo esas funciones, pero amplió considerablemente el mandato de la fuerza. Aunque la propuesta establece que la FIE no llevaría a cabo operaciones policiales ni intervendría en asuntos relacionados con la sociedad palestina, al mismo tiempo le asigna a la fuerza la función de formar a la policía palestina, así como de «apoyar el proceso de desarme». El borrador de Mladenov no explica en qué consistiría ese apoyo, pero varios países a los que Trump y la Junta han intentado reclutar como participantes en la FIE han declarado explícitamente que no participarían en una misión destinada a desarmar o enfrentarse a las fuerzas de resistencia palestinas.
Hamás propuso que las fuerzas israelíes se retiraran por fases «hasta situarse fuera de las fronteras de la Franja de Gaza», y que la FIE ocupara posiciones en las zonas desocupadas por las fuerzas israelíes. Hamás afirmó que, en paralelo a las fases verificadas de la retirada israelí, cumpliría con los términos acordados en relación con su armamento. La respuesta de Mladenov, sin embargo, limita la retirada israelí únicamente al «perímetro de Gaza» y afirma que sólo tendría lugar si se produjeran «avances verificados» en el proceso de desmantelamiento del armamento.
A medida que avanzaban estas negociaciones, Israel ha ampliado su ocupación de Gaza y ha arrasado por completo con excavadoras la zona situada al este de la «línea amarilla» que controla. Tal y como informóDrop Site en mayo, Israel ha construido y fortificado 38 bases militares en el este de Gaza, ha pavimentado las carreteras que conducen a ellas y ha erigido 25 kilómetros de enormes terraplenes de tierra para dividir físicamente Gaza. Desde la perspectiva de los negociadores palestinos, estas no son las acciones de una parte que tenga previsto retirarse, sino el restablecimiento de una ocupación a largo plazo.
«Los mediadores y el garante estadounidense deben asegurar que la ocupación respete el acuerdo que ya ha firmado», afirmó el alto cargo de Hamás. «Mladenov, por su parte, debería salir de la esfera de influencia israelí, adoptar un enfoque más objetivo y demostrar un mayor respeto por el derecho internacional».
Al-Arian señaló que la administración Trump ha abandonado en gran medida el proceso de negociación sobre Gaza y que los funcionarios estadounidenses casi nunca lo mencionan públicamente. Esto ha permitido a Israel marcar la agenda, no sólo a través de sus representantes en la mesa de negociaciones, sino también rechazando las condiciones que los palestinos y los mediadores defienden. «Estamos hablando de un proceso que, en esencia, va en piloto automático; no hay muchas cosas que se impulsen principalmente desde las altas esferas de la política o la toma de decisiones estadounidenses», afirmó Al-Arian. «Gran parte de esto se delega en elementos del lobby israelí, en el propio Gobierno israelí y en sus más acérrimos defensores dentro del Gobierno de EE. UU.».
A pesar de la grave realidad humanitaria, de las declaraciones públicas de Israel sobre su intención de ocupar Gaza y de las violaciones generalizadas del acuerdo de alto el fuego original, el eje central de las negociaciones sigue siendo el desarme de la resistencia palestina. «Esto es muy revelador del enfoque que han adoptado los estadounidenses, los israelíes y, en la práctica, el mundo entero, que consiste en dar prioridad absoluta a la seguridad israelí. ¿Y al final a quién le importan los palestinos?», afirmó Buttu. «Han ignorado por completo el genocidio, han ignorado por completo el panorama general de lo que les está sucediendo a los dos millones de personas que se encuentran en Gaza. Y si no nos ponemos de acuerdo en cada palabra y en cada detalle, los palestinos simplemente seguirán muriéndose de hambre».
Esta fotografía, tomada desde una posición en el sur de Israel, en la frontera con la Franja de Gaza, muestra edificios destruidos en el interior del territorio sitiado el 10 de junio de 2026. (Foto de Jack GUEZ / AFP vía Getty Images)
El veto eterno de Israel
Mientras que tanto los negociadores palestinos como Mladenov señalan el «Plan de Paz Integral para Gaza» de 20 puntos del presidente Trump y la Resolución 2803 del Consejo de Seguridad de la ONU como el marco que guía la aplicación, la versión de Hamás hace mayor hincapié en los objetivos nacionales palestinos y en la participación política.
