

Los grupos extremistas de colonos israelíes en Cisjordania: un brazo no oficial para la ocupación de la tierra Palestina
En las colinas que se extienden en la Cisjordania entre Nablus, Jerusalén, Ramala y Hebrón, se ha formado un fenómeno de asentamientos en expansión, representado por organizaciones terroristas judías extremistas y armadas, que se han ido transformando gradualmente en organizaciones de violencia organizada después de haber sido armadas por el ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben Gvir. Estas organizaciones practican actos diarios de intimidación contra los pueblos y las comunidades palestinas.
Estas organizaciones terroristas, compuestas en su mayoría por jóvenes colonos religiosos y extremistas ideológicos, se han convertido en el brazo operativo más peligroso del proyecto de control israelí sobre los territorios de Cisjordania. Operan fuera de cualquier marco oficial declarado, pero actúan en claro alineamiento con las políticas gubernamentales de expansión de los asentamientos en las áreas “C”.
Recientemente, ha destacado el nombre de un nuevo grupo terrorista conocido en los medios hebreos como Barbarim HaGvaot, traducido por los medios árabes como “Bestias de las Colinas”. Este grupo está compuesto por decenas de colonos que han convertido las llanuras y granjas palestinas en un escenario recurrente de sus ataques, mediante la quema de cultivos, la irrupción en aldeas y las agresiones contra pastores y agricultores, en una escena que el diario hebreo Yediot Aharonot describió como la encarnación de una nueva ola de extremismo descontrolado.
Según un informe publicado por el diario hebreo y difundido por la agencia palestina Ma’an en octubre de 2025, la actividad de este grupo terrorista representa una fase cualitativa en la escalada de la violencia de los colonos. Las colinas situadas entre Nablus y Ramala y al sur de Hebrón se han convertido en puntos de combustión permanente, donde se gestionan enfrentamientos contra los agricultores palestinos con el apoyo indirecto de las fuerzas de ocupación desplegadas en esas zonas.

Las organizaciones terroristas extremistas de colonos en las colinas palestinas
1) Las bandas “Price-Tag” (Precio a Pagar)
Estas bandas extremistas surgieron alrededor del año 2008 como una táctica de represalia ejercida por colonos extremistas contra los palestinos, como reacción a la demolición de asentamientos ilegales o a decisiones gubernamentales israelíes que consideran un obstáculo para el proyecto de colonización.
Estas bandas recurren a actos de sabotaje deliberado que incluyen incendiar olivos y cultivos, destruir propiedades, profanar lugares de culto, mezquitas e iglesias, y escribir consignas racistas en las paredes. Sus ataques se llevan a cabo normalmente durante la noche o al amanecer, acompañados de la firma característica “Price Tag”, convirtiendo cada agresión en una señal provocadora evidente que indica un patrón repetitivo y continuo de violencia sistemática.
2) La organización “Jóvenes de las Colinas”
Esta organización surgió entre 1999 y 2000; es un movimiento juvenil de colonos extremistas conocido por establecer asentamientos improvisados en las cimas de las colinas y por actuar fuera del marco legal oficial. Su ideología oscila entre el extremismo religioso y nacionalista, con vínculos históricos con algunas facciones kahanistas.
A pesar del carácter desorganizado de estas bandas y la ausencia de un liderazgo central claro, poseen un núcleo duro de elementos violentos que participan regularmente en actos de vandalismo y redadas contra palestinos. Con frecuencia toman parte en ataques firmados bajo el sello de Price Tag. Informes de organizaciones de derechos humanos han confirmado la implicación de estos grupos en incendios y agresiones individuales sistemáticas, convirtiéndolos en el brazo operativo más peligroso del sistema de violencia organizada de los colonos en Cisjordania, lo que llevó al Departamento del Tesoro estadounidense a incluirlos en la lista de sanciones el 1 de octubre de 2024.
3) “Chicas de las Colinas” – Hilltop Girls
Estas bandas femeninas constituyen una extensión o versión paralela de los Jóvenes de las Colinas, aunque a veces presentan cierto grado de independencia organizativa. Las chicas adoptan la misma ideología y los mismos patrones de comportamiento hostil: vivir en las colinas, movilización sobre el terreno y participación en actos de robo o acoso a agricultores, encubriendo sus actividades bajo lo que denominan tareas agrícolas.
En los últimos días, informes mediáticos y videos en redes sociales han documentado su participación en actos de vandalismo y robo de cultivos y propiedades, lo que refleja un papel creciente de las mujeres en la violencia ejercida por los colonos dentro de estas organizaciones juveniles.
4) “Bárbaros de las Colinas” – Hilltop Beasts
Un término mediático reciente adoptado por medios hebreos como Ynet y Yediot Aharonot en octubre de 2025 para describir a grupos juveniles aún más extremistas y violentos en las colinas, caracterizados como agrupaciones descontroladas y peligrosas.
Entre sus acciones documentadas figuran disparos, incendios de cultivos, viviendas y vehículos, agresiones a agricultores, y ataques nocturnos recurrentes contra aldeas y comunidades palestinas aisladas. Estas bandas representan el grado más extremo de violencia no oficial de los colonos, liderando ataques terroristas cuasi organizados contra civiles palestinos, ante los cuales la ley suele mostrarse incapaz de responsabilizarlos de manera efectiva.

Apoyo y cobertura: protección sobre el terreno, patrocinio político y financiación organizada
Aunque los sucesivos gobiernos israelíes han declarado que los asentamientos establecidos sin permisos oficiales son considerados ilegales, la realidad sobre el terreno revela un sistema de protección efectiva proporcionado por la institución militar a esos enclaves.
