Resumen Latinoamericano on 21 noviembre, 2025

Por Renata Aguilar / Resumen Latinoamericano, 21 de noviembre de 2025.
En la línea de ensamblaje de Motorcar Parts México, en Tijuana, Baja California,
Sandra Corral dejó caer una pieza de ensamble. Un quejido de dolor se escucha a
la par del sonido del metal contra el suelo. Sandra no puede mover los dedos
adormecidos por los calambres. Un mes después sigue pagando el precio del
desgaste que provoca la producción automotriz.
Sandra Corral, de 52 años, es una trabajadora de Motorcar Parts México, una
empresa de la rama automotriz ubicada en la ciudad fronteriza de Tijuana. Ella
ensamblaba pistones cuando un calambre intenso le impidió continuar su labor.
Dijo que tuvo que irse caminando a la clínica del seguro, porque en la empresa
solo la iban a llevar a una clínica particular y eso no le garantizaba la incapacidad.
“Me fui caminando al seguro con un dolor insoportable en la muñeca, no podía
cerrar los dedos”.
En el seguro le diagnosticaron tendonitis, una lesión que afecta al tendón de un
músculo y provoca su inflamación o degeneración. Esta lesión es muy común en
los y las trabajadoras de la industria automotriz. “El dolor fue tan horrible que
llegué con la presión alta y no me bajó hasta otro día”.
Sandra recuerda que la presión arterial se le disparó por el dolor. Aun así, tuvo
que desplazarse sola al hospital. Nos dijo que después tuvo que hacer una cita
médica con el traumatólogo para que valorara la lesión y le dieran la incapacidad.
“Fue un proceso muy cansado. Ellos saben que la lesión ocurrió en la línea de
producción, pero te hacen dar muchas vueltas, realmente no te quieren dar
incapacidad alguna”.
Sandra estuvo 28 días incapacitada, pero sin salario. De ahí que haya recurrido a
solicitar un préstamo. “Tuve que pedir un préstamo al banco de 13 mil pesos para
poder salir el mes. No había de otra, ¿qué iba a comer?, ¿tacos de aire?” Expresó
indignada.
Nos comenta que después de mucha burocracia le dieron el pago que le
correspondía. Antes solicitó ayuda al sindicato para que la apoyaran, pero se
mostraron indiferentes.
Sandra ya no ensambla más pues el diagnóstico de tendonitis se lo impide. Ha
sido reubicada al área de tornillería. No obstante, su salud sigue siendo impactada
por el proceso de producción, esto debido al control que los supervisores tienen
sobre las idas al baño, otro hecho común y degradante para la salud de las
trabajadoras en las cadenas de producción automotrices. “Son 10 minutos los que
tenemos para ir al baño, pero son los que nos tardamos en llegar a esa área”.
Esta situación les provoca infecciones urinarias ya que retrasan tanto como
pueden las salidas al baño, lo que hace que la orina se acumule y distienda los
músculos de la vejiga. Con el tiempo, esto provoca retención urinaria y da más
tiempo a las bacterias para multiplicarse, aumentando las infecciones del tracto
urinario. “Nos aguantamos las ganas de ir a orinar, porque si vamos mucho nos
amonestan. Igual si nos tardamos de más”.
Nos explicó que el prolapso uterino es otra de las complicaciones que tienen
algunas de sus compañeras. Este es un desplazamiento de la matriz del útero
sobre el área vaginal. Ocurre cuando los tejidos y músculos del suelo pélvico de
debilitan. Una de las causas más comunes es levantar objetos pesados. Las
infecciones urinarias si bien no son causa del prolapso uterino, lo agravan cuando
existe.
“Sarita, una compañera de 60 años con un grave prolapso uterino, prácticamente
anda con la vejiga de fuera. Lo peor es que sigue trabajando en ensamblaje. Ya la
operaron, pero la malla que le pusieron no quedó bien y sigue igual que antes que
la operaran.”
En ensamblaje levantan objetos pesados lo que es muy pernicioso para alguien
que ya tiene prolapso, no obstante, nos dice Sandra, que Sarita continúa en esa
área porque en la clínica tuvieron un error al especificar el padecimiento en papel.
Por otro lado, Andrea, trabajadora del área de almacén, también tuvo un accidente
laboral. Nos cuenta. “Al cargar una caja me lastimé la cadera. El dolor fue muy
fuerte y no pude continuar trabajando, tuve que ir al médico”.
Si bien a Andrea le dieron la incapacidad por una semana, no lo calificaron como
accidente laboral. “Yo les dije que fue cargando una caja en el almacén, pero es
como si no te escucharan”.
Cabe destacar que, en 2024, Baja California registró 27 mil 927 accidentes y
enfermedades laborales colocándose como el quinto estado con el mayor número
de riesgos de trabajo. Según datos del Instituto Mexicano del Seguro Social.