El borrador de Hamás establece que el proceso debe conducir a la autodeterminación y a la creación de un Estado palestino «de conformidad con el derecho internacional y las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas». La versión de Mladenov elimina ambas referencias y, en su lugar, describe el resultado como «la creación de las condiciones para una vía creíble» hacia la autodeterminación y la creación de un Estado.
También surgen diferencias en las disposiciones que regulan la administración de posguerra. El borrador de Hamás establece que la gobernanza en Gaza se llevará a cabo de acuerdo con el principio de «una autoridad, una ley palestina y un arma». La CNAG, según escribieron los negociadores palestinos, «garantizará los derechos fundamentales y las libertades públicas —tanto individuales como colectivas— consagrados en las convenciones internacionales y los principios de derechos humanos, incluida la igualdad y la no discriminación por motivos de género, religión, color, raza o afiliación política».
La respuesta de Mladenov mantiene la formulación sobre la autoridad unificada y el control de las armas, pero elimina la referencia a la ley «palestina», sustituyéndola por el compromiso de actuar de conformidad con «las leyes palestinas pertinentes, las normas internacionales pertinentes y los principios de buena gobernanza». Además, eliminó las referencias de los negociadores palestinos al respeto de los derechos humanos y a la no discriminación, y afirmó sin rodeos: «Sólo el personal autorizado por el CNAG podrá poseer armas».
El texto revisado por Mladenov transforma el acuerdo, que antes era una hoja de ruta hacia los objetivos políticos palestinos, en un marco centrado en la administración, la supervisión y las medidas de seguridad. Mientras que la propuesta de Hamás vincula repetidamente la aplicación del acuerdo con la autodeterminación palestina, la creación de un Estado y una gobernanza dirigida a nivel nacional, la versión de Mladenov enmarca en gran medida esos resultados como posibilidades condicionales que dependen del cumplimiento por parte de los palestinos de una serie de criterios de seguridad y gobernanza.
Los negociadores palestinos dejaron claro que quieren que el comité tecnocrático palestino del CNAG sea reconocido como una autoridad de gobierno de transición que permanecerá en el poder hasta que se celebren elecciones en todos los territorios palestinos. «Hamás y las facciones palestinas acuerdan ceder y transferir el gobierno de Gaza al Comité Nacional para la Administración de Gaza. El Comité gozará de plena independencia en el desempeño de sus funciones, y no habrá injerencia en sus asuntos durante el período de transición», escribieron.
En su borrador, los negociadores palestinos sugirieron que se facultara al CNAG para «cumplir todas las obligaciones y compromisos legales derivados de la actual administración de la Franja de Gaza». El borrador de Mladenov omite esta frase y establece, en su lugar, que el CNAG será «responsable únicamente de las obligaciones financieras contraídas a partir de la fecha en que asuma el control».
El borrador modificado de Mladenov relega al comité palestino a un papel de administrador que actúa en nombre de la Junta, y establece que el CNAG «deberá, al asumir sus responsabilidades y siempre que sea posible, preservar la continuidad de las funciones civiles y administrativas esenciales, así como de los registros civiles». Según el plan de 20 puntos de Trump, el CNAG no será un órgano de gobierno independiente, sino que operará bajo la «supervisión y control» de Trump y su junta. La Junta de Paz «recurrirá a las mejores normas internacionales para crear una gobernanza moderna y eficiente que sirva a la población de Gaza y favorezca la atracción de inversiones», afirma el plan.
