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No en mi nombre: hijos de torturadores argentinos repudian a sus padres
LES HABLA EL PADRE ETERNO A LOS TORTURADORES
De
verdad os digo, que si uno de aquéllos que fué encarcelado, por defender
los derechos de mis humildes,
los causantes, malditos son;
así lo
pidieron estos espíritus, en su justicia final; ¡y pobres de aquéllos,
que hablen a un maldito! por la misma voz, reciben la ley de maldito;
así es la divina justicia del Padre; es expansiva; tal como lo es el
universo viviente;
he aquí a lo que llegásteis servidores de la fuerza.-
Y todo aquél ó aquélla que no sirvió a mis humildes, con todas las
fuerzas de sus corazones, recibirán la tragedia.-
Porque el todo sobre el todo, pidió participar en todo; la palabra maldito significa espíritu de las tinieblas; seres salidos de los universos de la maldad; y que pidieron probar vida en los universos de la luz; las tinieblas son también filosofías vivientes; y representan historias galácticas que se rebelaron a las escrituras y leyes del Padre Jehova; porque cada mundo como el de vosotros, tiene sus Sagradas Escrituras; nadie es desheredado; ni la materia ni el espíritu.-
Escrito por Alfa y Omega.-
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No en mi nombre: hijos de torturadores argentinos repudian a sus padres
Por Carlos Cué / Resumen Latinoamericano/
Un grupo de familiares de represores se unen para rechazar sus crímenes y exigir que cumplan sus condenas
Sus
reuniones son duras. Una especie de terapia colectiva. La mayoría lleva
años sin compartir su secreto, y tienen muchas ganas de hablar.
Necesitan sacarlo. “Al principio fue una catarsis. Acabamos llorando
casi todos. Arrastramos una cultura muy arraigada que nos dice honrarás a
tu padre. pEs muy difícil romper con eso”, cuenta María Laura
Delgadillo, una de las fundadoras de “Historias desobedientes”, el grupo
que ha conmocionado a una Argentina acostumbrada
a los relatos terribles de la dictadura. Pero este es diferente, porque
se hace desde dentro. Son los hijos de los represores, que se rebelan
contra sus padres y se unen para exigir que no salgan de la cárcel, que
cumplan sus condenas de cadena perpetua.
María Laura Delgadillo y Walter Docters durante la entrevista (foto Mariana Eliano)
Durante años, el mundo de la represión de una de las peores dictaduras del planeta se
dividía en dos, como los espacios dentro de los juicios de lesa
humanidad: por un lado, los represores y sus familias, por otro, las
víctimas y las suyas. Pero eso se acabó el día que este pequeño grupo en
el que hay sobre todo mujeres, que empezaron media docena y ahora ya
son más de 50, fue a una manifestación con una pancarta: “Hijos e hijas
de genocidas por la memoria, verdad y justicia”.
Allí estaba Analia Kalinec, hija de Eduardo Kalinec, alias doctor K,
un conocido represor que cumple cadena perpetua. O Erika Lederer, hija
de Ricardo Lederer, el obstetra que ayudó a parir a buena parte de los
hijos de desaparecidas, que se suicidó en 2012 al ver que le iban a
condenar. Erika no solo ha tenido valor para crear este grupo. También
lo tuvo para encontrarse con el nieto 106 de Abuelas de Plaza de Mayo,
al que su padre había ayudado a entregar a una familia fiel a la
dictadura. La firma de Lederer en el falso certificado de nacimiento era
su condena. Erika, también víctima de su padre, que la maltrataba,
quería saber cómo podía ayudar a Pablo, el nieto al que el Lederer le
había arruinado la vida.
Todos arrastran historias así, por eso sus reuniones son difíciles.
“Algunos solo hemos recibido caricias de una mano contaminada por la
tortura”, contó uno de ellos en la última cita. Muchos sufren
consecuencias físicas de tanta tensión, se enferman. Tiene apoyo de
psicólogos para que les ayuden a contar. Todos superan los 40 años,
algunos llegan a 60, y sus padres se están muriendo. Lo que más les
angustia es que lo hacen sin contar nada, sin decir dónde están los
desaparecidos. Porque el gran sueño de muchos de estos hijos es convencer a sus
padres de que se arrepientan y ayuden a encontrar los cuerpos de los
desaparecidos o los nietos aún sin recuperar. “Queremos romper el pacto
de silencio que hay entre ellos. En las familias a veces hay datos que
pueden reconstruir la historia. Si conseguimos unirlos podemos ayudar a
otras víctimas”, explica María Eugenia Vergera, otra miembro del grupo,
que tiene doble condición: es sobrina de un represor y a la vez esposa
de un desaparecido.