Según un informe publicado por la organización de derechos humanos B’Tselem en marzo de 2024, los soldados israelíes se encuentran con frecuencia cerca de los lugares donde los colonos llevan a cabo agresiones contra palestinos, limitándose a observar sin intervenir para prevenirlas o responsabilizar a los agresores. La organización documenta incluso que el ejército detiene en algunos casos a los propios palestinos bajo el pretexto de “alteración del orden”, mientras los colonos atacantes se retiran sin ser interrogados ni perseguidos legalmente.
En el plano político, estos grupos extremistas, especialmente los Jóvenes de las Colinas y las Granjas de las Colinas, reciben un apoyo explícito de los líderes de la derecha religiosa extremista en Israel. El partido Sionismo Religioso, encabezado por Bezalel Smotrich, y el partido Otzma Yehudit (Poder Judío), liderado por Itamar Ben Gvir, promueven un discurso que llama a la colonización en todas partes, incluyendo la legalización de los asentamientos improvisados creados por los Jóvenes de las Colinas.
Smotrich, en su calidad de ministro de Finanzas y responsable de la Administración Civil en Cisjordania, ha desviado presupuestos gubernamentales para desarrollar infraestructura y servicios en esos enclaves, como carreteras, agua y electricidad, un paso que observadores consideran una legitimación de facto del asentamiento ilegal.
A esto se suma la llamada del ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, a los israelíes para portar armas “en todas partes”, lo que agrava aún más la situación. Durante los dos últimos años, Ben Gvir ha supervisado el armamento de decenas de miles de colonos mediante facilidades excepcionales para la obtención de licencias de armas. Cuando un ministro israelí lanza esta invitación en un entorno como Cisjordania, no significa tanto reforzar la seguridad como convertir a cada colono en una fuerza armada independiente, capaz de ejercer violencia y terrorismo sin freno institucional.
En cuanto a la financiación privada, investigaciones hebreas e internacionales señalan que asociaciones judías de derecha en Estados Unidos y Europa financian directa o indirectamente proyectos agrícolas conocidos como “granjas bíblicas”, que en realidad constituyen un encubrimiento para apropiarse de tierras palestinas bajo el lema de “revivir la agricultura bíblica en la tierra de los antepasados”.
Entre las entidades financiadoras mencionadas en informes de Haaretz y Times of Israel se encuentran:
La fundación Regavim, cercana a Smotrich, que coordina actividades de defensa legal de colonos en asentamientos no autorizados.
La organización Amana, que gestiona varios proyectos agrícolas en Cisjordania y es considerada el brazo ejecutivo del movimiento de colonización Gush Emunim; además, figura en la lista de sanciones estadounidenses.
Organizaciones benéficas en Estados Unidos, como Central Fund of Israel y Hebron Fund, acusadas de financiar infraestructura y equipos para granjas establecidas en tierras palestinas privadas (3).
En conclusión, estos grupos terroristas no actúan en el vacío, sino que operan dentro de una red de apoyo tridimensional, lo que los convierte en una herramienta no oficial de la política de expansión de los asentamientos destinada a imponer el control israelí total sobre las áreas “C” de Cisjordania. Las tres dimensiones son:
Protección sobre el terreno por parte del ejército israelí.
Cobertura política de los partidos de la derecha religiosa extremista.
Financiación privada y religiosa procedente de asociaciones judías en el extranjero.
Apuntar a los palestinos: desde la quema hasta el desplazamiento
Los ataques atribuidos a las organizaciones terroristas como los Jóvenes de las Colinas, los asentamientos de las colinas y los Bárbaros/Bestias de las Colinas no son simples incidentes aislados, sino un patrón sistemático y recurrente que incluye sabotaje, agresiones físicas y procesos de desplazamiento forzoso:
• Agresiones físicas y disparos:
La organización al-Baidar ha documentado decenas de casos en los que ciudadanos, incluidos niños y mujeres, fueron víctimas de agresiones físicas directas por parte de soldados y colonos. También se documentaron incidentes de disparos reales y directos contra civiles, que provocaron heridas de diversa gravedad y el martirio de varios ciudadanos. Estas agresiones coincidieron con actos de intimidación sistemática y amenazas a los civiles dentro de sus hogares y tierras agrícolas.
• Quema y vandalización de olivos y cultivos:
La organización al-Baidar documentó incendios extensos en tierras de aldeas como Turmus Ayya, al noreste de Ramala, donde colonos incendiaron viñedos de olivos e impidieron a los agricultores acceder a sus tierras. Estos incidentes también fueron reportados por medios locales e internacionales con documentación visual, y confirmados en informes de OCHA como parte del seguimiento de los ataques de colonos contra tierras palestinas.
• Incendio de propiedades e irrupciones en aldeas:
Varias aldeas palestinas han sido objeto de ataques repetidos que incluyeron la quema de viviendas y vehículos, el apedreamiento de residentes y enfrentamientos nocturnos con colonos enmascarados, el más reciente de ellos el incendio de la fábrica y los vehículos de la familia al-Janidi en la aldea de Beit Lid. Informes de B’Tselem y datos de Yesh Din mostraron la ausencia de intervención militar efectiva y la inexistencia de responsabilidad judicial, lo que convierte estos ataques en parte de una política de hechos consumados sobre el terreno.
• Agresiones físicas contra agricultores y pastores y prohibición de acceso a sus tierras:
La organización al-Baidar documentó casos de agresiones físicas, robos, envenenamiento de ganado, sabotaje de redes de riego, quema de equipos agrícolas y colmenas, así como la destrucción de paneles solares y tanques de agua. Todo ello contribuyó a vaciar las tierras de sus propietarios y profundizó la crisis económica en las aldeas agrícolas y beduinas.