La empresa
Motorcar Parts México es integrante de Motorcar Part of America, Inc., una
empresa especializada en remanufactura y fabricación de componentes eléctricos
y de freno para automóviles, líder en el mercado mundial. Su sede central se ubica
en California, Estados Unidos, y también cuenta con instalaciones en Malasia,
Singapur y Shanghái. Sus ingresos anuales superan los 700 millones de dólares y
más del 70% de su producción proviene de México.
La planta en Tijuana se encuentra entre las instalaciones de remanufactura de
arrancadores y alternadores más nuevas y sofisticadas del mundo. Con más de
310 mil pies cuadrados y más de mil empleados, tiene capacidad para producir 8.8
millones de unidades al año. Su ubicación fronteriza le permite exportar fácilmente
a EE. UU., pagar salarios menores que en el país vecino y tener el control directo
de la sede central.
Lo anterior debería significar mejores salarios y mejores condiciones laborales de
la clase obrera de Motorcar Parts, pero los testimonios recogidos evidencian lo
contrario.
Las tres trabajadoras entrevistadas ganan apenas 394 pesos diarios, incluso por
debajo del salario mínimo diario de la frontera norte, que es de 420 pesos, de
acuerdo con la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI).
En contraste, el director ejecutivo de Motorcar Parts of América gana más de 2.5
millones de dólares al año, según informó la Federación Estadounidense del
Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO). Los directivos de
las otras plantas alrededor del mundo tienen salarios similares. “Ni siquiera nos
dan buenos bonos. A mi jefe si le dieron 100 mil de fin de año y al encargado 200
mil. A nosotros que somos quienes sacamos la carrilla ni posada nos hacen”.
Lamenta Andrea.
El sindicato
El Sindicato Unidos con México Moderno (SUCOMM) es quien tiene el Contrato
Colectivo de Trabajo (CCT) con la empresa. Su secretario general es Javier
Merino. El pasado 25 de junio revisaron el CCT, pero la mayoría de los
trabajadores ni se enteró.
Antes del SUCOMM, quien administraba el CCT era el Sindicato “Nueva Cultura
Laboral” de Trabajadores de la Fabricación, Manufactura, Ensamble de Partes y
Componentes de la Industria Automotriz de Baja California, cuyo secretario
general también es Javier Merino.
De modo que el mismo dirigente aparece como secretario general de ambos
sindicatos lo que evidencia un simple cambio de nombre, es decir, una fachada
renovada para seguir manteniendo el control y seguir siendo aceptado por las y
los trabajadores, aunque éstos ni lo conozcan. “A los del sindicato ni los
conocemos, solo cuando hay que firmar algo se aparece algún representante,
pero para otras cosas nunca están presentes”. Nos dijo Andrea.
Este tipo de maniobras sindicales son comunes en las empresas mexicanas pues
permiten tener el control patronal con la apariencia de “representación obrera”.
Divide y vencerás
Una práctica socorrida de los empresarios con apoyo del sindicato es crear
división interna entre las y los trabajadores para que estos no se unan y organicen
por mejores condiciones laborales. “En cada área tienen a sus favoritos a quienes
sí les dan permisos, les permiten llegar tarde y no los presionan”. Lo cual genera
división interna y enemistades entre las y los trabajadores. La unión y organización
son indispensables, pero la empresa es algo que desalienta.
“Ni siquiera les gusta que convivamos. Antes festejábamos los cumpleaños y así
nos organizábamos, convivíamos y nos contábamos nuestras penas, ahora no nos
dejan.” Expresó Sandra.
Esta táctica, inofensiva en apariencia, es sumamente funcional al capital, pues le
permite que los trabajadores se dividan y no reconozcan el potencial de su fuerza
como clase.
La lógica del capital
Así, el capital, aquí representado por Motorcar Parts México, no solo desgasta la
salud de los trabajadores, sino que también desarticula su capacidad de
reconocerse como fuerza colectiva.
El control férreo que impera en la producción, desde las restricciones para ir al
baño y la vigilancia constante, hasta los sindicatos de protección, son parte de un
conjunto de mecanismos de dominación para extraer tanta plusvalía les sea
posible sin importar el desgaste físico y mental de las y los trabajadores. Ya dijo
Marx, “El capital es trabajo muerto que no sabe alimentarse, como los vampiros,
más que chupando trabajo vivo, y que vive más cuanto más trabajo chupa”.
Así, el capital no reconoce límites. Su lógica lo impulsa a expandirse a costa de la
vida misma de la clase obrera, así que la miseria y la degradación de la salud de
los y las trabajadoras al interior de las fábricas no son meros accidentes, son parte
inherente del proceso de acumulación capitalista.
Frente a esta realidad la única forma de que nuestro trabajo sea digno y liberador
es cambiar el sistema económico. La clase obrera, consciente de su fuerza, debe
ponerse a la cabeza de los sindicatos, formar una central obrera única a nivel
nacional que unifique sus luchas y, desde ahí, avanzar en la lucha por el poder
político para transformar de raíz el sistema que hoy nos explota.
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