El grupo de hijos de represores en su primera aparición pública en Buenos Aires, el 3 de junio pasado.AFP
El sueño sería que los hijos lograran convencer a los padres. Pero no
se engañan, ahora mismo parece imposible. El pacto de silencio de los
represores ha resistido. Nadie se ha arrepentido ni ha dado un solo dato
de una fosa común. Ni siquiera ante sus hijos. Liliana Furió, hija de
un conocido represor de Mendoza, condenado a perpetua en 2013, lo
intentó muchas veces. Hasta que él le gritó “No se hablé más, si tuviera
que volverme a poner la capucha lo volvería a hacer”. Ahora él está
senil, y ella lo visita en su arresto domiciliario. Algunos tienen
relación con sus padres, otros no. Muchos han fallecido. “Mi padre se murió discutiendo conmigo”, cuenta Walter Docters. Su
padre era represor y él luchaba contra la dictadura, pasó varios años en
la cárcel. Pero no lo mataron precisamente por su apellido, porque
Echecolatz, que dirigía la represión en la provincia de Buenos Aires, le
prometió a su padre que lo salvaría. “Era de ideología nazi, era
arquitecto y trabajó con Echecolatz en el diseño de los lugares donde
tenían a los detenidos. Yo militaba en el ERP pero él logró que no me
mataran”. También le pidió muchas veces que confesara, sin éxito. “Me
decía tú tienes tus compañeros, yo los míos. Ellos te mantuvieron con
vida, cumplieron, yo no voy a ir contra los muchachos”. Precisamente el conmovedor testimonio de la hija de Echecolatz, que apareció en la revista Anfibia, impulsó a muchos de estos hijos a unirse. Algunos ya habían aparecido con sus historias en el libro Hijos de los 70 (Sudamericana)
de Carolina Arenes y Astrid Pikielny, un texto sobrecogedor. Pero
Mariana, que ya no se apellida Echecolatz porque se lo cambió, removió
muchas cosas al contar el horror de ser hija de ese monstruo que también
lo era en casa, como muchos de ellos. Aunque no todos, algunos se
comportaban como padres muy cariñosos. Quieren justicia. Exigen que a sus familiares no se les apliquen un beneficio, el llamado dos por uno (dos días por cada uno pasado en prisión preventiva) que sacaría a muchos a la calle. Algunos tienen terror ante la idea de que sus padres salgan libres. A otros, como Delgadillo, cuyo padre murió sin condena, les mueve una
necesidad de hacer algo para reparar un daño que ni siquiera conocen
del todo. “Mi papá era comisario de policía. Un día encontré una capucha
entre sus cosas. Alguna vez trajo ropa, zapatos, un reloj, un
microscopio, de sus operativos. Mi madre siempre nos prohibió tocar esas
cosas. Lo quemó todo salvo el microscopio. Era muy violento, nos pegaba
con una caña. Mi mamá se intentó suicidar metiéndose en un cuartel de
noche, para que mi viejo viera cómo eran sus compañeros, pero no le
dispararon”. Otros sí conocen con detalle los crímenes de sus padres, los han
leído en sentencias judiciales, han escuchado los testimonios de las
víctimas. Y les cuesta vivir con ese peso. Por eso se unen. Están
recibiendo mensajes de todo el mundo, y en Chile algunos hijos de
represores quieren organizar algo parecido. Todos quieren gritar lo
mismo: no en mi nombre.
http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/07/11/no-en-mi-nombre-hijos-de-torturadores-argentinos-repudian-a-sus-padres/ --------------------------------------------- NOS ENSEÑA EL PADRE ETERNO SOBRE LOS MILITARES
Las
llamadas fuerzas armadas, son filosofías hipócritas; nunca tomaron en
cuenta a mis humildes, por sobre todas las cosas; he aquí un falso
concepto del patriotismo; si no servía a mis humildes por sobre todas
las cosas, ¿a quién servísteis? ó se sirve a la luz, ó se sirve a las
tinieblas; vuestras conciencias os acusarán de engañadores en el reino
del Padre; y tendréis que pagar segundo por segundo, el tiempo que duró
el engaño; todos los poros, células, virtudes, moléculas, de todos a
quienes engañásteis, os acusarán en el Reino del Padre; y cada uno de
ellos, representa una existencia, que deberéis cumplir fuera del Reino
de los Cielos; por vosotros fué escrito: el que mata a espada, muere a
espada; quise deciros: el que emplea la fuerza, cae por la fuerza; en
otras existencias y en lejanos mundos, vosotros seréis víctimas de la
fuerza; porque todo espíritu nace de nuevo a nuevas existencias; con la
filosofía ó vara que medísteis en un mundo, así seréis medidos en la
Tierra y en otros mundos; de verdad os digo, que maldeciréis vuestros
uniformes, en el llorar y crujir de dientes; con ellos engañásteis al
pueblo; en otras existencias hicísteis lo mismo; en otros naceres de
nuevo; en esta existencia, pedísteis al Padre, no volver a servir al
demonio de la fuerza; y volvísteis a caer; ninguno que vistió uniforme,
entrará al Reino de los Cielos; he aquí una de las formas, de que se
valió satanás, para engañaros; explotó astutamente, el concepto
pasajero, de lo que llamáis patriotismo; de verdad os digo, que el
verdadero patriotismo, sale de la moral de mis escrituras; y no de las
violaciones de los hombres; la moral de lo falso es fruto falso; de
verdad os digo, que si uno de aquéllos que fué encarcelado, por defender
los derechos de mis humildes, los causantes, malditos son; así lo
pidieron estos espíritus, en su justicia final; ¡y pobres de aquéllos,
que hablen a un maldito! por la misma voz, reciben la ley de maldito;
así es la divina justicia del Padre; es expansiva; tal como lo es el
universo viviente; he aquí a lo que llegásteis servidores de la fuerza; y
todo aquél ó aquélla que no sirvió a mis humildes, con todas las
fuerzas de sus corazones, recibirán la tragedia; la
tragedia de no entrar al Reino de los Cielos; así lo pidieron al Padre,
si llegasen a violar la ley del Padre; y la violaron; todo lo que
hicísteis en este mundo, fuera de las escrituras, os traerá llorar y
crujir de dientes; porque se está con el Padre, ó no se está.-
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