• Establecimiento de puestos pastoriles y tiendas armadas para declararlas posteriormente como “tierras del Estado”:
Este patrón de colonización pastoril, documentado con precisión por la organización al-Baidar en el Valle del Jordán y otras zonas, incluye la instalación de tiendas, caravanas y equipos agrícolas en tierras tradicionalmente utilizadas por comunidades beduinas para el pastoreo, acompañadas de hostigamientos hasta forzar a los residentes palestinos a marcharse.
• Desplazamiento forzoso de comunidades beduinas y agrícolas:
La organización al-Baidar registró el desplazamiento de miles de residentes beduinos y comunidades rurales debido a amenazas, ataques nocturnos y confiscaciones. Informes de OCHA y UNICEF mostraron que el número de palestinos que han perdido el acceso a sus viviendas y tierras desde finales de 2023 hasta 2025 superó varios miles, con un aumento récord en incidentes de violencia y apropiación de tierras.
Impacto sobre el terreno y la realidad palestina: cambios tangibles y desgaste progresivo
Las organizaciones terroristas, los Jóvenes de las Colinas, Price-Tag y sus ramas como las Chicas de las Colinas, además de los grupos conocidos como Bestias de las Colinas, desempeñan un papel activo en redefinir los mapas sobre el terreno en Cisjordania, de una manera que supera el simple asentamiento tradicional o la actividad agrícola. Tras cada ola de agresiones, la realidad palestina experimenta una serie de transformaciones concretas:
Confiscación gradual de tierras:
Las familias palestinas son privadas del acceso a sus tierras después de los ataques, incluidos incendios de olivos, destrucción de cultivos o la instalación de tiendas de colonos o barreras militares que impiden el regreso. En muchos casos, las tierras confiscadas se convierten rápidamente en granjas pastoriles o pequeños puntos religiosos administrados por colonos, antes de evolucionar en pocos meses hacia asentamientos permanentes conectados posteriormente con la red de colonias más grandes, consolidando así el control de facto sin ninguna decisión oficial o legislación gubernamental anunciada.
Empobrecimiento de las aldeas agrícolas palestinas:
Impedir que los palestinos accedan a sus tierras supone la pérdida de su principal fuente de subsistencia, ya sea mediante la quema de cultivos o la destrucción de infraestructura agrícola. Muchas aldeas palestinas como Turmus Ayya, Deir Dibwan, Burin, Silwad, Farkha y Kifl Haris han experimentado una disminución en la producción de aceitunas y cultivos anuales, lo que ha exacerbado la crisis de pobreza y ha incrementado el desplazamiento gradual de la población hacia áreas más seguras.
Conversión de las colinas palestinas en zonas cerradas:
Con el tiempo, las colinas ubicadas entre Nablus, Ramala, Jerusalén y el sur de Hebrón se convierten en áreas cerradas bajo control de los colonos, con puntos de vigilancia y tiendas armadas, mientras se prohíbe a los residentes locales transitar o realizar actividades agrícolas. Este control sobre el terreno vuelve las tierras inutilizables para los palestinos, reproduciendo un nuevo reparto demográfico y económico que sirve a los objetivos de expansión de los asentamientos.
Legitimación del hecho consumado mediante el discurso oficial:
En el discurso israelí, estas tierras y áreas suelen presentarse como zonas en disputa o sin soberanía definida, mientras que la realidad sobre el terreno muestra que los grupos armados israelíes no oficiales se han convertido en la herramienta más eficaz para afianzar el control sobre tierras palestinas y construir una red de puntos permanentes que refuerzan el asentamiento ilegal de manera sistemática, en consonancia con los planes de expansión en las áreas “C” de Cisjordania.
En consecuencia, las acciones de estas organizaciones extremistas y armadas no afectan únicamente al individuo, la aldea o la comunidad palestina, sea agrícola o pastoril, sino que producen transformaciones estratégicas sobre el terreno que redefinen los mapas agrícolas y demográficos, estableciendo una hegemonía a largo plazo sobre vastas zonas de las colinas palestinas bajo el pretexto de la actividad agrícola y religiosa, en ausencia de cualquier rendición de cuentas legal efectiva.

Violencia no oficial dentro de un marco político oficial
El fenómeno de los Jóvenes de las Colinas y las bandas derivadas de ellos, incluidas las Bestias de las Colinas, representa un cambio cualitativo peligroso en la naturaleza del asentamiento israelí en Cisjordania, convirtiéndose en una herramienta práctica para reforzar el control israelí e imponer una realidad sobre el terreno con características similares a una política de limpieza gradual destinada a desplazar a los habitantes palestinos propietarios de la tierra y redibujar el mapa demográfico.
Informes de organizaciones de derechos humanos israelíes e internacionales como B’Tselem y Yesh Din señalan que el ejército israelí no solo observa en silencio en ocasiones, sino que se convierte en un actor activo en la consolidación del control. En numerosos incidentes sobre el terreno, los soldados protegen a los colonos mientras estos ejecutan ataques contra agricultores palestinos, o hacen la vista gorda ante el sabotaje de tierras. En otros casos, el ejército detiene al palestino que intenta proteger su tierra, mientras los colonos se retiran sin rendir cuentas, convirtiendo así la violencia individual o colectiva en una política de hecho consumado.
Esta cobertura militar proporciona legitimidad implícita al patrón de violencia no oficial y refuerza la capacidad de los colonos para convertir tierras palestinas privadas en asentamientos permanentes, o en granjas pastoriles y puntos religiosos que posteriormente se conectan con la red más amplia de colonias.
Desde el punto de vista estratégico, estas bandas funcionan como un brazo no oficial del Estado ocupante, ejecutando los objetivos de expansión de los asentamientos sobre el terreno sin necesidad de pasar por decisiones legales formales, lo que refleja una transformación del asentamiento: de un proyecto residencial a una herramienta de presión y apropiación territorial.
