DANDO INFINITAS GRACIAS AL CREADOR

DANDO INFINITAS GRACIAS AL CREADOR DE CIELO Y TIERRA POR ESTA POSIBILIDAD DE COMUNICACIÓN E INFORMACIÓN.-

EN ESTE BLOG PRESENTAREMOS LAS NOTICIAS Y SUCESOS DEL NUESTRO MUNDO, BUSCANDO CON SABIDURÍA LA VERDAD, PARA CREAR EN NOSOTROS UN EQUILIBRIO Y UN HACER EN JUSTICIA.-

lunes, 11 de mayo de 2026

La violencia invisible de tener que ser productivos/as todo el tiempo

 


Hay épocas en las que siento que no sé existir si no estoy haciendo algo útil.

Si descanso demasiado aparece culpa. Si paro, ansiedad. Si no aprovecho el tiempo, siento que estoy fallando en algo aunque no sepa muy bien en qué. Y durante mucho tiempo pensé que eso era simplemente responsabilidad, madurez o ganas de superarme. Pero no. Muchas veces la autoexigencia no tiene que ver con querer crecer. Tiene que ver con haber aprendido a sobrevivir así.

Creo que a muchas personas nos pasa algo parecido: vivimos agotadas y aun así sentimos que deberíamos poder más.

Nos cuesta muchísimo tratarnos con la misma humanidad con la que tratamos a otros y otras. Podemos comprender el cansancio ajeno, justificar los errores de las demás, acompañar su fragilidad… pero con nosotras mismas el trato suele ser muchísimo más cruel. Como si no hubiera permiso para aflojar. Como si nuestro valor dependiera constantemente de rendir, responder, sostener, cumplir.

Y lo peor es que esta forma de vivir no aparece de la nada. Nadie nace pensando que descansar es perder el tiempo.

Muchas veces aprendimos muy pronto que equivocarnos era peligroso. Que había que hacerlo bien. Que había que ser responsables, útiles, fuertes, resolutivas. A veces porque en casa había demasiada exigencia. Otras porque había demasiado caos. A veces porque recibir reconocimiento dependía del desempeño. Otras porque entendimos que no podíamos “dar problemas”.

Y así empezamos a funcionar.

Sacando buenas notas. Adaptándonos. Haciéndonos cargo de todo. Intentando no fallar. Intentando merecer amor a través de lo que hacíamos.

Con los años eso deja de sentirse como una estrategia y pasa a convertirse en identidad. Ya no sabes quién eres sin productividad. Sin responsabilidad. Sin estar pendiente de todo. Y cuando por fin podrías descansar, no puedes. Porque la voz interna sigue funcionando sola.

“Tendrías que estar haciendo algo.”
“Podrías aprovechar mejor el tiempo.”
“No es suficiente.”
“Otros pueden más.”

Es agotador vivir con un tribunal dentro de la cabeza.

Vivimos en una época que alimenta constantemente esa lógica. Una cultura donde parar parece casi sospechoso. Donde todo el tiempo hay que mejorar, optimizarse, producir, avanzar. Donde incluso el descanso tiene que ser eficiente. Descansar para volver a rendir más.

El capitalismo no solo organiza nuestra economía. También organiza nuestra subjetividad. Nos enseña a medir nuestro valor según lo que producimos. Convierte el agotamiento en normalidad y la autoexplotación en virtud.

Por eso hay tanta gente completamente rota intentando convencerse de que el problema es que no se organiza bien.

Nos dicen que hagamos mindfulness para soportar vidas cada vez más precarias. Que aprendamos a gestionar mejor el estrés en lugar de preguntarnos por qué vivimos así. Que si no llegamos a todo, el fallo está en nosotros.

Y llega un momento en que una ya no sabe dónde termina su propia voz y dónde empieza toda esa violencia social interiorizada.

Porque claro que hay una parte personal en la autoexigencia. Hay heridas, miedo, historia emocional. Pero también hay un sistema entero beneficiándose de personas que nunca sienten que hacen suficiente.

Personas cansadas pero productivas.
Ansiosas pero funcionales.
Tristes, pero capaces de seguir trabajando.

A veces pienso que muchas de las personas que llegan a terapia no están enfermas en el sentido en que nos han enseñado. Están agotadas de sostener demasiado durante demasiado tiempo. Están cansadas de vivir en un estado permanente de exigencia interna. Cansadas de sentir que tienen que merecer constantemente su lugar en el mundo.

Y quizá una de las cosas más difíciles sea aprender que nuestro valor no depende de cuánto hacemos. Que no tendríamos que ganarnos el derecho a descansar. Que no hace falta estar produciendo todo el tiempo para merecer cuidado, amor o existencia.

Pero entenderlo con la cabeza no significa sentirlo de verdad.

Porque cuando la autoexigencia ha sido durante años una forma de supervivencia emocional, aflojar no se siente inmediatamente liberador. A veces se siente peligroso.

Y aun así, creo que hay algo profundamente importante en empezar a preguntarnos cuánto de lo que llamamos “responsabilidad” es en realidad miedo. Cuánto de nuestra productividad nace de la ilusión de que, si hacemos todo bien, estaremos a salvo.

Quizá el problema no sea que no sabemos descansar.
Quizá llevamos demasiado tiempo sobreviviendo en lugar de viviendo.

*Marta Hernández es estudiante de antropología, facilitadora grupal  y realiza tareas de  formación para el  Colectivo Orientación Vital

Si buscas un espacio para trabajar en tu bienestar emocional desde una perspectiva crítica, te invitamos a contactarnosLas sesiones son online con lo cual puedes acceder a ellas desde cualquier lugar en el que te encuentres.

Coherentes con nuestros principios sostenemos honorarios solidarios.  Si eres lector o lectora de Kaosenlared, no olvides mencionarlo cuando entres en contacto con Orientación Vital

https://kaosenlared.net/

No hay comentarios:

Publicar un comentario

ga('create', 'UA-74734975-1', 'auto'); ga('send', 'pageview');