Los negociadores palestinos presentaron una propuesta clara para reunificar la gobernanza de Gaza y Cisjordania, señalando que la Junta de Paz se encargaría de «supervisar la transferencia ordenada de la gobernanza» a la CNAG, que, en última instancia, devolvería el poder a la Autoridad Palestina como parte de un proceso «que conduzca al establecimiento de un Estado palestino y a la consecución de la autodeterminación». Incluyeron un texto en el que se instaba a la Junta a cooperar con las Naciones Unidas para garantizar la retirada israelí de Gaza y se reiteraba que el mandato de la Junta expira a finales de 2027.
El borrador de Mladenov ignora por completo todos estos puntos, limitándose a afirmar que Hamás y otras facciones palestinas acuerdan ceder el poder a la CNAG y que «no intervendrán en sus asuntos».
El borrador de Mladenov no menciona en absoluto a la Autoridad Palestina. «Incluso la única entidad, el único órgano político palestino que ha alcanzado legitimidad internacional y que ha colaborado directamente con Israel, está siendo ignorada en este acuerdo como parte de esa estrategia para garantizar que no haya continuidad con ningún tipo de órgano palestino», afirmó Al-Arian. «Lo que tenemos es un proceso que, en esencia, intenta garantizar los intereses de Israel y asegurar una especie de proceso frustrado sin un final a la vista, similar a lo que vimos durante tres décadas con Oslo», añadió. «Esto se reduce en gran medida a algo que hemos visto históricamente, y es que Israel ha mantenido un importante poder de veto sobre cualquier proceso de negociación».
El plan de 20 puntos de Trump establecía que su Junta privada gobernaría Gaza de forma indefinida hasta que una Autoridad Palestina reformada «pudiera recuperar de forma segura y efectiva el control de Gaza».
Los dos textos difieren también en cuanto a quién supervisará la reconstrucción de Gaza. La propuesta de Hamás sitúa la reconstrucción bajo la supervisión del CNAG y la vincula explícitamente a los planes adoptados por la Liga Árabe y la Organización de Cooperación Islámica, integrando el proceso en marcos políticos árabes e islámicos más amplios. La revisión de Mladenov sustituye esas referencias por un plan de reconstrucción elaborado conjuntamente por la Junta de Paz y el CNAG, que depende de ella, lo que reduce el papel de las instituciones regionales palestinas y respaldadas por el mundo árabe, al tiempo que amplía la influencia de los mecanismos de reciente creación vinculados a Trump y a su Junta.
Paralelamente a su continuo bombardeo y expansión territorial, Israel ha recurrido cada vez más a una red de milicias palestinas que operan en zonas bajo control israelí en Gaza. Al menos cinco de estos grupos, creados entre abril y septiembre de 2025, han surgido en todo el enclave, sumando en total unos pocos cientos de combatientes. Estas milicias, que operan en su mayor parte detrás de la «línea amarilla», han recibido armas, información de inteligencia, apoyo logístico y, en algunos casos, tratamiento médico en Israel.
El apoyo de Israel a las milicias fue reconocido públicamente por el primer ministro Benjamin Netanyahu el pasado mes de junio, cuando afirmó que el Gobierno había «activado» a poderosos clanes locales en Gaza, siguiendo el consejo de «funcionarios de seguridad», para que colaboraran en la lucha contra Hamás.
Entre los grupos más destacados se encuentran las Fuerzas Populares, lideradas originalmente por Yasser Abu Shabab antes de su muerte en diciembre y ahora dirigidas por Ghassan al-Dahini en el este de Rafah; la Fuerza de Ataque contra el Terror, liderada por el exoficial de seguridad de la Autoridad Palestina Hussam al-Astal en Jan Yunis; y las Fuerzas de la Patria Libre, bajo el mando de Shawqi Abu Nuseira, en el centro de Gaza. Varios de los líderes y miembros de estas milicias tienen antecedentes de actividades delictivas, saqueos y contrabando de ayuda humanitaria —incluso durante el genocidio—, colaboración con Israel, así como vínculos con grupos extremistas, entre ellos el ISIS.