Por lo tanto, la violencia ejercida por los Jóvenes de las Colinas y las bandas de las Bestias de las Colinas no constituye simplemente agresiones individuales o actos aislados de vandalismo, sino parte de un mecanismo sistemático para redefinir el control sobre la tierra palestina, paralelo a una cobertura política y militar indirecta, lo que los convierte en una herramienta no oficial para lograr los objetivos del Estado colonizador y sienta las bases para un cambio demográfico y estratégico a largo plazo en Cisjordania.
Violación de los derechos humanos
Los ataques recurrentes llevados a cabo por organizaciones terroristas armadas como los Jóvenes de las Colinas, Price-Tag y las Bestias de las Colinas constituyen actos hostiles dirigidos de manera explícita contra civiles palestinos, lo cual está prohibido por el derecho internacional humanitario según el Cuarto Convenio de Ginebra, que garantiza la protección de los civiles y los bienes civiles en los territorios ocupados.
El hecho de que estas bandas apunten a los agricultores mientras trabajan, así como a las propiedades agrícolas, viviendas e infraestructura básica, se clasifica como crímenes de guerra dentro del contexto de la ocupación. La responsabilidad por estas violaciones recae en todos los involucrados, ya sea mediante participación directa, apoyo o tolerancia. La frecuencia regular de estos ataques indica un patrón sistemático de violencia organizada que no puede interpretarse como incidentes aislados, lo que destaca la responsabilidad jurídica y política del Estado de Israel de proteger a la población civil palestina bajo ocupación.
En cuanto a los derechos humanos, los palestinos que viven en las zonas objeto de ataques sufren una amenaza continua a sus derechos fundamentales. Estas amenazas incluyen el derecho a la vida y a la seguridad personal, ya que los ataques nocturnos y las agresiones físicas siembran el terror entre los residentes y provocan daños físicos y psicológicos recurrentes. Asimismo, sus derechos a la propiedad y a la libre circulación se ven afectados, ya que la quema de campos, la destrucción de bienes agrícolas y la toma de tiendas y viviendas minan su capacidad de ganarse la vida y restringen su movilidad. Estas violaciones representan un incumplimiento flagrante de los tratados internacionales de derechos humanos, incluido el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y reflejan una brecha en la aplicación de la ley, pues a menudo estos grupos extremistas quedan impunes y no son procesados de manera seria.
A nivel internacional, la persistencia de estas violaciones tiene amplias repercusiones. Genera críticas diplomáticas frecuentes y aumenta la presión sobre las organizaciones internacionales de derechos humanos para exigir al gobierno israelí garantizar la protección de los civiles palestinos. También constituye un gran obstáculo para cualquier negociación política futura, al debilitar la confianza entre las partes e incrementar la dificultad de alcanzar una solución pacífica duradera. Además, estas violaciones perpetúan una situación de impunidad sobre el terreno, consolidando un ambiente de tensión permanente e inestabilidad regional, y complicando los esfuerzos de la comunidad internacional para imponer el respeto del derecho internacional y proteger los derechos humanos.

Conclusión: entre la violación sistemática de la ley y la necesidad de intervención internacional
Mientras Israel procura presentarse ante la comunidad internacional como un Estado que respeta la ley y los derechos humanos, la realidad en Cisjordania muestra la existencia de entidades extremistas que operan bajo una cobertura oficial y efectiva, como las bandas de las Bestias de las Colinas, que representan una extensión de prácticas juveniles extremistas presentes desde hace décadas dentro de lo que se conoce como los Jóvenes de las Colinas.
Estas bandas no se limitan a agredir físicamente a los palestinos, sino que se apropian de sus tierras, desplazan comunidades enteras y privan a los habitantes de sus recursos agrícolas, lo que constituye una violación flagrante de las leyes internacionales, incluyendo el Cuarto Convenio de Ginebra, que prohíbe la confiscación de bienes civiles bajo ocupación y el desplazamiento forzoso, así como el derecho internacional de los derechos humanos, que garantiza el derecho a la vida, la vivienda, la movilidad y el trabajo.
La complicidad del gobierno israelí o su silencio oficial, junto con la protección del ejército a los colonos, convierte estas violaciones en parte de una política sistemática que transforma la violencia individual en una herramienta para cambiar los hechos sobre el terreno e imponer una política de anexión gradual no declarada. A través de estas prácticas, los objetivos de expansión de los asentamientos se materializan sin decisiones oficiales ni negociaciones, sino mediante la quema de olivos, la destrucción de viviendas palestinas y el desplazamiento de poblaciones.
De aquí surge la urgencia y necesidad de una intervención internacional:
• Para garantizar la protección de los civiles palestinos en sus tierras y preservar sus vidas y propiedades.
• Para responsabilizar a los ejecutores y a quienes apoyan estos actos en los niveles militar y político.
• Para restablecer el respeto al derecho internacional y detener la impunidad que refuerza los asentamientos ilegales y destruye el tejido social y económico palestino.
En resumen, el fenómeno de las Bestias de las Colinas y grupos similares no constituye simples disturbios o violencia esporádica, sino una herramienta terrorista organizada para cambiar la realidad sobre el terreno por la fuerza, bajo un paraguas oficial dentro de la política estatal. Representa una violación clara y continua del derecho internacional y de los derechos humanos, y requiere que la comunidad internacional actúe de manera efectiva para detenerla antes de que amplias zonas de Cisjordania se conviertan en un estado permanente de ocupación ilegal y desplazamiento forzoso.
