Red Voltaire | 19 de abril de 2025

Una auténtica avalancha de peticiones escritas de militares y reservistas en una semana parece mostrar que en la sociedad israelí se va abriendo paso la convicción de que la estrategia del gobierno del primer ministro Benyamin Netanyahu en la franja de Gaza no permitirá recuperar a los rehenes ni vencer al Hamas.
• El 10 de abril, 970 reservistas de la fuerza aérea de Israel, algunos ya retirados, firmaron una petición que estremeció la opinión pública. Los firmantes reclaman la conclusión de un acuerdo que ponga fin a las operaciones militares en Gaza y que garantice por fin la liberación de los israelíes que todavía están en manos del Hamas. Opinan además que la continuación de la “guerra” en Gaza sirve sobre todo a intereses personales y políticos y no a la seguridad de la nación y exhortan sus conciudadanos israelíes a respaldar esas exigencias, donde quiera que estén y por todos los medios.
Entre las personalidades que apoyaron a los firmantes hay varios ex responsables del Mosad y un ex jefe del estado mayor de las fuerzas armadas israelíes, quienes describieron las maniobras gubernamentales como esfuerzos por «ahogar la disidencia civil».
El gobierno de Netanyahu decidió que los firmantes de esa petición serían excluidos del servicio activo. Ante esa medida, 25 firmantes iniciales se retiraron de la petición. Pero, horas después, 150 oficiales de la marina israelí en situación de retiro emitieron su propio texto, donde escriben: «Seguir la guerra nos aleja de la liberación de los rehenes, pone en peligro a nuestros soldados y perjudica a los civiles inocentes. En vez de adoptar medidas dirigidas a avanzar hacia un acuerdo de liberación de los rehenes, lo que estamos viendo es un comportamiento del gobierno que socava las bases del espíritu del Estado, daña la confianza del público y suscita serias sospechas en cuanto al hecho que las decisiones de seguridad nacional se toman por consideraciones ilegítimas.»
• El primer ministro, Benyamin Netanyahu, respondió el 11 de abril afirmando que esos textos habían sido «escritos por un pequeño grupo de radicales, manejados por organizaciones financiadas desde el extranjero con un solo objetivo: derrocar el gobierno de derecha. No es una ola. No es un gobierno. Es un pequeño grupo ruidoso, anarquista y desconectado que se compone de retirados –que en su mayoría no han prestado servicio en años.»
• Pero el 14 de abril, 1 525 militares del Armored Corps (cuerpo acorazado) publicaron otro texto, por iniciativa del coronel Rami Matan, ex vicecomandante de la brigada Yiftah. Entre los firmantes de ese texto se cuentan Ehud Barak, ex primer ministro y ex jefe del estado mayor de las fuerzas armadas de Israel; el general Amram Mitzna, hoy jefe del Partido Laborista; y Amos Malka Halutz, ex jefe de la inteligencia militar.
• Anteriormente, el 11 de abril, el mismo día de la respuesta de Netanyahu, más de 250 veteranos de la Unidad 8200 –la unidad de inteligencia electrónica– ya habían emitido otra petición: «Nos asociamos al llamado de las tripulaciones para exigir el regreso urgente de los rehenes, aunque haya que poner fin de inmediato a la guerra. Apoyamos y nos asociamos a la declaración grave e inquietante de que, en este momento, la guerra sirve principalmente intereses políticos y personales y no los intereses de seguridad.»
Rápidamente, más de 1 000 reservistas de la Unidad 8200 firmaron también ese texto. A ellos se unieron después 500 empresarios del sector.
• También el 11 de abril, 1 500 veteranos de las unidades de infantería del ejército, de los paracaidistas y de las fuerzas especiales, incluyendo veteranos de los comandos de élite Sayeret Matkal, Shayet 13 y Shaldag, publicaron otra petición, llamando a poner fin a las hostilidades: «Estamos decididos a ejercer nuestros derechos civiles y a advertir en contra de la continuación a largo plazo de esos combates, que ponen en peligro las vidas de los rehenes, de los soldados y de los civiles y cuya continuación parece motivada por consideraciones políticas.»