Las milicias han intensificado sus incursiones, asesinatos y secuestros, al tiempo que han establecido controles armados en coordinación con las fuerzas israelíes. Los palestinos que han atravesado Rafah desde el alto el fuego han denunciado haber sido detenidos por hombres armados afiliados a las Fuerzas Populares y haber sido objeto de acoso, palizas y robos. En los últimos meses, las milicias han lanzado repetidas operaciones en zonas cercanas a la «línea amarilla», incluyendo asesinatos selectivos de agentes de policía y ataques llevados a cabo bajo cobertura aérea israelí. En abril, combatientes vinculados a las Fuerzas de la Patria Libre de Abu Nuseira llevaron a cabo un asaltoal campo de refugiados de Al-Maghazi en el que murieron al menos diez palestinos. Otra incursión en el mismo campo, en mayo, se saldó con la muerte de cinco palestinos.
Algunas de las milicias han afirmado que su objetivo es establecer enclaves donde los civiles vivan bajo su dominio, en zonas bajo control israelí al este de la Franja de Gaza. En la práctica, sin embargo, la gran mayoría de los aproximadamente dos millones de residentes de Gaza siguen concentrados en alrededor del 30% de la Franja que linda con el mar. Un líder de una milicia declaró anteriormente al Times of Israel que las milicias se ven a sí mismas como parte de una «nueva Gaza» que surgiría tras el fin del régimen de Hamás.
La propuesta de Hamás exige el desmantelamiento inmediato de las milicias y la confiscación de sus armas tras la aplicación del acuerdo, con un Comité Internacional de Verificación encargado de confirmar la finalización del proceso. El borrador de Hamás incluye además disposiciones destinadas a regularizar la situación de los miembros de las milicias que deseen reintegrarse en la sociedad palestina. Mladenov, sin embargo, propuso abordar el desarme de estas fuerzas respaldadas por Israel —que muchos palestinos consideran criminales escuadrones de la muerte— de manera similar a como se hace con los movimientos de resistencia palestinos. Su propuesta permitiría a las milicias respaldadas por Israel desmantelar y almacenar gradualmente sus armas según un calendario acordado, bajo la autoridad del CNAG.
Los responsables de Hamás afirman que desconocen cuándo entregarán las facciones palestinas su respuesta a Mladenov, pero Qassem declaró que están «formulando una respuesta unificada y responsable que dé prioridad a los intereses del pueblo palestino y respalde los esfuerzos para poner fin a la guerra genocida que se está librando en la Franja de Gaza».
Buttu señaló que la historia demuestra que, independientemente de cómo respondan los negociadores palestinos —e incluso si llegan a un acuerdo con Mladenov y Trump—, Israel seguirá imponiendo sus propias reglas y lanzando ataques cuando le plazca. Al obligar a los palestinos a someterse a un laberíntico proceso burocrático sujeto al veto permanente de Israel, las condiciones de vida en Gaza seguirán deteriorándose.
«Israel puede seguir así durante meses y meses, seguirá llevando las riendas y no le importa nada. De hecho, en cierto modo les conviene que esto se prolongue durante meses y meses, porque así podrán simplemente continuar con sus ataques con la excusa de que las conversaciones siguen en curso», afirmó Buttu. «Es como si no hubiera pasado nada en los últimos dos años y medio. Siguen utilizando la comida como arma. Siguen utilizando la asistencia sanitaria como arma. Todo sigue igual. Así que el statu quo no es precisamente dinámico. De hecho, está empeorando con el tiempo. ¿A quién beneficia eso, si no es a Israel?».
Mientras continúan las negociaciones, Israel ha seguido adelante con la construcción de infraestructuras militares en el este de Gaza. Al-Arian cree que el objetivo principal de Israel sigue siendo la eliminación total de la Franja como territorio palestino, por lo que la postura de Israel de prolongar las negociaciones tiene como fin garantizar que esa agenda avance.
«Todo esto beneficia a los intereses israelíes, que a largo plazo consisten en encontrar una forma de llevar a cabo una limpieza étnica de la población, volver a ocupar el territorio y, posiblemente, repoblarlo», afirmó Al-Arian. «Por desgracia, el panorama es bastante sombrío si no hay ningún tipo de intervención externa».