Dr. Rasem Bisharat es Doctor en Estudios de Asia Occidental y Comisionado de Relaciones Exteriores de la organización Al-Baidar para la defensa de los beduinos y las aldeas afectadas
En las colinas que se extienden en la Cisjordania entre Nablus, Jerusalén, Ramala y Hebrón, se ha formado un fenómeno de asentamientos en expansión, representado por organizaciones terroristas judías extremistas y armadas, que se han ido transformando gradualmente en organizaciones de violencia organizada después de haber sido armadas por el ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben Gvir. Estas organizaciones practican actos diarios de intimidación contra los pueblos y las comunidades palestinas.
Estas organizaciones terroristas, compuestas en su mayoría por jóvenes colonos religiosos y extremistas ideológicos, se han convertido en el brazo operativo más peligroso del proyecto de control israelí sobre los territorios de Cisjordania. Operan fuera de cualquier marco oficial declarado, pero actúan en claro alineamiento con las políticas gubernamentales de expansión de los asentamientos en las áreas “C”.
Recientemente, ha destacado el nombre de un nuevo grupo terrorista conocido en los medios hebreos como Barbarim HaGvaot, traducido por los medios árabes como “Bestias de las Colinas”. Este grupo está compuesto por decenas de colonos que han convertido las llanuras y granjas palestinas en un escenario recurrente de sus ataques, mediante la quema de cultivos, la irrupción en aldeas y las agresiones contra pastores y agricultores, en una escena que el diario hebreo Yediot Aharonot describió como la encarnación de una nueva ola de extremismo descontrolado.
Según un informe publicado por el diario hebreo y difundido por la agencia palestina Ma’an en octubre de 2025, la actividad de este grupo terrorista representa una fase cualitativa en la escalada de la violencia de los colonos. Las colinas situadas entre Nablus y Ramala y al sur de Hebrón se han convertido en puntos de combustión permanente, donde se gestionan enfrentamientos contra los agricultores palestinos con el apoyo indirecto de las fuerzas de ocupación desplegadas en esas zonas.

Las organizaciones terroristas extremistas de colonos en las colinas palestinas
1) Las bandas “Price-Tag” (Precio a Pagar)
Estas bandas extremistas surgieron alrededor del año 2008 como una táctica de represalia ejercida por colonos extremistas contra los palestinos, como reacción a la demolición de asentamientos ilegales o a decisiones gubernamentales israelíes que consideran un obstáculo para el proyecto de colonización.
Estas bandas recurren a actos de sabotaje deliberado que incluyen incendiar olivos y cultivos, destruir propiedades, profanar lugares de culto, mezquitas e iglesias, y escribir consignas racistas en las paredes. Sus ataques se llevan a cabo normalmente durante la noche o al amanecer, acompañados de la firma característica “Price Tag”, convirtiendo cada agresión en una señal provocadora evidente que indica un patrón repetitivo y continuo de violencia sistemática.
2) La organización “Jóvenes de las Colinas”
Esta organización surgió entre 1999 y 2000; es un movimiento juvenil de colonos extremistas conocido por establecer asentamientos improvisados en las cimas de las colinas y por actuar fuera del marco legal oficial. Su ideología oscila entre el extremismo religioso y nacionalista, con vínculos históricos con algunas facciones kahanistas.
A pesar del carácter desorganizado de estas bandas y la ausencia de un liderazgo central claro, poseen un núcleo duro de elementos violentos que participan regularmente en actos de vandalismo y redadas contra palestinos. Con frecuencia toman parte en ataques firmados bajo el sello de Price Tag. Informes de organizaciones de derechos humanos han confirmado la implicación de estos grupos en incendios y agresiones individuales sistemáticas, convirtiéndolos en el brazo operativo más peligroso del sistema de violencia organizada de los colonos en Cisjordania, lo que llevó al Departamento del Tesoro estadounidense a incluirlos en la lista de sanciones el 1 de octubre de 2024.
3) “Chicas de las Colinas” – Hilltop Girls
Estas bandas femeninas constituyen una extensión o versión paralela de los Jóvenes de las Colinas, aunque a veces presentan cierto grado de independencia organizativa. Las chicas adoptan la misma ideología y los mismos patrones de comportamiento hostil: vivir en las colinas, movilización sobre el terreno y participación en actos de robo o acoso a agricultores, encubriendo sus actividades bajo lo que denominan tareas agrícolas.
En los últimos días, informes mediáticos y videos en redes sociales han documentado su participación en actos de vandalismo y robo de cultivos y propiedades, lo que refleja un papel creciente de las mujeres en la violencia ejercida por los colonos dentro de estas organizaciones juveniles.
4) “Bárbaros de las Colinas” – Hilltop Beasts
Un término mediático reciente adoptado por medios hebreos como Ynet y Yediot Aharonot en octubre de 2025 para describir a grupos juveniles aún más extremistas y violentos en las colinas, caracterizados como agrupaciones descontroladas y peligrosas.
Entre sus acciones documentadas figuran disparos, incendios de cultivos, viviendas y vehículos, agresiones a agricultores, y ataques nocturnos recurrentes contra aldeas y comunidades palestinas aisladas. Estas bandas representan el grado más extremo de violencia no oficial de los colonos, liderando ataques terroristas cuasi organizados contra civiles palestinos, ante los cuales la ley suele mostrarse incapaz de responsabilizarlos de manera efectiva.

Apoyo y cobertura: protección sobre el terreno, patrocinio político y financiación organizada
Aunque los sucesivos gobiernos israelíes han declarado que los asentamientos establecidos sin permisos oficiales son considerados ilegales, la realidad sobre el terreno revela un sistema de protección efectiva proporcionado por la institución militar a esos enclaves.
