Repudio generalizado a represión del gobierno panameño contra el
pueblo Ngabe-Buglé y contra los intereses mineros en Panamá.
Panamá: la lucha del pueblo Ngabe-Buglé contra mineras e hidroeléctricas
Por Olmedo Beluche
Al menos un asesinado, el compañero
Jerónimo Rodríguez Tugrí, podrían ser más, decenas de heridos,
centenares de detenidos, la imposición no declarada del estado de sitio
en la zona, incluyendo el corte de las comunicaciones, ha sido el costo
impuesto por el gobierno de Ricardo Martinelli para despejar la vía
Interamericana, bloqueada en varios lugares durante seis días por miles
de habitantes de la comarca Ngabe-Buglé, en la República de Panamá. La
demanda que moviliza al pueblo Ngabe-Buglé, dirigido por un organismo
asambleario, la Coordinadora de Lucha, cuyos principales dirigentes son
Rogelio Montezuma y la cacique comarcal Silvia Carrera, consiste en
exigir la prohibición de la explotación minera y la construcción de
nuevas hidroeléctricas en su comarca.
500 años de lucha contra el saqueo minero
El pueblo Ngabe-Buglé viene luchando
desde el momento mismo de la Conquista contra los colonizadores ávidos
de sus riquezas minerales. Cronistas como el padre De las Casas narran
que el propio Cristóbal Colón en su cuarto viaje llegó a la vertiente
caribeña de las actuales provincias de Veraguas y Bocas del Toro, donde
habitaban, y siguen habitando, los miembros de esta etnia. Los europeos
se impresionaron por el oro que portaban y Colón decidió establecer la
primera colonia en Tierra Firme, Santa María de Belén, a orillas de la
desembocadura del río Belén o Yebrá, como le llamaban sus habitantes
originarios. Ante la violencia del despojo que intentaron, incluso
secuestrándolo, el mítico cacique Quibián se fugó y organizó una liga de
tribus contra los españoles, destruyendo Belén e hiriendo al propio
hermano del almirante, Bartolomé Colón, en 1503.
En 1520-27, otros conquistadores como
Gaspar de Espinosa y Pedrarias Dávila fueron derrotados por el
legendario cacique Urracá, en sus intentos de posesionarse sobre las
minas de oro de Veraguas. Urracá los mantuvo en jaque, y llegó a sitiar
la ciudad colonial de Natá, en lo que se llamó “La batalla de las
razas”. La mayoría de las descripciones del genocidio de los españoles
contra los indígenas de América, que relatara el padre De las Casas, se
refieren a hechos ocurridos en el Istmo de Panamá. Aunque de esas
crónicas salieron las “Leyes de Indias” que intentaban frenar el
genocidio, los encomenderos hicieron poco caso de ellas.
A fines del siglo XIX, siendo Panamá
parte de Colombia, los abusos de los terratenientes y la propia Iglesia
continuaban, bajo la forma de impuestos como el diezmo y de arrebatarles
arbitrariamente sus tierras para fincas ganaderas. Esto motivó que otro
gran líder indígena, el general Victoriano Lorenzo, aprovechara la
Guerra de los Mil Días (1899-1902), narrada tantas veces por García
Márquez, para transformar las demandas liberales por democracia en una
guerra campesino indígena contra los terratenientes blancos de Penonomé y
Natá. La insurrección fue total, logrando Victoriano el control de
todo el interior del país, salvo la ciudad de Panamá, a la que los
“marines” yanquis protegieron militarmente. Victoriano fue traicionado
por liberales y conservadores, asesorados por Estados Unidos (Pacto del
Acorazado Wisconsin), siendo fusilado poco antes de la imposición de los
Tratados de 1903, que cuya consecuencia fue la separación de Colombia y
la Zona del Canal.
Ngabe-Buglés la fuerza de trabajo agrícola
Los miembros de esta etnia, vulgarmente
llamados por la élite gobernante “cholos” o “guamíes”, han sido por más
de cien años la fuerza de trabajo barata para el sector agrícola
panameño. Son la mano de obra esencial en las bananeras, en la zafra del
azúcar y en la cosecha del café, también en la limítrofe Costa Rica
donde emigran para trabajar. Pese a su importante aporte económico,
reciben los peores salarios, a más de la discriminación racista. Hoy por
hoy, según cifras oficiales son el grupo más pobre del país, entre
quienes la pobreza sobrepasa el 90% y la pobreza extrema al 80% de sus
habitantes. Mayormente habitan la cordillera del centro – occidente de
Panamá, a donde fueron desplazados desde los llanos por la industria
agrícola y ganadera. Ahora resulta que viven en cerros poco productivos
para la agricultura, pero cargados de ricos yacimientos de cobre y oro
codiciados por las transnacionales mineras.
Fuente-Leer más: Aquí
No hay comentarios:
Publicar un comentario