• El 13 de abril, 250 veteranos del Mosad firmaron una carta donde exigen poner fin a la guerra y obtener la liberación de los rehenes. Entre los firmantes figuran 3 ex jefes del Mosad (Danny Yatom, Efraim Halevy y Tamir Pardo), un ex subdirector del Mosad y decenas de altos funcionarios en situación de retiro.
• El 14 de abril, 100 ex alumnos del Colegio de Seguridad Nacional –donde se forman los altos responsables del ejército, del sector de la defensa y del gobierno israelíes– firmaron una carta similar, cuyo texto resalta que los soldados y los civiles no pueden ser abandonados a su suerte y que el valor moral supremo es la solidaridad. Observan a continuación que desde hace un año y medio «el Estado de Israel no ha logrado concretar este valor».
• Shin Bet Veterans for Democracy, un grupo de cientos de ex miembros de ese órgano israelí de inteligencia interna que se han unido a las protestas contra el “golpe de Estado judicial” del gobierno de Netanyahu, publicó una declaración de apoyo a las «peticiones de nuestros hermanos de armas» y señaló que esas peticiones «expresan la profunda deterioración de la confianza del público en el gobierno».
• El 14 de abril, más de 3 000 responsables del sector de la educación firmaron una petición donde exigen el fin de la guerra y el regreso de todos los rehenes. Los firmantes presentan su texto como «un llamado a negarse [a continuar las hostilidades], es un llamado a salvar vidas».
• El 15 de abril, unos 200 diplomados del prestigioso programa Talpiot, cuyos participantes cursan estudios de matemáticas y ciencias mientras cumplen su servicio militar en el campo de la investigación y el desarrollo, publicaron una carta exigiendo el regreso de los rehenes y el fin de la guerra, al tiempo que expresaban su apoyo a los reservistas de la fuerza aérea. «El llamado a salvar los civiles y soldados cautivos es un llamado moral básico en la escala de los valores que nos han sido inculcados», resaltan en su carta.
• El mismo día, 15 de abril, unos 250 veteranos y reservistas de la unidad de los comandos navales de élite Shayet 13 –algunos ya habían firmado la petición de las fuerzas especiales– publicaron su propia carta abierta.
• También el 15 de abril, unos 120 veteranos, oficiales y reservistas, que se identificaron por su nombre, la inicial de su apellido y su grado militar, publicaron una carta dirigida a los miembros de la División de Operaciones Especiales de la Dirección de la Inteligencia Militar: «Nosotros, que hemos prestado servicio durante numerosos años en el corazón mismo de la seguridad israelí, bajo gobiernos de derecha y de izquierda, y como ciudadanos patriotas y respetuosos de la ley, declaramos claramente que el gobierno israelí y el individuo que lo encabeza constituyen una amenaza clara e inmediata para la seguridad israelí y las vidas de los rehenes.»
• El 16 de abril, 200 comisarios, comandantes y oficiales de la policía israelí también publicaron una carta exigiendo el regreso de los rehenes, aunque haya que detener la guerra.
• Alrededor de 500 graduados del curso de oficiales de élite de la marina israelí, entre ellos 4 ex comandantes de la marina, firmaron una carta donde exigen «el fin de la guerra, un reexamen de la política y la adopción de medidas diplomáticas para recuperar los rehenes y regresar a la seguridad en Israel».
Algunas personalidades, como el general Dan Haloutz, ex jefe del estado mayor, ahora describen abiertamente al primer ministro Netanyahu como el principal enemigo del pueblo judío y exigen que sea arrestado.
Sin embargo, esas mismas personalidades israelíes pasan por alto el hecho que los sionistas revisionistas, en cuya ideología se inspira la coalición de gobierno de Netanyahu, fueron aliados del fascista italiano Benito Mussolini y del nazi Adolf Hitler y cómplices de los crímenes cometidos contra los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. De hecho, las criticas se limitan generalmente a la conducción de “la guerra” en Gaza, pero todavía parece demasiado pronto para que los israelíes sean capaces de analizar lo que han vivido en los últimos años.
Se trata a la vez de una rebelión contra el populismo de los sionistas revisionistas y contra el proyecto de “guerra sin fin” del que son portadores.
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