Según un informe publicado por la organización de derechos humanos B’Tselem en marzo de 2024, los soldados israelíes se encuentran con frecuencia cerca de los lugares donde los colonos llevan a cabo agresiones contra palestinos, limitándose a observar sin intervenir para prevenirlas o responsabilizar a los agresores. La organización documenta incluso que el ejército detiene en algunos casos a los propios palestinos bajo el pretexto de “alteración del orden”, mientras los colonos atacantes se retiran sin ser interrogados ni perseguidos legalmente.
En el plano político, estos grupos extremistas, especialmente los Jóvenes de las Colinas y las Granjas de las Colinas, reciben un apoyo explícito de los líderes de la derecha religiosa extremista en Israel. El partido Sionismo Religioso, encabezado por Bezalel Smotrich, y el partido Otzma Yehudit (Poder Judío), liderado por Itamar Ben Gvir, promueven un discurso que llama a la colonización en todas partes, incluyendo la legalización de los asentamientos improvisados creados por los Jóvenes de las Colinas.
Smotrich, en su calidad de ministro de Finanzas y responsable de la Administración Civil en Cisjordania, ha desviado presupuestos gubernamentales para desarrollar infraestructura y servicios en esos enclaves, como carreteras, agua y electricidad, un paso que observadores consideran una legitimación de facto del asentamiento ilegal.
A esto se suma la llamada del ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, a los israelíes para portar armas “en todas partes”, lo que agrava aún más la situación. Durante los dos últimos años, Ben Gvir ha supervisado el armamento de decenas de miles de colonos mediante facilidades excepcionales para la obtención de licencias de armas. Cuando un ministro israelí lanza esta invitación en un entorno como Cisjordania, no significa tanto reforzar la seguridad como convertir a cada colono en una fuerza armada independiente, capaz de ejercer violencia y terrorismo sin freno institucional.
En cuanto a la financiación privada, investigaciones hebreas e internacionales señalan que asociaciones judías de derecha en Estados Unidos y Europa financian directa o indirectamente proyectos agrícolas conocidos como “granjas bíblicas”, que en realidad constituyen un encubrimiento para apropiarse de tierras palestinas bajo el lema de “revivir la agricultura bíblica en la tierra de los antepasados”.
Entre las entidades financiadoras mencionadas en informes de Haaretz y Times of Israel se encuentran:
La fundación Regavim, cercana a Smotrich, que coordina actividades de defensa legal de colonos en asentamientos no autorizados.
La organización Amana, que gestiona varios proyectos agrícolas en Cisjordania y es considerada el brazo ejecutivo del movimiento de colonización Gush Emunim; además, figura en la lista de sanciones estadounidenses.
Organizaciones benéficas en Estados Unidos, como Central Fund of Israel y Hebron Fund, acusadas de financiar infraestructura y equipos para granjas establecidas en tierras palestinas privadas (3).
En conclusión, estos grupos terroristas no actúan en el vacío, sino que operan dentro de una red de apoyo tridimensional, lo que los convierte en una herramienta no oficial de la política de expansión de los asentamientos destinada a imponer el control israelí total sobre las áreas “C” de Cisjordania. Las tres dimensiones son:
Protección sobre el terreno por parte del ejército israelí.
Cobertura política de los partidos de la derecha religiosa extremista.
Financiación privada y religiosa procedente de asociaciones judías en el extranjero.
Apuntar a los palestinos: desde la quema hasta el desplazamiento
Los ataques atribuidos a las organizaciones terroristas como los Jóvenes de las Colinas, los asentamientos de las colinas y los Bárbaros/Bestias de las Colinas no son simples incidentes aislados, sino un patrón sistemático y recurrente que incluye sabotaje, agresiones físicas y procesos de desplazamiento forzoso:
• Agresiones físicas y disparos:
La organización al-Baidar ha documentado decenas de casos en los que ciudadanos, incluidos niños y mujeres, fueron víctimas de agresiones físicas directas por parte de soldados y colonos. También se documentaron incidentes de disparos reales y directos contra civiles, que provocaron heridas de diversa gravedad y el martirio de varios ciudadanos. Estas agresiones coincidieron con actos de intimidación sistemática y amenazas a los civiles dentro de sus hogares y tierras agrícolas.
• Quema y vandalización de olivos y cultivos:
La organización al-Baidar documentó incendios extensos en tierras de aldeas como Turmus Ayya, al noreste de Ramala, donde colonos incendiaron viñedos de olivos e impidieron a los agricultores acceder a sus tierras. Estos incidentes también fueron reportados por medios locales e internacionales con documentación visual, y confirmados en informes de OCHA como parte del seguimiento de los ataques de colonos contra tierras palestinas.
• Incendio de propiedades e irrupciones en aldeas:
Varias aldeas palestinas han sido objeto de ataques repetidos que incluyeron la quema de viviendas y vehículos, el apedreamiento de residentes y enfrentamientos nocturnos con colonos enmascarados, el más reciente de ellos el incendio de la fábrica y los vehículos de la familia al-Janidi en la aldea de Beit Lid. Informes de B’Tselem y datos de Yesh Din mostraron la ausencia de intervención militar efectiva y la inexistencia de responsabilidad judicial, lo que convierte estos ataques en parte de una política de hechos consumados sobre el terreno.
• Agresiones físicas contra agricultores y pastores y prohibición de acceso a sus tierras:
La organización al-Baidar documentó casos de agresiones físicas, robos, envenenamiento de ganado, sabotaje de redes de riego, quema de equipos agrícolas y colmenas, así como la destrucción de paneles solares y tanques de agua. Todo ello contribuyó a vaciar las tierras de sus propietarios y profundizó la crisis económica en las aldeas agrícolas y beduinas.