Jeremy Scahill es periodista de Drop Site News y fue cofundador de The Intercept. Es reportero de investigación, corresponsal de guerra y autor de Dirty Wars: The World Is a Battlefield y Blackwater: The Rise of the World’s Most Powerful Mercenary Army. Ha informado desde Afganistán, Iraq, Somalia, Yemen, Nigeria, la antigua Yugoslavia y otros lugares del mundo.
Jawa Ahmad es investigador de temas de Oriente Próximo en Drop Site News.
Texto en inglés: Drop Site News, traducido por Sinfo Fernández.
A la directiva de Volkswagen, al Gobierno alemán, a la Comisión Europea, al Parlamento Europeo y a los Gobiernos de la UE
Petición
Volkswagenquiere pasar de fabricar coches a ganar miles de millones con la producción de sistemas militares en su fábrica de Osnabrück.
El acuerdo aún no está cerrado. Pedimos a Volkswagen que:
detenga de inmediato las negociaciones sobre este acuerdo letal;
descarte producir piezas vinculadas a la tecnología militar israelí;
mantenga la planta de Osnabrück centrada en la fabricación civil, e informe con total transparencia sobre cualquier negociación con contratistas militares.
¿Por qué es importante?
Volkswagen forjó su reputación con la fabricación de coches. Ahora quiere producir tecnología militar [1].
Ocho mil millones de euros en beneficios no le bastan. Por eso, estudia un acuerdo que pondría sus fábricas al servicio de la industria militar israelí e incluiría la producción de piezas para la Cúpula de Hierro, un sistema clave del arsenal militar de Netanyahu [2].
Ataques aéreos mortales. Uso ilegal de fósforo blanco en Líbano. Niñas y niños asesinados en Gaza.
Si Volkswagen acepta este acuerdo, será cómplice del genocidio [3].
La decisión aún no es definitiva. Todavía tenemos una oportunidad de frenar a Volkswagen antes de que cierre el acuerdo.
Y debemos hacerlo, porque este acuerdo no implica solo a una empresa. Si Volkswagen firma, otras empresas europeas podrían seguir el mismo camino y entrar en el negocio de la guerra.
En toda Alemania, la ciudadanía se moviliza para evitar que las empresas contribuyan a la industria militar israelí [4].
Debemos hacerles cambiar de opinión antes de que las grandes empresas europeas empiecen a ver la guerra como una oportunidad de negocio más.
[2] La Cúpula de Hierro es el sistema de defensa antiaérea de Israel, diseñado para interceptar cohetes, misiles y drones. Tiene «una eficacia del 99 %» para proteger a Israel de los ataques y le permite mantener operaciones militares y lanzar contraataques. https://news.sky.com/story/what-is-israels-iron-dome-defence-system-and-why-is-it-so-effective-13114992 ; https://www.volkswagen-group.com/en/press-releases/volkswagen-group-strengthens-financial-resilience-in-2025-strong-fourth-quarter-in-a-challenging-environment-20202
[4] Casi el 75 % de la población alemana apoya controles más estrictos sobre las exportaciones de armas a Israel. Más de la mitad se opone a cualquier envío de armas a este país. La ciudadanía ha organizado protestas contra empresas que suministran armamento a Israel, mientras representantes de la clase política, de los sindicatos e incluso personas que trabajaban para Volkswagen han hecho llamamientos públicos contra este giro hacia la producción militar. https://www.reuters.com/business/media-telecom/large-majority-germans-want-tighter-controls-arms-exports-israel-2025-06-04/ ; https://www.aa.com.tr/en/europe/majority-of-germans-oppose-weapons-exports-to-israel-poll/3580402 ; https://www.middleeastmonitor.com/20260325-protesters-target-rheinmetall-headquarters-in-berlin-over-defense-exports/ ; https://www.freitag.de/autoren/sebastian-friedrich/von-der-werkbank-in-den-bundestag-vw-arbeiter-cem-ince-tritt-fuer-die-linke-an