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lunes, 6 de febrero de 2012

Panamá: la lucha del pueblo Ngabe-Buglé contra mineras e hidroeléctricas

Panamá: la lucha del pueblo Ngabe-Buglé contra mineras e hidroeléctricas
Repudio generalizado a represión del gobierno panameño contra el pueblo Ngabe-Buglé y contra los intereses mineros en Panamá.
Panamá: la lucha del pueblo Ngabe-Buglé contra mineras e hidroeléctricas
Por Olmedo Beluche
Al menos un asesinado, el compañero Jerónimo Rodríguez Tugrí, podrían ser más, decenas de heridos, centenares de detenidos, la imposición no declarada del estado de sitio en la zona, incluyendo el corte de las comunicaciones, ha sido el costo impuesto por  el gobierno de Ricardo Martinelli para despejar la vía Interamericana, bloqueada en varios lugares durante seis días por miles de habitantes de la comarca Ngabe-Buglé, en la República de Panamá. La demanda que moviliza al pueblo Ngabe-Buglé, dirigido por un organismo asambleario, la Coordinadora de Lucha, cuyos principales dirigentes son Rogelio Montezuma y la cacique comarcal Silvia Carrera, consiste en exigir la prohibición de la explotación minera y la construcción de nuevas hidroeléctricas en su comarca.
500 años de lucha contra el saqueo minero
El pueblo Ngabe-Buglé viene luchando desde el momento mismo de la Conquista contra los colonizadores ávidos de sus riquezas minerales. Cronistas como el padre De las Casas narran que el propio Cristóbal Colón en su cuarto viaje llegó a la vertiente caribeña de las actuales provincias de Veraguas y Bocas del Toro, donde habitaban, y siguen habitando, los miembros de esta etnia. Los europeos se impresionaron por el oro que portaban y Colón decidió establecer la primera colonia en Tierra Firme, Santa María de Belén, a orillas de la desembocadura del río Belén o Yebrá, como le llamaban sus habitantes originarios. Ante la violencia del despojo que intentaron, incluso secuestrándolo, el mítico cacique Quibián se fugó y organizó una liga de tribus contra los españoles, destruyendo Belén e hiriendo al propio hermano del almirante, Bartolomé Colón, en 1503.
En 1520-27, otros conquistadores como Gaspar de Espinosa y Pedrarias Dávila fueron derrotados por el legendario cacique Urracá,  en sus intentos de posesionarse sobre las minas de oro de Veraguas. Urracá los mantuvo en jaque, y llegó a sitiar la ciudad colonial de Natá, en lo que se llamó “La batalla de las razas”.  La mayoría de las descripciones del genocidio de los españoles contra los indígenas de América, que relatara el padre De las Casas, se refieren a hechos ocurridos en el Istmo de Panamá. Aunque de esas crónicas salieron las “Leyes de Indias” que intentaban frenar el genocidio, los encomenderos hicieron poco caso de ellas.
A fines del siglo XIX, siendo Panamá parte de Colombia, los abusos de los terratenientes y la propia Iglesia continuaban, bajo la forma de impuestos como el diezmo y de arrebatarles arbitrariamente sus tierras para fincas ganaderas. Esto motivó que otro gran líder indígena, el general Victoriano Lorenzo, aprovechara la Guerra de los Mil Días (1899-1902), narrada tantas veces por García Márquez, para transformar las demandas liberales por democracia en una guerra campesino indígena contra los terratenientes blancos de Penonomé y Natá.  La insurrección fue total, logrando Victoriano el control de todo el interior del país, salvo la ciudad de Panamá, a la que los “marines” yanquis protegieron militarmente. Victoriano fue traicionado por liberales y conservadores, asesorados por Estados Unidos (Pacto del Acorazado Wisconsin), siendo fusilado poco antes de la imposición de los Tratados de 1903, que cuya consecuencia fue la separación de Colombia y la Zona del Canal.
Ngabe-Buglés la fuerza de trabajo agrícola
Los miembros de esta etnia, vulgarmente llamados por la élite gobernante “cholos” o “guamíes”, han sido por más de cien años la fuerza de trabajo barata para el sector agrícola panameño. Son la mano de obra esencial en las bananeras, en la zafra del azúcar y en la cosecha del café, también en la limítrofe Costa Rica donde emigran para trabajar. Pese a su importante aporte económico, reciben los peores salarios, a más de la discriminación racista. Hoy por hoy, según cifras oficiales son el grupo más pobre del país, entre quienes la pobreza sobrepasa el 90% y la pobreza extrema al 80% de sus habitantes. Mayormente habitan la cordillera del centro – occidente de Panamá, a donde fueron desplazados desde los llanos por la industria agrícola y ganadera. Ahora resulta que viven en cerros poco productivos para la agricultura, pero cargados de ricos yacimientos de cobre y oro codiciados por las transnacionales mineras.


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