• Establecimiento de puestos pastoriles y tiendas armadas para declararlas posteriormente como “tierras del Estado”:
Este patrón de colonización pastoril, documentado con precisión por la organización al-Baidar en el Valle del Jordán y otras zonas, incluye la instalación de tiendas, caravanas y equipos agrícolas en tierras tradicionalmente utilizadas por comunidades beduinas para el pastoreo, acompañadas de hostigamientos hasta forzar a los residentes palestinos a marcharse.
• Desplazamiento forzoso de comunidades beduinas y agrícolas:
La organización al-Baidar registró el desplazamiento de miles de residentes beduinos y comunidades rurales debido a amenazas, ataques nocturnos y confiscaciones. Informes de OCHA y UNICEF mostraron que el número de palestinos que han perdido el acceso a sus viviendas y tierras desde finales de 2023 hasta 2025 superó varios miles, con un aumento récord en incidentes de violencia y apropiación de tierras.
Impacto sobre el terreno y la realidad palestina: cambios tangibles y desgaste progresivo
Las organizaciones terroristas, los Jóvenes de las Colinas, Price-Tag y sus ramas como las Chicas de las Colinas, además de los grupos conocidos como Bestias de las Colinas, desempeñan un papel activo en redefinir los mapas sobre el terreno en Cisjordania, de una manera que supera el simple asentamiento tradicional o la actividad agrícola. Tras cada ola de agresiones, la realidad palestina experimenta una serie de transformaciones concretas:
Confiscación gradual de tierras:
Las familias palestinas son privadas del acceso a sus tierras después de los ataques, incluidos incendios de olivos, destrucción de cultivos o la instalación de tiendas de colonos o barreras militares que impiden el regreso. En muchos casos, las tierras confiscadas se convierten rápidamente en granjas pastoriles o pequeños puntos religiosos administrados por colonos, antes de evolucionar en pocos meses hacia asentamientos permanentes conectados posteriormente con la red de colonias más grandes, consolidando así el control de facto sin ninguna decisión oficial o legislación gubernamental anunciada.
Empobrecimiento de las aldeas agrícolas palestinas:
Impedir que los palestinos accedan a sus tierras supone la pérdida de su principal fuente de subsistencia, ya sea mediante la quema de cultivos o la destrucción de infraestructura agrícola. Muchas aldeas palestinas como Turmus Ayya, Deir Dibwan, Burin, Silwad, Farkha y Kifl Haris han experimentado una disminución en la producción de aceitunas y cultivos anuales, lo que ha exacerbado la crisis de pobreza y ha incrementado el desplazamiento gradual de la población hacia áreas más seguras.
Conversión de las colinas palestinas en zonas cerradas:
Con el tiempo, las colinas ubicadas entre Nablus, Ramala, Jerusalén y el sur de Hebrón se convierten en áreas cerradas bajo control de los colonos, con puntos de vigilancia y tiendas armadas, mientras se prohíbe a los residentes locales transitar o realizar actividades agrícolas. Este control sobre el terreno vuelve las tierras inutilizables para los palestinos, reproduciendo un nuevo reparto demográfico y económico que sirve a los objetivos de expansión de los asentamientos.
Legitimación del hecho consumado mediante el discurso oficial:
En el discurso israelí, estas tierras y áreas suelen presentarse como zonas en disputa o sin soberanía definida, mientras que la realidad sobre el terreno muestra que los grupos armados israelíes no oficiales se han convertido en la herramienta más eficaz para afianzar el control sobre tierras palestinas y construir una red de puntos permanentes que refuerzan el asentamiento ilegal de manera sistemática, en consonancia con los planes de expansión en las áreas “C” de Cisjordania.
En consecuencia, las acciones de estas organizaciones extremistas y armadas no afectan únicamente al individuo, la aldea o la comunidad palestina, sea agrícola o pastoril, sino que producen transformaciones estratégicas sobre el terreno que redefinen los mapas agrícolas y demográficos, estableciendo una hegemonía a largo plazo sobre vastas zonas de las colinas palestinas bajo el pretexto de la actividad agrícola y religiosa, en ausencia de cualquier rendición de cuentas legal efectiva.

Violencia no oficial dentro de un marco político oficial
El fenómeno de los Jóvenes de las Colinas y las bandas derivadas de ellos, incluidas las Bestias de las Colinas, representa un cambio cualitativo peligroso en la naturaleza del asentamiento israelí en Cisjordania, convirtiéndose en una herramienta práctica para reforzar el control israelí e imponer una realidad sobre el terreno con características similares a una política de limpieza gradual destinada a desplazar a los habitantes palestinos propietarios de la tierra y redibujar el mapa demográfico.
Informes de organizaciones de derechos humanos israelíes e internacionales como B’Tselem y Yesh Din señalan que el ejército israelí no solo observa en silencio en ocasiones, sino que se convierte en un actor activo en la consolidación del control. En numerosos incidentes sobre el terreno, los soldados protegen a los colonos mientras estos ejecutan ataques contra agricultores palestinos, o hacen la vista gorda ante el sabotaje de tierras. En otros casos, el ejército detiene al palestino que intenta proteger su tierra, mientras los colonos se retiran sin rendir cuentas, convirtiendo así la violencia individual o colectiva en una política de hecho consumado.
Esta cobertura militar proporciona legitimidad implícita al patrón de violencia no oficial y refuerza la capacidad de los colonos para convertir tierras palestinas privadas en asentamientos permanentes, o en granjas pastoriles y puntos religiosos que posteriormente se conectan con la red más amplia de colonias.
Desde el punto de vista estratégico, estas bandas funcionan como un brazo no oficial del Estado ocupante, ejecutando los objetivos de expansión de los asentamientos sobre el terreno sin necesidad de pasar por decisiones legales formales, lo que refleja una transformación del asentamiento: de un proyecto residencial a una herramienta de presión y apropiación territorial.
Por lo tanto, la violencia ejercida por los Jóvenes de las Colinas y las bandas de las Bestias de las Colinas no constituye simplemente agresiones individuales o actos aislados de vandalismo, sino parte de un mecanismo sistemático para redefinir el control sobre la tierra palestina, paralelo a una cobertura política y militar indirecta, lo que los convierte en una herramienta no oficial para lograr los objetivos del Estado colonizador y sienta las bases para un cambio demográfico y estratégico a largo plazo en Cisjordania.
Violación de los derechos humanos
Los ataques recurrentes llevados a cabo por organizaciones terroristas armadas como los Jóvenes de las Colinas, Price-Tag y las Bestias de las Colinas constituyen actos hostiles dirigidos de manera explícita contra civiles palestinos, lo cual está prohibido por el derecho internacional humanitario según el Cuarto Convenio de Ginebra, que garantiza la protección de los civiles y los bienes civiles en los territorios ocupados.
El hecho de que estas bandas apunten a los agricultores mientras trabajan, así como a las propiedades agrícolas, viviendas e infraestructura básica, se clasifica como crímenes de guerra dentro del contexto de la ocupación. La responsabilidad por estas violaciones recae en todos los involucrados, ya sea mediante participación directa, apoyo o tolerancia. La frecuencia regular de estos ataques indica un patrón sistemático de violencia organizada que no puede interpretarse como incidentes aislados, lo que destaca la responsabilidad jurídica y política del Estado de Israel de proteger a la población civil palestina bajo ocupación.
En cuanto a los derechos humanos, los palestinos que viven en las zonas objeto de ataques sufren una amenaza continua a sus derechos fundamentales. Estas amenazas incluyen el derecho a la vida y a la seguridad personal, ya que los ataques nocturnos y las agresiones físicas siembran el terror entre los residentes y provocan daños físicos y psicológicos recurrentes. Asimismo, sus derechos a la propiedad y a la libre circulación se ven afectados, ya que la quema de campos, la destrucción de bienes agrícolas y la toma de tiendas y viviendas minan su capacidad de ganarse la vida y restringen su movilidad. Estas violaciones representan un incumplimiento flagrante de los tratados internacionales de derechos humanos, incluido el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y reflejan una brecha en la aplicación de la ley, pues a menudo estos grupos extremistas quedan impunes y no son procesados de manera seria.
A nivel internacional, la persistencia de estas violaciones tiene amplias repercusiones. Genera críticas diplomáticas frecuentes y aumenta la presión sobre las organizaciones internacionales de derechos humanos para exigir al gobierno israelí garantizar la protección de los civiles palestinos. También constituye un gran obstáculo para cualquier negociación política futura, al debilitar la confianza entre las partes e incrementar la dificultad de alcanzar una solución pacífica duradera. Además, estas violaciones perpetúan una situación de impunidad sobre el terreno, consolidando un ambiente de tensión permanente e inestabilidad regional, y complicando los esfuerzos de la comunidad internacional para imponer el respeto del derecho internacional y proteger los derechos humanos.

Conclusión: entre la violación sistemática de la ley y la necesidad de intervención internacional
Mientras Israel procura presentarse ante la comunidad internacional como un Estado que respeta la ley y los derechos humanos, la realidad en Cisjordania muestra la existencia de entidades extremistas que operan bajo una cobertura oficial y efectiva, como las bandas de las Bestias de las Colinas, que representan una extensión de prácticas juveniles extremistas presentes desde hace décadas dentro de lo que se conoce como los Jóvenes de las Colinas.
Estas bandas no se limitan a agredir físicamente a los palestinos, sino que se apropian de sus tierras, desplazan comunidades enteras y privan a los habitantes de sus recursos agrícolas, lo que constituye una violación flagrante de las leyes internacionales, incluyendo el Cuarto Convenio de Ginebra, que prohíbe la confiscación de bienes civiles bajo ocupación y el desplazamiento forzoso, así como el derecho internacional de los derechos humanos, que garantiza el derecho a la vida, la vivienda, la movilidad y el trabajo.
La complicidad del gobierno israelí o su silencio oficial, junto con la protección del ejército a los colonos, convierte estas violaciones en parte de una política sistemática que transforma la violencia individual en una herramienta para cambiar los hechos sobre el terreno e imponer una política de anexión gradual no declarada. A través de estas prácticas, los objetivos de expansión de los asentamientos se materializan sin decisiones oficiales ni negociaciones, sino mediante la quema de olivos, la destrucción de viviendas palestinas y el desplazamiento de poblaciones.
De aquí surge la urgencia y necesidad de una intervención internacional:
• Para garantizar la protección de los civiles palestinos en sus tierras y preservar sus vidas y propiedades.
• Para responsabilizar a los ejecutores y a quienes apoyan estos actos en los niveles militar y político.
• Para restablecer el respeto al derecho internacional y detener la impunidad que refuerza los asentamientos ilegales y destruye el tejido social y económico palestino.
En resumen, el fenómeno de las Bestias de las Colinas y grupos similares no constituye simples disturbios o violencia esporádica, sino una herramienta terrorista organizada para cambiar la realidad sobre el terreno por la fuerza, bajo un paraguas oficial dentro de la política estatal. Representa una violación clara y continua del derecho internacional y de los derechos humanos, y requiere que la comunidad internacional actúe de manera efectiva para detenerla antes de que amplias zonas de Cisjordania se conviertan en un estado permanente de ocupación ilegal y desplazamiento forzoso.
Dr. Rasem Bisharat es Doctor en Estudios de Asia Occidental y Comisionado de Relaciones Exteriores de la organización Al-Baidar para la defensa de los beduinos y las aldeas afectadas
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